Un día después...
Esa misma noche, cuando Alexander regresó a la mansión después de una reunión de negocios, se encontró con una ausencia sospechosa. Al preguntar a la sirvienta, esta le informó que Lauren se había retirado a descansar temprano, sintiéndose indispuesta.
—¿Al menos ha cenado?
Matilda negó con la cabeza y se sintió apenada, ella también había intentado que la joven comiera algo, pero todo intento fue en vano y finalmente se había resignado, no quería tampoco obligarla.
—No, lo siento señor.
—Maldita sea. ¿Tienes idea de lo enfadado que estoy? Te pedí que la vigilaras muy bien y si no quería comer, pues obligala.
—Sí, tiene razón. Sinceramente comió solo un poco en el almuerzo. Aún así, sé qué debí ser más insistente y convencerla.
—Olvídalo —resopló —. Vuelve a tu labor.
Ella asintió y al poco tiempo se marchó.
Alexander resopló con desdén, no tenía que darle la mayor importancia a esa mujer, si en realidad quería morirse dejando de comer, pues era su problema. Subió a la habitación y entró sin llamar, encontrando a Lauren acurrucada en la cama, fingiendo estar dormida.
—Será mejor que te recuperes pronto —dijo en tono áspero—. Mañana te llevaré al médico si continúas enferma. Sin embargo, de todas maneras iremos para que al fin te implanten el anticonceptivo.
El recordatorio hizo que a Lauren se le revolviera el estómago ante esa perspectiva, pero se mantuvo en silencio, conteniendo las lágrimas hasta que Alexander se retiró.
Una vez que estuvo sola, se permitió dejar que las lágrimas rodaran por sus mejillas. Odiaba la situación, a sabiendas de que tenía que actuar rápidamente, ella estaba decidida a huir de una vez por todas porque la decisión de Alexander llevándola a la clínica para ponerle el anticonceptivo, sentenciaba para ella días infernales, noches llenas de pesadillas, porque él la tomaría y la haría suya cuántas veces quisiera.
—Te odio con todo mi corazón, pagarás por todo lo que me has hecho, te arrepentirás de tratarme así —escupió sin dejar de llorar.
Luego, a la cabeza de la joven vino la imagen de su madrastra, de su hermano Marcos que era una completa escoria como ella, solo extrañaba a su hermanito, su inocente Jack, que no tenía la culpa de nada en absoluto, aún así tenía que convivir con esas dos malas personas.
***
Alexander inclinó la copa de vino a sus labios, dio un largo sorbo mientras observaba más allá de la oscuridad que rodeaba toda la cocina, se quedó sentado mirando un punto fijo. Estaba hastiado del ajetreo diario, el estrés que sentía era insoportable.
Cuando estaba a punto de servirse un poco más del líquido carmesí, el teléfono sonó repetidas veces y tomó la llamada al ver que se trataba de su amigo Elijah Smith.
—¿Te dignas finalmente a tomar la llamada? no te imaginas los intentos que hice para comunicarme contigo el día de hoy, incluso llegué a considerar que estabas molesto conmigo.
Después de expresarle aquello, soltó una resonante carcajada.
—Elijah, sabes perfectamente que estos días están llenos de muchísimos pendientes, realmente estoy ocupado y por eso no te atendí la llamada, además sé que no sería nada importante lo que me dirías.
—¿No es importante hablar con tu mejor amigo? Eres un imbécil —aseguró fingiendo molestia —. Creí que seguías interesado en ver el nuevo edificio que te comenté la otra vez, lo están dejando en un buen precio y sería una oportunidad muy buena para que lo adquieras y luego hagas algo completamente innovador en ese lugar.
—De acuerdo, sé que para ti es una buena idea, en este momento no puedo ocuparme de más cosas estoy ocupándome de todos los asuntos de la compañía, no te olvides que ahora soy el presidente de Whitmore.
—Lo sé, por eso puedo proponerte que este proyecto sea algo de los dos, nos asociamos, sin embargo puedo ocuparme de todo para aligerar tu carga y te mantendría al tanto.
El susodicho se llevó una mano a la frente reflexionando, no era nada malo lo que le estaba proponiendo, aunque seguía teniendo dudas.
