No sé cómo, ni en que momento, pero justo ahora, estoy completamente desnuda frente a la mirada ardiente de Ian.
Sin poder evitarlo intento cubrir mi desnudes, pero él no me lo permite.
— Simplemente... Hermosa, y mía, voy a disfrutar cada centímetro de tú piel. Le daré el gusto a mi lengua de saborearte toda.
Mierda, sus palabras me hacen mojarme más, de lo que ya estaba.
Lamidas en mi cuello, que van descendiendo hasta detenerse en uno de mis pechos. Hace sirculos con su lengua en mi pezón, haciendo que me arqueé, con una de sus manos le da atención al otro, pellizcandolo.
Mis manos aprietan las sábanas, mientras que mis piernas se enroscan en sus caderas, muevo las mías en busca de fricción, pero me quedo de piedra cuando me doy cuenta que el también está desnudo, ¡Mierda! Tengo su enorme polla casi en mi entrada.
Su risa ronca, me hace alzar la mirada para encontrarme con la suya, pero lo que veo me molesta pues él se está riendo de mí.
¡Puto cabrón!
— ¿Le tienes miedo? No te preocupes, él, no muerde, yo sí. – sin darme chanse a responder muerde mi pezón asiendo que gima fuerte.
— Pero si no estás segura de esto, debes decirlo ahora, porque después de que pruebe tu dulce coño, con mi lengua, hay no me va a detener nadie de follarte, ni el mismísimo Satanás. ¿Entiendes? Yo solo asiento perdida en su intensa mirada.
Quizás no deba, quizás esté mal, pero hoy no quiero pensar, solo deseo que él, tome mi cuerpo.
Ian deja un recorrido de beso por mi pecho, para darle atención al otro entre lamidas y caricias, baja hasta mi abdomen, y sigue bajando, pronto hace que deje de apretar las sábanas para dirigir mis manos a su cabello tomándolo fuerte al sentir el primer lenguetazo en mi entrada. Apenas logro aoir que murmura; Deliciosa, desde ahora serás mi sabor favorito.
Dicho eso vuele a lamer, introduce un dedo en mí, y yo no puedo parar de gemir, mientras mi espalda se arquea, aprieto su cabello enterrando má, su cara en mi v****a.
Un segundo dedo entra y no puedo evitar quejarme, él se detiene siento su mirada quemarme, pero no puedo mirarlo mantengo mis ojos serrados. — Camil, mírame. – me ordena, y lo hago — ¿Eres virgen? – su pregunta, es más una afirmación. No respondo, solo muevo mi cabeza en señal afirmativo. Su nuez de adán sube y baja a media que su respiración aumenta,
— ¿Quieres que continúe? Yo solo respondo sin dudarlo.
— Sí, llevo muchos siglos esperando, y ya no lo haré más.
Hablo sin pensar, y es cuando noto que la embarre. Pues dije "siglos" ¡Ah! Yo y mi bocota, pero él parece no importarle o solo está tan exitado que no presto atención a mis palabras, Ian solo sonríe para acercarme y besarme con hambre, dejando que yo también saboreé de mís jugos.
Ian retoma lo suyo, empieza a embestirme con dos de sus dedos mientras que su sabía lengua da sirculos a mi hinchado botón, entonces lo siento, un corriente exquisita se va a poderando de mi cuerpo, tiemblo, jadeo, estoy tan cerca de ver las trellas, empiezo a sentir como mi cuerpo se desarma, y cuando estoy apunto de irme... Se detiene, ¿Por que carajo se detuvo? ¡Ah! Me siento fruntrada, estoy apunto de llevar mis manos y dame yo misma mi orgasmo. — ¿Por que mierda no sigue? ¡Maldita sea! mi v****a duele, pero no es el dolor que deseo, es porque no me diste lo que quería.
Cuando no escucho que responde levanto mi rostro, y... ¡Mierda! No espera encontrarme con la imagen del cuerpo de Ian petrificado, literalmente parece estatua, y lo chistoso es que sus dedos están en mi interior y su lengua apuntado hacia mi clítoris, si no estuviese frustrada me burlaría, porque en serio se ve gracioso. !Ah! Y su polla también está tieza. Que carajos pasa.
Pero entonces escucho una sonora carcajada y se que no fui yo.
— No lo puedo creer, mi hermanita al fin se iba a quitar las telarañas, sorry pero tenía que evitarlo.
