El sol se filtraba tímidamente entre las copas altas del bosque, teñido por la ceniza y el humo de la reciente emboscada. En el patio de entrenamiento del palacio, los guerreros repetían movimientos con precisión, pero Abigaíl no estaba concentrada en sus instrucciones. Su mirada se perdía más allá del horizonte, donde la tierra aún guardaba las huellas de la última batalla. Había repasado la emboscada junto al Gamma días atrás, analizando cada punto débil, cada maniobra. No necesitó mucho para reconocer las tácticas de combate. Las formaciones, las señales, el estilo… no eran propias de cualquier escuadrón salvaje. —Dylan… —murmuró, como si el nombre aún le supiera a traición. Lo supo en cuanto vio a los hombres de Dylan en combate. Él los había entrenado, moldeado con su estrategia. P

