S E G U N D O .

1443 Palabras
Capítulo Segundo. Lara. Me quedo en la piscina hasta que la comida esta lista. Ya no tengo donde ocultarme, sentada en la mesa, con el maldito Kill frente a mi. Kill, el diminutivo le va como un guante. Asesino de hormonas, por sobrecalentamiento s****l. —Laritza, tu hermana me dijo que la estabas molestando. ¿Qué clase de lenguaje soez es ese?. Observo a mi madre, la copia de Jessica. Tiene el cabello rubio platino recogido en una corta coleta, el mismo azul oscuro que mi hermana, me mira con el ceño fruncido. Intentó buscar apoyo en mi padre, lo encuentro en la cabecera de la mesa, el rostro metido en el plato aún vacío. —Odio que me llames así. —Es tu nombre, no veo el problema. Savannah entrelaza sus dedos con los míos por debajo de la mesa, agradezco el apoyo. Después de todo somos amigas desde la niñez y he tenido la poca dicha de presenciar varios altercados en la casa. —Claro que no, porque tu no lo llevas. —Laritza… —Mi hermana, con 25 años, ¿No tiene voz para defenderse?. Clavó la mirada en Jessica, tiene los orbes como platos, Killian le pasa la mano por la espalda. Supongo que intentando borrar la fingida angustia, aprieto el cuchillo con fuerza, joder, que ganas de enterrarlo en alguna parte. —No seas grosera con tu hermana, pareces una niña malcriada haciendo un berrinche. – Chasquea la lengua con desagrados – Discúlpate, ahora. —Oh si claro, perdon hermanita por hablarte de follar, pensé que estabas más que familiarizada con el arte, desde hace unos…– Fingí contar con los dedos. — ¿Dos años?. Pánico crudo surco sus facciones, la mesa quedó en un silencio sepulcral. Dos años desde que se metió con Eric, la insinuación no le pasó por alto a nadie de la mesa, excepto a Killian. Mi madre me lanzo una mirada de muerte desde el otro lado, los dedos de Sav se apretaron en torno a los míos. —No sé de qué estás hablando. La voz de Jessica no es más que un susurro quebrado, preso de la angustia, ruedo los ojos, Killian me frunce el ceño. Mierda, lastime a su pobre mariposita, o al menos Jess finge tan bien que todos se lo tragan. —¿Quieres que te refresque la memoria?, no tengo ningún… —¡Laritza!. – La palma de mi madre impacto contra la madera, dejandonos tiesos en el lugar. —Creo que ya es suficiente alchol, para ti. Vete a tu habitación. Se estiro por encima de la mesa, arrebatandome el vaso de Martini, con demasiada fuerza para ser casual. —Mamá tengo veinte… No me dejo terminar, no cuando su siceo furioso me interrumpio. —En este momento, no eres bienvenida a la mesa. Rode los ojos, levantadome con rapidez. Lazando la cerbilleta de mi regaso encima de un plato aún vacío, y que al parecer continuaria así. —Vale, despúes de todo odio las farsas. No tube que mirar hacia atrás para saber que Savannah me seguia de cerca, por más que mi madre le protestara a seguir en la mesa. Ira pura corria por mi cuerpo, temblaba de píes a cabeza, queriendo salir fuera y girtiarle un par de verdades a las dos muejeres, aparte de mi, que se empeñaban en hacerme la vida miserable. —Laritza. Quede estancada en mil lugar, girandome con lentitud a la fuente hablante. Mi hermana, me lanzaba un ceño fruncido, tenia los puños apretados a los costados. Me gire, en medio del salon, Sav copeando mi accion. —Savannah, necesito hablar con mi hermana, a solas. Mi mejor amiga no le dedico ni una mirada. Antaño, solian llevarse de perlas, habian compartido más que un momento de felicidad. Pero despúes de lo de Eric…Sav no pudo perdonarle el dolor que me causo, haciedole la cruz, como si no existiera. —¿Quieres que me vaya?. —Tranquila, esperame arriba. Me dio un apreton antes de perderse por las escaleras, me volvi hacia Jess, las manos cruzadas sobre mi pecho. —¿Por qué me haces esto?. Su voz transmitia dolor, quise apladirle por la exelente representacion. —¿Realmente necesitas una refrescada de memoria?. Torcio los labios, acercandose unos pasos. Bajando la voz, seguramente para que su principe de brillante armadura no descubriera lo podrida