17 de mayo de 818 dC Björkö, Suecia.
La luz llega directo a mis ojos obligándome a despertar e incorporarme para continuar con mis tareas. Abro los ojos encontrándome con la hermosa naturaleza que en este momento me rodea. Las copas de los árboles parecen querer alcanzar el cielo mientras que el frio viento del atardecer me alerta del final de mi paseo.
Recuerdo haberme sentado a descansar un par de minutos con la espalda apoyada en el tronco de un árbol, pero al parecer los minutos se convirtieron en horas. El sol comienza a ocultarse y tengo que regresar a casa antes del anochecer.
Aún mantengo en mi mano derecha un pequeño bolso donde recogí varias semillas y hongos para algunos remedios. Me dedico a sanar enfermos y trato de ser una de las mejores en este territorio.
Desde lo que pasó he tratado de ser una buena persona que se dedica a sanar personas y no lastimar a nadie. Supongo que trato de redimirme y de esa manera mi pasado deje de perseguirme.
Camino de regreso a casa cuando escucho un sonido. Una pequeña rama partida que alerta todos mis sentidos y mi mente comienza a imaginar posibles ataques.
Giro mi cuello hasta encontrarme con el causante del sonido e inmediatamente me relajo al percatarme de la presencia de un humano.
El hombre camina lentamente hacia mí con la barbilla ligeramente levantada y los ojos fijos en los míos.
Su porte es intimidante, pero en la actualidad ya nada me intimida, no después de vivir tantos años con el ser más despreciable en la existencia.
- Alfarr, ¿Qué haces aquí?
Su presencia en este bosque me sorprende y preocupa al mismo tiempo. Él no debería estar en este sitio y su mirada me demuestra ira.
- Querida Annika que sorpresa encontrarte en este lugar.
Su mentira es tan notoria que trato de pensar en las posibles razones de su presencia en este bosque e intento descifrar sus intenciones.
- Tendrías que estar cuidando de tu padre, Alfarr.
- Padre estará bien si me ausento un par de horas.
Su padre es un gran hombre y de buen corazón, pero hace meses enfermó y trato de restablecer su salud con todos los remedios que conozco. Es de las mejores personas que he conocido por lo que he trato de hacer unos cuantos hechizos para mantener su vitalidad. El único problema es que mi magia no es lo suficientemente poderosa.
- ¿Qué haces aquí? – pregunto directamente al intuir que no se encuentra solo.
Una sonrisa burlona aparece en sus labios y comienzo a temer lo peor.
- He venido a buscarte hermosa Annika.
- ¿Por qué?
- ¿No es obvio?
Se encuentra demasiado cerca por lo que correr no sería una opción optima. Alfarr podría atraparme fácilmente y eso haría estallar su furia.
Supongo que la única opción que me queda seria rendirme ante él y rogar por mi salvación.
- Creo que no, pero te agradecería si me explicaras el motivo.
- Quería que fueras mi esposa.
Las palabras se me instalan en la mente y es ahora cuando entiendo todo. Su ira repentina hacia mí se debe a mi negativa a su propuesta. Alfarr siempre fue un caballero conmigo, pero también sabía que su amabilidad se debía a un enamoramiento.
No demuestro miedo en mis ojos, pero los celos y el despecho pueden provocar acciones temidas por cualquier ser humano.
- Alfarr ya hablamos sobre eso…
- ¡NO!
Su grito detiene mis palabras y ahora comprendo sus intenciones. Esta cegado por la ira y se seguro planea hacerme daño, si no es que matarme.
- Solo me rechazaste una y otra vez y todo ¿Por qué?
Sostiene fuertemente mis hombros obligándome a mirar directamente a sus ojos. No solo es ira lo que está sintiendo, es desprecio, celos y muchas otras emociones negativas que no me da tiempo de distinguirlas.
- Metiste a tus aposentos a ese bárbaro.
Cada palabra parece decirla con rencor.
Ahora recuerdo la noche anterior.
