La batalla estalló en un rugido de garras y colmillos. Abigaíl, liberada de sus ataduras con una destreza que ningún enemigo esperaba, se lanzó al combate sin titubear. A su alrededor, la emboscada se había convertido en un campo de guerra. Los alfas de Kilian descendían como sombras sobre los Sangre Fría, dejando una estela de cuerpos y gritos a su paso. Nyra rugía en su interior, furiosa y salvaje, deseando tomar el control y protegerlas. Pero Abigaíl aún se aferraba a la razón, a la estrategia. Tenía que mantener la calma, no solo por ella, sino por los que la rodeaban. Atacó con precisión. Dos enemigos a la vez. Uno cayó bajo una patada giratoria; el otro, con un golpe limpio al cuello. No había lugar para la duda. Pero mientras su cuerpo respondía al entrenamiento, su mente... no e

