44 | Quiero ser tu pervertida

2509 Palabras

Styx sonrió y su lengua se desplomó de nuevo contra su clítoris. Sierra cerró los ojos y dejó que el aliento volara lejos de ella, que su espíritu se elevara y que su cuerpo fuese un recipiente para la lengua y los dedos de Styx. El poco pudor que sentía, el miedo de que no fuese perfecta para él, que le encontrase defectos, o que su desnudez no fuese bien vista por Styx, quedó en el pasado cuando su lengua se metió entre sus muslos y sus manos apretaron sus nalgas. Sierra se dejó llevar. Dejó que su lengua escociera sus labios, sobre su clítoris y se raspara con la punta el centro de su clítoris. —Styx —jadeó ella cuando su espalda se arqueó. Styx achinó los ojos y miró su rostro entre el pico de sus pezones. Su pecho se alzaba y caía, y su cuerpo se estremecía con cada lengüetazo. El

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