Un hombre desconocido tocó a mi puerta cuando el sol comenzaba a ocultarse. Solo buscaba refugio para esa noche. Era un extranjero que buscaba un techo sobre su cabeza esa noche y en mi propósito de ser una persona honorable, abrí la puerta y lo invité a entrar. No tenía intenciones de compartir lecho con algún hombre, pero su cuerpo musculoso y ese cabello rubio hasta sus hombros me atrajeron. Sin duda era el hombre más alto que había visto en varios años y sin duda dormir con un hombre como él sería una experiencia que disfrutaría gratamente.
El bárbaro me sedujo y no me importo meterlo a mi cama. Soy soltera y no tengo que dar explicaciones sobre mis acciones a nadie, pero los sentimientos de Alfarr provocaron un estallido de celos.
- Alfarr no es lo que piensas.
Prefiero no decir la verdad y aumentar su enojo, por lo que pienso hacer todo para tranquilizarlo y de esa manera poder huir. Después de salir de este bosque me iré de este pueblo y no volveré jamás.
Otra sonrisa se forma en sus labios por lo que un escalofrió atraviesa mi cuerpo. Estoy consciente de que me encuentro en peligro, pero no pienso demostrar miedo ante él. No podrá asesinarme por lo que sería más fácil para él mantenerse torturándome o hasta violándome si así lo desea.
Mi cerebro comienza a trabajar y la única solución posible es correr y esperar que sus reflejos no actúen lo suficientemente rápido para poder huir y llegar al pueblo donde las personas podrían ayudarme.
Retrocedo un solo paso, que al parecer Alfarr lo toma como desprecio a su tacto y sostiene con más fuerza mis hombros.
Vuelvo a retroceder, pero esta vez aún más rápido y una vez liberada de su agarre corro en dirección contraria. Solo logro dar dos pasos cuando de pronto algo impacta en mi cabeza y caigo de inmediato al piso.
Mi cabeza duele tan intensamente que no puedo abrir los ojos y se escucha un zumbido en mi oído derecho.
Absolutamente todo me da vueltas y comienzo a sentirme mareada. Estoy consciente, pero mantengo mis ojos cerrados y mi cuerpo inerte.
- ¿Qué haremos con ella?
Pregunta alguien. No reconozco la voz, pero presiento que es algún amigo de Alfarr.
- Es una bruja que disfruta de seducir a los hombres y merece la muerte. – dice Alfarr.
Espera ¿Qué? ¿bruja? ¿así me paga por tratar de sanar a su padre? Yo jamás lo seduje, ni a él ni a nadie.
No puede matarme y eso me da una ligera ventaja. Tal vez me ahorque en algún árbol y me deje ahí, pensando que estoy muerta. Después de eso podré soltarme del nudo e irme del pueblo sin antes vengarme por su intento de asesinato. Sin duda no es el plan más viable que he pensado, pero espero funcione.
Siento mi cuerpo siendo arrastrado, pero me mantengo inmóvil para no darme a notar.
Me dejan recostada sobre una superficie dura, supongo que debe ser alguna roca o tronco al no sentir ninguna hierba o planta.
- Cuélgala – dice otro hombre distinto a la voz que escuche hace unos minutos y claramente tampoco es Alfarr.
- Espera – esa si es la voz de Alfarr. – quiero sentir sus labios al menos una única vez.
Claro que no. No dejare que ese imbécil llegue a tocarme.
Abro ligeramente los ojos notando a nadie más cerca de cinco pasos de mí. No es mucha distancia y antes de comenzar a correr tengo que levantarme, pero haré lo posible para huir de este lugar.
Me toma un segundo ponerme de pie y comenzar a correr, pero no tomé en cuenta el reciente golpe en mi cabeza y de inmediato vuelvo a caer al piso.
Maldito seas Alfarr y a los otros dos hombres que ahora se encuentra de pie junto a mí, evidentemente burlándose de mi caída previa.
- Al parecer ya despertaste. – dice el mismo hombre que habló hace poco.
Usa telas mal gastadas y rotas sobre todo su cuerpo. Su cabello rubio es lo suficientemente largo como para llegar a la altura de su pecho y tiene una gran cicatriz que atraviesa su cuello, pero sin ser profunda.
