—Señor —dijo uno de sus hombres—. ¿Qué carajos? Styx subió las manos de sus muslos, y le sonrió. —Descuida, estoy bien. El hombre miró a Sierra darle vuelta al torso de Styx con las cadenas, y al final engancharle un candado con la única llave. —¿Qué hace? —le preguntó el hombre al tirar de su codo. Sierra se enfrentó al hombre, y Styx alzó la voz. —Por ahora, ella es la nueva jefa. El hombre apretó a Sierra y miró a Styx. —¿Perdió la cabeza? —Esta un poco floja, pero aun esta pegada a mi cuello, así que sigo siendo tu puto jefe —dijo elevando poco a poco la voz—. Confía en mí. No des falsas alarmas. Todo esta bien. El hombre miró a Sierra y sacudió su cuerpo. —Suéltela —ordenó batiendo su cabello—. Esta encadenado a un árbol, y quiero que lo suelte en este momento. Es una