¡No! ¿Que hace Rous aqui? ¡La mataré! Trato de cubrirme pero la vergüenza que siento me tiene torpe y cuando intento levantarme caigo de bruces al piso. Y de nuevo ella se ríe.
— ¡Ya cállate! maldita sea. Podés voltearte. Digo molesta tratando de controlar mi tembloroso cuerpo.
— No te preocupes Camil, ya ví todo, hasta lo que no fuese querido. Gruño en respuesta y cuando por fin logré cubrir mi cuerpo con una sábana, volteo a encararla.
— Me explicas, ¿¡Que carajos haces aqui!? – Explo colérica.
— Oye, te e dicho que no me trates asi, soy tu hermana. Y bueno se qué estás molesta porque interrumpí tú rico polvo, con ese demonio ardiente, pero encerio tenía que hacerlo, pues Fátima está aqui ¿Sabes lo que eso significa?
No respondo, solo miro a Ian , y una opresión se instala en mi pecho, luego el frío del pánico se apodera de mí, pues sí ella me encuentra aquí, Ian podría correr peligro. Sin poder controlarme le gritó a Rous.
— ¿¡Que!? Mierda, como carajos dieron conmigo.
Halo de mis cabellos en señal de nervios, Fátima no puede estar aquí.
— Camil... – escucho que habla mi hermana, pero no presto atención. Yo solo quiero desaparecer.
— ¡Ey! Cálmate, ¿Si? Ella no está aquí, aquí, pero lo estará si no nos vamos rápido, pues apenas pude salir de casa sin ser vista.
Las palabras de Rous me calman, un poco.
— No entiendo nada, ¿Podrías explicarme bien? Sin tantos rodeos. – Rous suspira, mientras me explica, que ella estaba en nuestra casa, cuando sintió que alguien se acercaba al darse cuenta de que eran Fátima con otras de sus perras, ella huyó, para así poder advertirme.
— ¿No te siguieron?
— No, Camil no soy tan estúpida. Por favor ya vámonos sé qué en cualquier momento darán con nosotras. Es que no sé porque sigues aquí, yo te advertí que ella vendría, ahora se qué ese humano te gusta mucho, pero sabes que eso no puede ser.
Suspiro mientras le echo un último vistazo a Ian, caminando hacia la salida para irme y no volver nunca.
— Lo sé, lo sé, Rous, pero que quieres que te diga. Solo vámonos de aquí.
Pregunto algo preocupada por la posición que tiene su cuerpo.
Y sin siquiera pensarlo hago una estupidez más, muevo mis dedos en su rico y muy apetecible trasero, trazo un corazón y dentro de el escribo mis iniciales, junto con la palabra ››mío‹‹ y sí, ahora él jamás me olvidará, pues cada vez que se vea la pompi se acordará de mí, río un poco al imaginarlo molesto cuando sepa que no se lo quitará nunca.
— Es encerio qué lo marcaste, por favor Camil.
— Cállate, salgamos ya de aquí.
— Eso es lo que me gano por salvar tu trasero. Oh, mierda, Camil tú en verdad te ibas a comer eso.
Volteo a ver de qué habla Rous, y enseguida mis mejillas se encienden.
— Que bueno que interrumpí antes, porque de seguro, no fuese podido ni moverte, definitivamente estás loca, por muy bueno que este, esa tremenda anaconda da pánico.
Suelta una risa, camino hasta ella y le doy un manotazo en cabezota. La escucho protestar pero la ignoro mientras salimos de la casa.
— ¿Que tanto durará Ian así?.
— Solo un par de minutos más.
No respondo nada y seguimos pero justo es cuando sentimos a Fátima cerca.
— Camil... Intenta decirme pero la detengo. — Sí, ya las sentí, mierda nos an encontrado.
— Tenemos que volar, así nos alejaremos más rápido. — No Rous, sabes que odios hacerlo.
— Bueno tu decides, si hacerlo o dejar que nos encuentren tan cerca de él. Lo peor de todo es que tú cuerpo grita SEXO.
Abro mis ojos de par en par.
— Que mierda dices, sabes bien que no tuve sexo.
— No, pero igual hueles a él, y así como yo lo huelo ellas también lo harán.
Maldita sea ahora que hago.
— Bien, hagámoslo, para tener más tiempo de que su olor desaparezca.
Rous no responde solo hace aparecer su escoba, y monta en ella. Que puta mierda, odio esto, pero no tengo otra opción. Llamo a la mía y enseguida sigo a mi hermana.