Ni en mis mejores sueños pude haber tenido esto. A Kaled hablándome con esa honestidad. Con sus ojos desbordados de emociones. Con sus brazos sosteniéndome tan cerca. —¿Te quedarás conmigo? —insisto. —¿Quieres que me quede? —Sí. —¿Lo quieres de verdad o solo…es porque tienes miedo de lo que pueda ocurrirme? Lo abrazo con fuerza. —Tengo miedo de lo que pueda ocurrirte porque me enamoré de ti, tonto —confieso entre lágrimas. Dios, esta situación me asusta tanto—. Me importas. Y te quiero. Quiero que te quedes conmigo porque lo deseo y a lo mejor soy egoísta, pero es la verdad. Y me di cuenta de todo cuando tuve que perderlo. Cuando me di cuenta de que jamás vería su rostro confundido con alguna cosa humana, que no corregiría mis acciones imprudentes, que no iba a verlo cocinar ni a

