Hudson nos lleva a un restaurante que no se encuentra muy lejos. Entre los dos puedo sentir un ambiente expectante. Que estemos compartiendo este almuerzo, no quiere decir que hemos solucionado nuestros problemas. Miro al frente cuando la amable camarera se retira con nuestro pedido. Me encuentro con los ojos de Hudson. —¿Cómo está, Eric? Sonrío al recordar a mi inquieto hijo. —Está divinamente insoportable —Hudson se ríe —Me sigue volviendo loca con sus juegos y le va muy bien en la escuela. —Me alegra escuchar eso. Eric es un niño con mucho talento y sé qué hará grandes cosas. Asiento. —Él, no lo dice. Pero, sé que sigue cada paso que das —confieso. —Fue difícil no verte. Pero, también me costó hacerme a la idea de que tampoco lo vería más. —Lo sé —susurró. Eric y Hudson hicie

