Isabella
Mi día en el barco con mi madre me lleva a una ridícula quemadura solar con forma de libro abierto en mi estómago. Porque soy esa chica que se queda dormida en la proa mientras lee Hacia Rutas Salvajes. Al parecer la supervivencia en la naturaleza me da sueño.
De todos modos, tengo calor y estoy quemada de manera desigual cuando regreso a la casa de los padres de Enzo. El me recibe afuera, levantando el tirante de mi vestido de verano.
—Te ves tostadita—
—Si, si— le hago un gesto con la mano. —Otra víctima del sol de verano en Bahía Azul—
El desliza su mano por la parte baja de mi espalda mientras entramos. Sus antebrazos lucen polvorientos y entonces me doy cuenta de que lleva una camiseta y unos pantalones cortos de mezclilla sucios. Está claro que ha estado trabajando con River todo el día. Subo las escaleras y el me sigue sin decir una palabra. Una vez que estamos en el dormitorio y dejo mis cosas, él tiene esa mirada en sus ojos. La que dice que tiene hambre.
—¿Vas a tomar una ducha? — pregunta.
—Pensé que podría tomar una rápida— No puedo ocultar mi sonrisa. — ¿Por qué, quieres follarme contra la pared de la ducha otra vez? —
Sus ojos se entrecierran. —Si, si pienso que eso podría ser bueno, de hecho—
Lo miro de arriba abajo. Tiene los antebrazos llenos de suciedad y los nudillos cubiertos de quien sabe qué. Es sexy, no puedo mentir. Cuando se acerca, percibo un poco de su olor a sudor. ¡Hola, feromonas! Empiezo a quitarme el vestido de verano de inmediato.
—Eso fue rápido— murmura.
—¿Cómo puedo resistirme a ti cuando estas tan sucio y varonil? — Mi vestido de verano se arruga a mis pies y paso mis manos sobre la amplia cresta de sus hombros. —¿Qué hiciste hoy? —
—He roto algunos armarios— dice, presionando su frente conta la mía. —He pintado algunas barandillas—. Su olor me quita el aliento. Algo crudo y verdadero me quema por dentro: no quiero estar nunca sin él.
Pero no es el momento y probablemente me estoy dejando llevar por las emociones. Entierro los sentimientos porque no tienen cabida aquí. porque quiero disfrutar de los pocos y preciosos días que nos quedan juntos en estas vacaciones inesperadamente perfectas.
—Mmm… ¿Quieres pintar mi barandilla? — Él sonríe mientras me besa.
—No fue tan sexy como pretendías— dice
—Gracias por notarlo— digo
Tira del lazo de la parte superior de mi bikini hasta que se suelta y las tiras caen detrás de mí. ahueca entre sus manos mis dos pechos fríos y muy blancos mientras le da un beso profundo. Sus pulgares acarician perezosamente mis pezones, lo que me hace jadear.
—Siempre vas directo a los pezones—
—¿Por qué no lo haría? — inclina la cabeza y succiona un pecho con fuerza. —Tienes las tetas más perfectas—
Debo parecer tan sorprendida como me siento por dentro, porque el levanta una ceja. —¿A qué se debe esa mirada? —
—Lo siento. No puedo creer que hayas dicho eso—
—Lo siento. No puedo creer que no puedas creer eso— Pasa el dedo medio por la curva de mi pecho y luego por las protuberancias de mi caja torácica. —¿Te has mirado? —
—Sinceramente, trato de no hacerlo—
Me mira fijamente, lo que parece una bofetada. —Isabella—
—¿Qué? Soy una chica de estatura media, delgada y torpe, con apenas unas copas B y sin caderas dignas de mención. No tuve suerte en el aspecto físico—
Y es verdad. Tengo el gen Blackstone recesivo. Mis hermanas tienen pechos más grandes y cinturas más pronunciadas que yo, un hecho que siempre noté una vez que llegó la pubertad. Seguí esperando y esperando que aparecieran mis curvas, y luego…sorpresa. Nunca llegaron. Como la peor cita a ciegas en la que no aparecía nadie.
Enzo suspira con frustración y me guía de regreso a la cama.
—¿Por qué te resulta tan difícil de creer que eres sexy? —
La emoción me aprieta la garganta y me concentro en recorrer con la punta de mi dedo índice los surcos de sus abdominales. Es porque Salí con un hombre que se aseguró de que supiera lo desaliñada e indeseable que era.
