No puedo creer que esté de vuelta. Han pasado tantas cosas desde que dejé esta ciudad. Lo que no extrañaba para nada es el calor. Es horrible, siento que estoy en otro planeta, dejé atrás mi frío Brooklyn para llegar a este desierto infernal. No entiendo como Alexa ama este lugar. —¡Agh! —me quejo pasando el dorso de mi mano por mi frente. Hace demasiado calor. —¿Qué te pasa? —vuelve a cuestionar Kaled. Sus preguntas están volviéndome loca, su voz. Tal como lo hace en la cama, pero justo ahora no siento nada satisfactorio, solo me siento con ganas de matarlo. —Ya estamos en el infierno —mascullo—. Me estoy derritiendo y Alexa no aparece —pisoteo frustrada. Necesito golpear a alguien. No sé porque hay tanta gente en este maldito lugar. Me mira con el ceño fruncido, el jodido ce