Estoy muy segura de que nunca lo había visto y mucho menos aun al otro hombre junto a él, que se mantiene en silencio sin emitir ni una sola palabra.
Ambos se burlan de mi situación y saben que no puedo volver a levantarme, pero no les daré la satisfacción de verme humillada.
Ruedo, colocándome boca abajo y con mis manos como apoyo logro levantar mi cabeza unos cuantos centímetros del suelo.
Uno de los hombres me sube sobre su hombro y camina unos cuantos pasos. No logro ver de cuál de los hombres se trata, pero deduzco que es el hombre de cabello castaño claro con ojos negros y claramente extranjero por el acento un poco extraño con el que habló después de ser golpeada en la cabeza.
Me vuelven a dejar en el piso, pero esta vez me encuentro con el rostro inexpresivo de Alfarr.
- ¿Por qué lo haces Alfarr?
- ¿Por qué lo haces tú, Annika? Creí que estabas enamorada de mí al igual que yo de ti, pero apenas tienes oportunidad y me engañas con un extranjero. Podríamos haber vivido juntos y formar una hermosa familia.
Jamás conocí este lado de Alfarr y me aterra sus próximos movimientos. Él no debería reclamarme por absolutamente nada. Mi relación con él es solo de amistad, pero al parecer confundió mi amabilidad con amor.
- Cuélguenla – ordena
Los hombres desconocidos me toman de los brazos para levantarme y me llevan hasta una soga colgada en la rama de un frondoso árbol.
Sé que no puedo morir, pero ser torturada tampoco es una buena opción. Tengo que dar todo de mí y luchar para poder escapar. En un principio supuse que después de asesinarme, escaparían del lugar, pero ahora puedo notar una pequeña hoguera a unos pasos a la derecha y deduzco sus acciones futuras. Se mantendrán en este lugar y tendré que soportar durante horas la falta de aire. El problema es que al estar tanto tiempo colgada y sin poder morir mi sufrimiento y tortura puede prolongarse todo el tiempo que ellos prefieran. Nadie tiene idea del dolor tan agudo que recorrería mi cuerpo tantas horas. Me desmayare para después despertar, la falta de aire seguirá presente y me volveré a desmayar provocando un ciclo de tortura extrema.
Con todas mis fuerzas restantes empujo a los hombres y me mantengo de pie menos de un segundo. Cuando siento que estoy lista para correr, lo hago. No regreso a ver, pero siento los pasos de uno de los hombres a poca distancia.
A penas y he corrido un par de minutos cuando alguien cae sobre mí. Su cuerpo evita cualquier movimiento de parte del mío y el dolor agudo en mi cabeza provoca un cansancio extremo.
Cuando el hombre se levanta noto que se trata de Alfarr y con toda la rabia que tengo contenida decido golpearlo. Estoy exhausta, pero me levanto rápidamente del suelo y mi puño llega a impactar en su cara con fuerza, provocando que su cuerpo caiga hacia atrás.
Alfarr es más rápido y se incorpora. Su puño golpea en mi estómago y por un minuto necesito tiempo para poder respirar mejor. El impacto me dejo sin aire y ahora me siento mucho más cansada que hace un momento.
Los otros dos hombres llegan hasta nosotros y entre los tres patean mi frágil cuerpo hasta sentir que desfallezco.
Mi cabeza da vueltas, mi cuerpo ya no reacciona y solo puedo pensar en la tortura innecesaria que me espera.
Veo claramente la soga cada vez más cerca así que decido intentar huir una última vez. Tomo aire y me concentro en mi alrededor. Arrastran mi cuerpo tomando mi pie derecho mientras me conducen hasta la soga colgada en la rama del árbol.
Recojo mi pierna para darme impulso y seguido pateo a quien sea que me haya estado arrastrando todo este tiempo.
Trato de volver a huir, pero el hombre rubio se sube sobre mi cuerpo y toma mis manos a la altura de mi cabeza.
