Capitulo 6: La Oscuridad

2046 Palabras
El celular comenzó a sonar, pero yo no deseaba contestar. Tenía miedo de morir desangrada. Presionaba fuerte las muñecas contra mi pecho, en un intento de controlar la hemorragia. El teléfono estaba sonando... Revisé desesperada mis muñecas, y a pesar de que estaban empapadas de sangre, no encontré ninguna herida... habían desaparecido. El teléfono seguía sonando... Sentía el olor a sangre que desprendía mi blusa. Aquello había sido real, hace solo unos momentos tenía esas cortadas, que dolían como nunca había sufrido dolor en toda mi vida. Ahora sencillamente ya no estaban. El teléfono dejó de sonar... Me levanté, y nerviosa mire hacia la puerta del baño, seguía cerrada. Caminé de espaldas, sin quitarle la mirada en ningún momento. Choqué con el mesón de la cocina y tomé del lavaplatos un cuchillo enorme. La puerta del baño comenzó a moverse. No, no se abrió de golpe, primero se giró la perilla y la puerta apenas se movió unos milímetros hacia adentro. —¡NO TE ACERQUES MALDITA! —grité desde la cocina, levantado el cuchillo y apuntando hacia el baño, como si fuera una espada. Una mano salió lentamente, de la pequeña apertura que había dejado la puerta. Mi corazón latía tan fuerte que me dolía, seguía con el cuchillo levantado, pero estaba completamente congelada. Volví a ver esas uñas negras al final de sus largos y huesudos dedos, la piel era apenas un pellejo pálido que permitía ver un cableado de venas moradas y espantosos huesos. La mano solo se movió danzante en el aire y tocó la pared. Comenzando a arrastrarla en el muro, volviendo a ocultarla dentro del baño y dejando en la pared blanca una huella espantosa de sangre. Todo mientras hacía ese gemido horrible que me aterraba. "Va a salir y me va a matar... Dios, me va a matar" pensé. —¡ATREVETE A SALIR VIEJA PUTA! ¡Y JURO QUE TE MATO! —Amenacé mientras mi mano temblaba en el aire. "La llave". Estaba ahí, colgando en la pared, justo arriba de la mesa y a pocos pasos de mí. "Toma la llave y sal ya del apartamento". La puerta principal estaba más cerca de mí, que de ella. Me acerqué lentamente, con el cuchillo siempre hacia adelante. Mientras seguia escuchando ese gemido agonizante que ella no paraba de hacer. Tomé el juego de llaves y las sentí tan pesadas en mi mano. Seguí avanzando, sintiendo un escalofrío intenso recorriendo mi espalda, manteniendo la mirada fija a la puerta del baño. Aunque la puerta principal estaba a unos pocos metros, sentía que era enorme cada paso que tenía que dar para poder llegar a la salida. Cuando por fin pude tocar el frío metal de la cerradura, comencé a desesperarme. Temblaba como un cachorro y era demasiado difícil tratar de introducir la llave con una sola mano. "Vamos, abre la puerta y sal, abre la puerta y corre pidiendo ayuda" pensaba mientras luchaba por encontrar la llave correcta. —Vamos, vamos, vamos —Repetía desesperada. —¡Sí! —Exclame cuando la llave correcta encajó en la cerradura. Movía la llave de un lado para otro, pero el seguro de la puerta no quería ceder, "ábrete maldita sea, ábrete". Me sentía angustiada al ver que no lograba abrir la puerta. Entonces decidí aplicar un poco más de fuerza, para tratar de girar la llave, y fue tan grande mi mala suerte, que sentí como el metal se partía y dejaba la mitad de la llave atrapada dentro del cerrojo. —No, no, no, no, no —dije desesperada, al ver como se arruinaba mi oportunidad de salir de la habitación. Me giré y con ambas manos sujeté el pomo mientras lo agitaba exasperada y con todas mis fuerzas. "Estúpida, no quites la vista del baño" fue como un pensamiento de supervivencia que llegó a mí en ese instante. Me di la vuelta de inmediato y retrocedí hasta chocar el pomo con mi espalda, completamente aterrada al encontrarme con aquella anciana que me observaba desde la puerta del baño. Había asomado la mitad de su rostro fuera del marco de la