Porque al crecer, cuando mi hermana mayor y yo peleábamos, el ataque de siempre se centraba en que fea y marimacho era y como nadie vería más allá de mis orejas raras y me pecho plano. Porque a veces ser mujer es una mierda, aunque tambien puede ser genial. Pero en lugar de eso digo: —Porque no he presentado la documentación adecuada para que la junta directiva de Isabella la revise—
El resopla. —Bien. Aquí tienes tu documentación— Dobla mis rodillas a sus costados. —Voy a tomar nota de cada parte de tu cuerpo que me ha excitado—
—¿En un periodo de veinticuatro horas o en todo el tiempo? —
—Todo el tiempo— Una sonrisa arrogante se dibuja en sus labios. Sus manos agarran mis tobillos. —Empiezo por aquí— desliza sus manos sobre mis pantorrillas. —Y aquí— empuja la base de su palma sobre mis muslos, haciendo una pausa para agregar: —Y aquí—
—Hay muchas áreas que la junta directiva debe revisar—
—Mm-hmm— Mete sus manos debajo de la tela de mi traje de baño. Me aprieta el trasero y lleva las manos a los huesos de mi cadera.
—Y, sobre todo, aquí—
Muevo mis caderas mientras el pasa sus manos de un lado a otro sobre mi monte de venus, acercándose, pero sin tocar mis áreas más sensibles. —Esta parte de aquí, multiplicada por cien—
Sube las manos por mi cintura y me aprieta los costados. Su mirada se posa en la evidente mancha blanca con forma de libro que hay en mi vientre.
—Oh, por Dios, ¿Qué paso aquí? —
—Me quedé dormida con un libro sobre el estómago— Me tapo los ojos con las manos.
Se le escapa una risa mientras evalúa la zona. —Rara línea de bronceado o no, esto tambien cuenta—
—¿Te excita la blancura en forma de libro? —
—Oh, Dios, sí. Y aquí— Luego ahueca sus manos sobre mi pecho. —Obviamente aquí, pero especialmente aquí— Pellizca mis dos pezones al mismo tiempo.
Grito, retorciéndome debajo de él. —No es justo—
Se pone de rodillas mientras empuja sus manos hacia arriba sobre mi pecho y mis hombros. —Tambien aquí— Luego pasa su pulgar sobre el contorno de mis labios. —Y aquí, como, todo el tiempo— Luego hace una pausa, mirándome fijamente a los ojos. —Te tocaría el iris si pudiera, pero ni siquiera lo intentaré—
—Gracias—
—Y aquí— pasa su mano sobre mi cabeza, luego todo el camino hasta la punta de mi trenza.
—¿Mi trenza? —
—Tu cerebro, y tambien tu cabello—
Ya no puedo ocultar mi sonrisa. Nunca me han idolatrado tanto. Aún así, me cuesta aceptarlo. Quiero seguir adelante. Se que para él esta es una cuestión de sexo. Estoy luchando con todas mis fuerzas para no desilusionarme.
—Olvidaste mencionar mis muñecas— le digo, mientras lo rodeo con mis muslos. Lo acerco más a mi para que nuestras ingles se conecten. —Me tocaste la muñeca tres veces la primera noche en el bar. Así que, claramente, te atrae bastante—
Se ríe, pero su mirada se nubla. Quizá ese fue un comentario extraño. Quizá no debería revelar que conté cuantas veces me tocó la muñeca.
—Supongo que si— dice, y entierra sus labios en el hueco de mi cuello. —¿Qué opina la mesa directiva de Isabella de mi presentación? —
—Serás recompensado con una entrada— Su risa profunda me pone los pelos de punta.
—¡SI!—
Nos da la vuelta sobre la cama, para que yo este encima y comienza a besarme en un camino que baja por mi pecho, entre el valle de mis pechos pequeños que el acaba de llamar perfectos. Su lengua está bailando en círculos alrededor del pezón derecho cuando Maggie llama desde el pasillo.
—¿Enzo? ¡La cena esta casi lista! —
Hace una pausa, sus labios presionan el costado de mi pecho. Luego se le escapa un suspiro.
