ASLAN Veo que su cuerpo desaparece en el primer piso en donde está nuestra habitación y solo es ahí cuando me enfrento a Bianchi, sintiendo la vena de mi frente a punto de estallar. —¿Acaso perdiste la puta cabeza?—gruño, mirándolo molesto—. ¿Qué mierda pasó con lo que estábamos hablando hace unos minutos en el despacho? ¿Es que no tienes palabra? Él sacude la cabeza, bajando la mirada. —Es mi hija. Intentaré llevármela cada vez que la vea. No puedes culparme. —¿Crees que vamos a hacerle algo? —Bueno, ya que lo dices, sí. Pienso que van a ponerla en mi contra. Es más... pienso que te casaste con ella con la puta intención de quedarte al frente de mi familia. Las estupideces que dice parecen no tener final. De verdad, oírlo despierta una risotada en mí que lo sorprende pues él es e