puerta, junto con una mano que tocaba nuevamente la pared. Se ocultó apenas me giré, pero juro que antes de volver a aquella oscuridad, me sonrió con una sonrisa diabólica y llena de unos negros y torcidos dientes. Solo dejando su mano afuera, que volvió a guardar lentamente, dejando una nueva huella de sangre en la pared. "Oh, Dios mío. Estoy encerrada con esa cosa... y va a matarme". —¡NOOO! ¡ALEJATE!. —Grité sujetando el cuchillo, ahora con ambas manos. Tardé unos pocos segundos en darme cuenta de que ahora la puerta del baño estaba abierta hasta la mitad, y que la luz dentro, estaba encendida. Me agaché, y recogí las llaves que habían caído al suelo, todo sin quitar la vista del baño. Fui acercándome lentamente, siempre con el cuchillo en frente y protegiéndome con él, de todo lo que pudiera lanzarse sobre mí. Estaba segura de que al asomarme, me encontraría de frente con la horrenda anciana y su espantosa mueca de dientes negros. Pero, al llegar hasta la puerta solo encontré el baño vacío. Como la luz continuaba encendida, pude ver claramente todo dentro del baño. Aún así, sentía esa energía, de que algo verdaderamente malo seguía allí adentro, tendiéndome una trampa, esperando pacientemente a que me acercara, y así atraparme con sus fauces y arrastrarme hasta la locura. Sentí como la piel se me erizaba, al ver con horror como la llave de la ducha comenzaba a moverse por sí sola, mientras escuchaba el agua caer sobre el piso. "Está en la regadera, quiere que entré al baño para matarme" Ese pensamiento me ayudo a reaccionar rápido. Agarré el pomo, y cerré la puerta de madera con fuerza. "Rápido, rápido" pensaba mientras introducía la llave en la cerradura. Escuché como la cortina de la ducha se corría hacía un lado, y algo verdaderamente malo, salía de ella. Solo un segundo bastó y pude escuchar el «Clic» de la cerradura trancándose. Entonces la puerta comenzó a sacudirse fuerte, mientras la anciana desde adentro trataba de hacer girar el pomo. Golpeaba la puerta irritada haciendo ese gemido que me parecía tan horrible. Retrocedí gritando, al momento que vi como comenzaba la madera de la puerta se sacudía. Levanté nuevamente el cuchillo, pero solo veía la puerta moverse ferozmente frente a mí. "No puedo perder tiempo, está encerrada... Debo irme, tengo que escapar". Corrí hasta mi habitación. Ahora en todo el departamento se podía escuchar la anciana enojada, batiendo la puerta. Me encontré encerrada entre las paredes de mi cuarto, mientras buscaba desesperadamente una salida. "La ventana, puedo salir por la ventana", corrí hasta ella, abriéndola de un solo tirón. Mi departamento se encontraba en el quinto piso del edificio, pero podía salir y caminar por el pequeño borde sobresaliente. Si lo lograba, podría llegar hasta el apartamento vecino. Pero al abrir la ventana lo que encontré fue una oscuridad total, una neblina negra que no me permitía ver nada más allá de mi nariz, una oscuridad inexplicable, que sabia que no formaba parte de mi mundo. "No importa, sal y camina por el sobresaliente de la pared" me dije en mi cabeza. Si lograba caminar con cuidado, pegada a la pared, llegaría hasta la ventana del apartamento de al lado y podría pedir que me dejasen entrar. Hice el ademán en tratar de subirme al marco de la ventana, pero... escuché como la puerta del baño comenzaba a abrirse lentamente. Me congelé. Quería salir por la ventana y escapar, pero a mi cabeza llegó la imagen de la anciana empujándome y lanzándome al oscuro vacío. Me di la vuelta rápido, y volví a levantar el cuchillo mientras temblaba. Comencé a caminar lentamente hasta la puerta de mi cuarto, estaba abierta, así que ella podría entrar si quisiera. No me daba el tiempo de cerrarla ya. "¿Por qué no entra?" Pensé mientras me acercaba lentamente. "Está ahí, está ahí y me va a matar". Fue mi mano con el cuchillo lo primero en asomarse al pasillo. Cualquiera