No tengo idea que le hice a estos hombres, pero tienen una rabia acumulada en mi contra. El hombre toma mis manos con una sola de las suyas y con la otra muestra un cuchillo claramente afilado. Lucho y trato de empujarlo, pero nada sirve. Comienza a acercar el cuchillo hasta mi cuello y es cuando decido que solo tengo una única opción.
- FUGERE AD OMNES. – grito
Una ráfaga de viento provoca que los tres hombres sean empujados con tanta fuerza que caen a más de diez pasos hacia atrás.
Es mi momento para huir y no lo desperdicio. Me levanto y vuelvo a correr, pero de pronto siento algo cortando un costado de mi vientre.
Me detengo abruptamente y noto la sangre cayendo desde la gran herida. El hombre rubio lanzó su cuchillo hacia mí y este pudo cortar mi estomago lo suficiente como para notar la sangre manchar la tela que cubre mi cuerpo.
Me canse de todo y no permitiré que sigan haciéndome daño. Matare a los tres y los dejare colgados de una soga como ellos planeaban hacer conmigo.
- NUNC VITAE MEAE – señalo hacia el hombre rubio y toda su fuerza vital comienza a escaparse de su cuerpo.
Con mi otra mano hago lo mismo con Alfarr y sus vidas comienzan a desvanecerse.
Los odio a los tres, pero algo me dice que el tercer hombre solo fue manipulado para participar en todo esto.
Poco a poco van muriendo mientras que el tercer hombre solo se mantiene estupefacto sin poder creer lo que ve.
Sus ojos comienzan a perder su brillo y sus rostros se vuelven completamente rojos.
Un sonido me alerta y detengo de inmediato a mi hechizo. Escucho los gritos de varios hombres al parecer buscando a alguien. No puedo dejar que me vean y menos dejar que sepan que casi asesino a dos hombres, aunque ellos hayan tratado de hacer lo mismo conmigo hace poco.
El tercer hombre parece aliviado, pero no dejare ningún testigo. Lamento lo que haré a continuación, pero si alguien se entera de mi magia podría alertar a más personas y al final me encontraran y no pienso volver al infierno.
- NUNC VITAE MEAE – vuelvo a decir, pero esta vez señalo hacia el tercer hombre.
Tardo menos tiempo en ponerlo en el mismo estado que los otros. Se desmaya y su corazón comienza a latir muy lentamente. Todos se encuentran a pocos minutos de morir y eso me dará ventaja para poder huir. Si notan que aún están vivos los llevaran al pueblo para poder evitar su inminente muerte, lo que retrasará su persecución hacia mí y podré huir.
Comienzo por correr en dirección contraria al de los hombres y aun que mi cuerpo se encuentre exhausto y la sangre perdida me provoque un mareo, no me detengo. Sigo corriendo hasta cansarme, pero aun así me mantengo dando un paso detrás de otro.
La oscuridad de la noche acompaña mi caminata y acabo de notar que el bolso con las semillas desapareció, quien sabe hace cuanto tiempo.
Al parecer todos los animales duermen porque no se escucha ni un pequeño sonido a excepción de mis pasos.
Los tres hombre de seguro ya murieron y siento que se lo merecían. No debí vengarme, pero la ira me cegó y no podía dejar testigos.
Cuando vivía con ese ser despreciable aprendí a demostrar mi ira con acciones negativas hacia mis enemigos. No me siento orgullosa de lo que hice hace unas horas y sin duda me arrepiento, pero no podía dejar que descubrieran mi verdadera naturaleza.
Tengo que alejarme de cualquier otro hombre a partir de este momento. No volveré a estar con ningún hombre que al final los celos y la ira lo cieguen.
El cansancio ya no me permite dar un solo paso. La sangre en mi herida se secó y ahora solo puedo pensar en recostarme y descansar unos minutos.
Mi cabeza duele al igual que mi cuerpo, siento mucho calor a pesar del frío en el ambiente y las gotas de sudor caen de mi frente sin parar.
Me recuesto en el piso sin importarme si alguien me puede encontrar. Llevo mucho tiempo caminando y de seguro pronto amanece. Mis ojos se cierran involuntariamente y lo último que noto es los brazos de alguien rodeándome y levantándome del suelo.