que estaba. —Tu me perdonaste. Rabia se acumulo en mucho, rabia destilo por mis poros. Tanta rabia que quise darle un puñetazo y bajarle esa expresion de angel celestial. —Yo no te perdone. — Sise furiosa. — Ustedes se encargaron de barrer el problema debajo de la alfombra, como si nunca hubiese existido. —Me perdonaste. Afirmo, su voz dura, perdiendo la habitual calidez. Me pregunte cuanto tiempo faltaba para que su verdadero yo saliera a la superficie. —Estaba comprometida, Joder. Y tu pusiste la excusa de estar borracha para follartelo como una cualquiera. Te dolía que tu hermana menor fuera la primera en casarse, sacandote del primer puesto por vez primera. — Chasque la lengua. — ¿Acaso me perdonarias que me follara a Killian?. Las facciones se le deformaron, se acercó tanto a mi que comenzamos a respirar el mismo aire. Desee que lanzara el primer golpe, solo por el hecho de devolverselo. —No te atreverías. —Claro que no. — Le clave un dedo en el pecho, levantando la cabeza para mirarla. —No soy la misma porqueria sin escrúpulos que tú. Me di la vuelta, dispuesta a zanjar el tema. Jamás me esperé que su voz volviera resonar, esta vez con un deje burlón. —No te follarias a Killian ni aunque quisieras, eres solo una chiquilla para él, jamás se volvería mirarte dos veces, no eres suficiente para un hombre así. Me gire lentamente, estupefacta ante sus palabras. ¿Como un ser podía ser tan arrogante y malvado?. —¿Lo dices para convencerme a mí o a ti misma?. Se me acercó con rapidez, ya no había rastro de la mujer dulce, que no podría ni romper un plato. —Acércate a él con malas intenciones y verás de lo que soy capaz. Comencé a aplaudir, burlona. Aunque mis orbes se llenaron de unas lágrimas que me negué a soltar. —Ahí está, la verdadera Jessica. Siempre he sabido lo que se esconde en tu podrido interior, al igual que Owen. Se estremeció ante la mención de su hermano mellizo. El único, además de mi, que no se tragaba la fachada que le mostraba al mundo. Después de lo de Eric, su relación se quebró del todo, hiriendola profundamente, su otra mitad era el único capaz de dañarla. Y estaba de mi lado. —Eres débil, como papá. — Sonrió burlona, clavando la vista en mis orbes rojizos. — Que pena que no aprendiste nada de nuestra madre. —Prefiero ser débil a tus ojos, pero moralmente correcta. Prefiero ser débil y ser yo misma toda mi puta vida. Sin tener que esconderme detrás de una fachada que puede desmoronarse. — Negué con la cabeza. —Eres un puto cascaron vacio, con podedumbre en el medio. ¿Cuánto tiempo crees que tardará Killian en darse cuenta?. La dejé parada ahí, dirigiéndome a mi habitación. Al parecer no lo suficientemente rápido para escuchar sus sollozos lastimeros, mientras salía la barbacoa. La niña de oro, fingiendo romperse para que todo el maldito mundo la consuele. Sentí rabia, y antes de darme cuenta lagrimas bajaban por mis mejillas. Atravesé la puerta de mi habitación,encontrando a Savannah con un bolso colgando del brazo, mi ropa. —Piremonos de este lugar de mierda. No opuse resistencia, comencé a bajar las escaleras vestida simplemente con mi Bikini, un pareo y las chanclas de piscina. En mi mano las llaves del coche relucían, pasando por al lado de la barbacoa sin dignarme a dirigirles una mirada a los allí presentes. Sentí los tacones de mamá repiqueteando en el suelo, antes que su voz. —¡Laritza, no te atrevas a irte!. Continúe caminando, el taconeo volviéndose furioso. —¡Te prohibido salir en ese estado, mucho menos después de lo que hiciste!. —Tengo veinte años mama, puedo hacer lo que me salga de los cojones. Un gemido horrorizado salió de sus labios, no la mire al subirme al asiento del conductor y encender el motor. —¡Laritza!. —Adiós mamá, nos vemos en unos días. Salí pitando por la calle, dejándola furiosa, sabiendo que probablemente me caería la tercera guerra mundial encima. No me importaba, en estos momentos mi paz mental valía más que cualquier relación familiar.
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