141 | Yo elijo mi propio destino

3840 Palabras

Letty se apretó con fuerza el trozo de camiseta en la palma de la mano y respiró profundo. No había sentido nada. El tótem no se alzó del altar, no se abrió, no se iluminó. No sucedió nada. ¿Cómo saber que algo funcionó cuando el ser con el que trató no estaba? Solo le quedaba la esperanza y la poca fe que le quedaba en la humanidad. Esperaba que cumpliera con su parte del trato, y que no sucumbiera a la tentación de marcharse y dejarlas hundidas. —Espero que haya funcionado —susurró—. Confío en que sí. Cuando de sus pulmones brotó un suspiro, las puertas del salón se abrieron y dos de los esbirros de Slava aparecieron. Sacaron de inmediato las porras eléctricas y ella pegó la mano a su pecho. —¿Qué haces aquí? —preguntó uno de ellos—. ¡A tu celda! Letty se dejó llevar sin oponer re

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