Alexander se movió rápidamente hacia la cocina, dejando a Lauren sentada en el sofá, temblando. La conmoción por el encuentro con Margaret aún la envolvía. Cuando él regresó, llevaba una taza de té caliente. —Aquí, tómalo. Te ayudará a relajarte —dijo Alexander, colocando la taza en las manos temblorosas de Lauren. Ella lo miró a los ojos, buscando sus grisáceos. —Gracias, Alexander. No sé qué habría hecho sin ti —susurró, sintiéndose un poco más segura con su presencia. Se sentaron en silencio. Lauren dio un sorbo al té, sintiendo el calor del líquido recorrer su cuerpo, pero no podía evitar que las lágrimas comenzaran a salir. —¿Por qué…? —empezó a decir, su voz quebrándose—. ¿Por qué siempre tiene que ser así? Margaret no debería haber tratado a Jake de esa manera. Él es solo un

