Despierto sintiéndome cálida rodeada de un olor delicioso. Cuando abro mis ojos me doy cuenta de que estoy en mi sofá y la luz del día se cuela por las pequeñas ventanas de la pared trasera. Me remuevo despacio, suspirando y echo un vistazo a la cocina. Kaled está de espaldas, debe estar preparando algo para comer, huele a café recién hecho y pan tostado. Parece una mañana normal, porque sí, Kaled siempre se levanta primero que yo y aunque a veces me espera para preparar el desayuno, en ocasiones lo hace él solo. No creí que fuera hacerlo hoy, dada nuestra discusión de ayer. Pensé que me evitaría y gruñiría. Sin embargo, cuando Kaled se gira y me ve observándolo, solo asiente sin hacer muecas. —Buenos días. Me encojo un poco bajo la manta que no recuerdo haber traído. —¿Buenos día

