Mientras el banquete avanzaba entre risas, brindis y conversaciones diplomáticas, un estruendo desgarró la tranquilidad del salón real. Un rugido lejano, seguido de gritos y el retumbar de pasos, sacudió el suelo bajo los pies de los invitados. La música se detuvo en seco y los sentidos de todos los licántropos presentes se agudizaron al instante. Kilian se puso de pie, con los ojos encendidos de ira y alerta. —¡Gabriel, Ian, conmigo! —rugió con voz de mando, su tono resonó con la autoridad de un verdadero rey. Los guardianes del trono reaccionaron de inmediato, colocándose a su lado. Antes de partir, Kilian miró a los cuatro alfas que custodiaban el área de seguridad alrededor del trono. —¡Quedaos con ella! ¡Protejan a su reina con su vida si es necesario! Los cuatro alfas, altos, po

