Ricardo disfrutó de sus fetiches con su amada esposa, a quien poco a poco se iba a adaptando a sus gustos, y que al final ella también disfrutaba, un hermoso domingo les dio la bienvenida, Azucena se refugiaba más en Ricardo, no quería despertar, desde que parió no había tenido una noche para dormirla completa, Ricardo la abrazo para que ella siguiera durmiendo, aunque él ya no tenía sueño se quedó a su lado. Al cabo de dos horas ambos decidieron levantarse, se ducharon y se vistieron. Azucena le incomodaba la cola de gato, Ricardo se la acaricio, diciéndole que esa la usaría hasta la noche. Ella le hizo un puchero a lo que él adoró, le encantaba todo de su mujer, la tomo de la mano y salieron de la habitación a desayunar. Al llegar al restaurante, ellos eligieron que comerían al decidi