hubiera podido quitármelo tranquilamente en ese momento, de lo nerviosa que yo estaba. Cada vez fui mostrándome un poco más, hasta que logré ver todo el pasillo. La puerta del baño seguía abierta y la luz dentro de él, estaba encendida. "¿Dónde estás?" Pensé confundida. Entonces, mi corazón se detuvo al escuchar a mi costado, ese horrible gemido agonizante nuevamente. Giré la cabeza, y ahí estaba ella, mirándome con esa espantosa sonrisa, de cuclillas en el marco de la ventana. Dio un salto desde la ventana, que estoy segura que es imposible para cualquier persona, y como si fuera un luchador mexicano, se lanzó sobre mí, tumbándome de espaldas en el suelo. El cuchillo salió de mi mano, y quedó fuera de mi alcance por escasos centímetros. La anciana comenzó a lanzarme sus arañazos que creaban pequeños, pero dolorosos desgarres en mi piel. Me tapé la cara con ambas manos, en un intento de proteger mis ojos. Pero ella tomó con fuerza mi cabeza, por mi cabello y mentón, y me azotó dos veces contra el piso, tan fuerte que estuvo por poco de dejarme inconsciente. Me giré a último momento, cuando tomo mi cabeza, así que la mayor parte del golpe se la llevo mi costado derecho del rostro, específicamente la zona alrededor de mi ojo. Quedé tan aturdida que todo se ralentizó a mi alrededor, la anciana sencillamente debió quitarse de encima de mí, porque yo no tenía las fuerzas para poder moverla por mí misma. Todo se puso borroso, y comencé a arrastrarme mientras sentía el dolor creciendo en mi cara. Con la yema de los dedos, sentí el mango de madera del cuchillo y lo tomé con fuerza. Debió ser un golpe de adrenalina, porque apenas sujeté el cuchillo, me levante ferozmente y lo enterré en su pecho, dejándome caer sobre ella. Ahora era yo quien la tumbaba de espaldas contra el suelo. Saqué el cuchillo y la sangre chispeo mi rostro, era negra, espesa y con un olor putrefacto. Sentí una rabia enorme dentro de mí y arremetí contra ella, una y otra vez, enterrando el cuchillo, sacándolo con fuerza y volviendo a apuñalarla nuevamente. Debí hacerlo 5 o 6 veces, porque cuando me di cuenta, ya estaba sin aire y cansada. La anciana lanzaba un quejido cada vez que la acuchillaba y comenzó a producir un extraño sonido. Pensé en su momento, que estaba chillando del dolor de las puñaladas. Pero fue cuando me detuve, dejando el cuchillo enterrado en su pecho y con el mango sobresaliendo de ella, que me di cuenta... Se estaba riendo. Retrocedí y quedé sentada en el piso, mientras negaba con la cabeza y comenzaba a llorar. La rabia se había ido y el miedo volvía nuevamente a apoderarse de mí. La anciana se levantó tranquila y sacó de un fuerte tirón el cuchillo de su pecho. De todas sus heridas brotaba aquella sangre asquerosa que ahora manchaba mi piso, paredes, y hasta un costado de la cama. Sin dejar de mirarme, comenzó a apuñalarse ella misma con el cuchillo en el estómago, lo sacaba y lo enterraba de nuevo mientras seguía con esa risa cruel, burlándose de mí. Volví a cerrar los ojos con fuerza y me dejé caer en el suelo, mientras adoptaba una posición fetal. "Solo deja que lo haga, ya no luches" me dije en mi mente desesperada. "Al principio va a doler mucho, pero luego el dolor sé ira disminuyendo hasta que desaparezca por completo... al final el dolor se detendrá para siempre". Todo se volvió tan silencioso, que solo podía escuchar mi propio llanto. El dolor en mi cara pasaba a volverse insoportable, sentía un bulto creciendo alrededor de mi ojo derecho. Yo solo esperaba con temor el momento en que la anciana enterrará el cuchillo en mí. Abrí los ojos, segura de que la encontraría a mi lado. Pero solo encontré el cuchillo, sobré el charco n***o que había dejado ella en el suelo. Me levanté temblorosa y al observar en todas direcciones, me di cuenta de que me encontraba de nuevo sola en el apartamento.
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