—Prometo que tomaré una decisión en unos días, necesito tiempo para pensar y finalmente decidirme.
—De acuerdo. Lo acepto. Oye, ¿cuando puedo ir a cenar a tu casa? Quiero ver a Lauren, ella realmente se miraba despampanante y hermosa el día de la boda. Me pregunté, ¿cómo puede mi amigo no ver lo que tiene frente a sus ojos? Ella es una mujer con la que cualquier hombre podría querer estar, entonces... ¿qué sucede contigo?
—No la elegí, no quería casarme, ella es tan diferente a la imagen que construí de mi futura esposa, no me agrada.
—¿Es porque es una oportunista? —soltó haciendo que el hombre resoplara ruidosamente.
—Gracias a este matrimonio, yo pude asumir la presidencia de Whitmore, pero la familia de Lauren obtuvo una propiedad y dinero. Ellos son más oportunistas, sin embargo Lauren también lo es, por eso aceptó casarse. ¿Por qué debería tenerle cariño y respeto a una cazafortunas como ella? Es absurdo, si no tienes nada más relevante que decir, colgaré.
—¡Espera! Ustedes dos lo han hecho, ¿no es así?
Alexander sabía a lo que su atrevido amigo se refería.
—No es de tu incumbencia. Adiós.
Antes de que Elijah pudiera decir otra cosa, la llamada finalizó.
Dejó el aparato sobre la isla de la cocina y se levantó con la botella en la mano, bebiendo directamente de la misma. Quería ahogarse en alcohol, beber a raudales sin importarle nada.
Al final, cayó rendido en la cama.
***
Durante la noche, Lauren se levantó sigilosamente y reunió todo el dinero en efectivo que pudo encontrar en la mansión. Guardó algunas pertenencias en una maleta y se preparó para huir de allí en cuanto tuviera la oportunidad. Sabía que sería un riesgo, pero no podía quedarse y ver cómo su vida se consumía lentamente.
Matilda esa noche ingresó a su habitación.
—¿Cómo va todo?
—Pude meter lo que voy a necesitar en una maleta pequeña, es la que llevarás a esa estación, yo estaré allí, lo prometo. Sé que no será fácil alejarme de Alexander, pero lo conseguiré —declaró.
—Solo quiero que esté bien, que nada malo le pase.
—No te preocupes, así será.
A la mañana siguiente, fingió sentirse mejor cuando Alexander le informó que la llevaría al médico. Una vez en el auto, Lauren aguardó con nerviosismo, cruzando los dedos para que la sirvienta hubiese cumplido con su parte del plan.
Cuando llegaron a la clínica, Alexander se dirigió al mostrador para hacer los trámites. Aprovechando ese momento, Lauren se escabulló del lugar, y corrió por las calles, alejándose a toda prisa de la clínica. Sabía que no tenía mucho tiempo antes de que Alexander se diera cuenta de su ausencia y la persiguiera.
Su corazón latía con fuerza durante el trayecto y llegó a pensar que acabaría desmayada por la falta de aire. sus pulmones le estaban rogando que parara, pero ella no podía rendirse. No sé daría por vencida.
Mientras corría, Lauren se abrió paso entre la gente, sintiéndose al mismo tiempo aterrorizada y liberada. Por fin había dado el primer paso para escapar de esta vida que la asfixiaba. Aunque no tenía claro a dónde ir, sólo sabía que debía mantener la distancia de él.
Cuando estuvo lo suficientemente lejos, Lauren se refugió en una pequeña cafetería, tratando de recuperar el aliento. Mientras bebía un té temblorosa, su mano volvió a su vientre. Ahora, más que nunca, tenía que encontrar la manera de liberarse, no sólo por ella, sino también por el ser que crecía dentro de ella.
En ese momento, recordó que debía ir a la estación y se dió prisa. Matilda le entregó una maleta y le aseguro que tenía que volver rápido a la mansión para no meterse en problemas.
Así que, Lauren le dio un abrazo y las gracias por apoyarla en aquel momento tal complicado.
—No te olvidaré, no olvidaré lo que hiciste por mí.
El llanto la sacudía ligeramente.