Alexander estaba en la oficina junto a su tío Damián, quien notó que su sobrino parecía algo distraído. —¿Todo bien, Alex? —quiso saber, con una ceja levantada. Alexander suspiró y miró hacia su portátil. —Sí, solo que tengo mucho trabajo por hacer —admitió, tratando de restarle importancia. —Vamos, no te veo muy concentrado. ¿Qué te pasa realmente? —insistió Damián, preocupado. —Es solo que... hay demasiadas cosas en mi cabeza en este momento —confesó, frunciendo el ceño—. Me siento saturado. Damián se acercó un poco, intentando ser comprensivo. —Mira, deberías tomarte un respiro. A veces un pequeño descanso puede hacer la diferencia. Será bueno que pienses en eso —sugirió su tío. Alexander sacudió la cabeza. —No puedo hacer eso ahora. Hay plazos que cumplir y no puedo permitirme

