El sonido del chapoteo del agua despertó a Sierra. Su costilla dolía, al igual que el pecho. Styx quizá le fracturó el esternón por las compresiones, y se removió sobre la tierra mojada. Las hojas de la noche no eran como las anteriores, y se rompieron. No hicieron nada, sin embargo, la humedad de la cascada y la neblina de la noche las destrozaron. El fuego aun estaba encendido para mantener sus piernas calientes, y Sierra aclaró la visión. Estaba apenas amaneciendo. Los rayos naranjas del amanecer fueron iguales que los que observaron el beso la tarde anterior. Los árboles cerca se movían, y el sonido de la cascada era aterradora. La neblina era intoxicante cuando se sentó y estiró sus brazos. Todo su cuerpo dolía de una forma impresionante. Respiró profundo. Si algo le gustaba de la se