—Está bien, mamá, ya vamos— Espera un momento y luego me lanza una mirada de disculpa. —Deberíamos ir abajo. Ella preparó rosbif, cacerola de maíz y papas gratinadas. Si no lo hacemos, nuestros antepasados alemanes o lo que sea se retorcerán en sus tumbas—
Nos quejamos y nos levantamos de la cama, pero no si antes de robarnos unos cuantos besos más. Me puse el sujetador y unas bragas reemplazando mi parte baja del bikini antes de volverme a poner el vestido de verano por encima de los hombros. Enzo me sigue escaleras abajo y casi todos estan reunidos. David está entusiasmado con algo que sucedió en el trabajo ese día, mientras que Nolan se agarra el pelo con la mano y mira fijamente su teléfono. Xander asiente, escuchando a su padre con los brazos cruzados sobre el pecho. Wyatt está sacando tenedores. Mientras Maggie cuenta platos en la cocina.
Como de costumbre, me lanzo a romper el hielo. —Déjame ayudarte—
Maggie no me saluda, como es costumbre, pero tampoco me dice que no. Me acerca un plato de papas gratinadas.
—Esto ya está listo—
Lo llevo a la mesa del comedor y lo coloco sobre un salvamanteles que tiene un conejo bordado. Ella mira su teléfono y se apresura hacia el pasillo, así que me encargo de llevar los platos restantes.
Mientras ayudo a acomodar todo en la mesa, Enzo toma asiento y comienza a conversar con Wyatt sobre algo en lo que trabajaron en la casa de River ese mismo día.
Momentos después, Maggie regresa apresuradamente a la cocina, seguida por River y otra chica.
La reconozco inmediatamente. June Lennox. Solo la conocía de la preparatoria, ya que ella y River eran estudiantes de tercer año en mi primer año, pero, Dios, esta chica se volvió voluptuosa. Tiene un lápiz labial rojo intenso y un delineador de ojos en forma de alitas, mitad años cincuenta, mitad chica moderna. Parpadeo sin darme cuenta. Ese es el tipo de mujer que atraen a los hermanos Parker.
Y claro, Enzo pasó un tiempo señalando todas las partes de mi cuerpo que lo excitaban. Pero lo que tengo para ofrecerle no es lo que se merece a largo plazo. Puede que sea divertido por ahora, pero ¿Qué pasará cuando termine nuestro sueño de Bahía Azul?
Quizás deba pedirle algunos consejos a June.
—Hola, June. ¿Te acuerdas de mí? — saludo mientras coloco el último plato en la mesa. River sonríe. No es en absoluto el idiota estirado que vi la primera noche en la ciudad.
Nos acomodamos en nuestros lugares y Maggie vuelve a su práctica de ignorarme mientras sigue aprovechando mi ayuda. Y mientras June está aquí, es más que obvio cuanto la prefiere más que…bueno, probablemente que a sus propios hijos. Es como si ya hubiera adoptado a June como su nuera y estuviera esperando a que River lo haga oficial.
En verdad es un poco nauseabundo. Pero quizás sea porque quiero que Maggie me hable así, ¿y siendo realista? Probablemente me mirará con cara de pocos amigos hasta que tenga noventa y cinco años y este conectada a un respirador. Debería de tomarlo como una señal de advertencia.
Esta no es la familia con la que quiero casarme. Enzo no es el hombre para mí. Si, puede que haya elogiado antes las partes de mi cuerpo, pero puedo ver a que estan acostumbrados los hombres Parker. Salen con Junes, no con Isabellas. Y cuanto más me engañe a mí misma con esta extraña relación falsa de “Somos-no-somos”, mas difícil será salir de ella en una semana.
Una vez que termina la cena, River y June se van. Xander y su padre se retiran al patio trasero a tomar bourbon, y Nolan y Wyatt se dirigen al centro de la ciudad para quien sabe qué. Enzo y yo ayudamos a Maggie a limpiar y su madre incluso me da las gracias. Estoy tan atónita que no puedo hablar, y entre el tintineo de los cubiertos y la prisa del lavavajillas, empiezo a ver la luz al final del túnel. Porque se me ha encendido la bombilla. Quizás las cosas con Maggie podrían cambiar.
Tal vez Enzo no me esté tomando el pelo cuando dice que se siente atraído por mí. quizás yo misma sea mi peor enemiga cuando se trata de creer en mi misma.