Ya había pasado la media noche y yo todavía no sentía nada de sueño, siempre era así, cada noche me desvelaba con mi celular, acostada y procrastinando hasta más no poder.
Vivía sola, apenas pude encontrar un trabajo remoto y con un buen sueldo, me fui de la casa de mi mamá... ¡Dios! Como amaba esa libertad, la soledad y la independencia.
Recuerdo que esa noche estaba chateando con alguien que conocí en la discoteca un par de noches atrás. Pero decidí dejar la conversación cuando se puso intenso, y comenzó a pedirme que le enviara fotos.
Madiel puso los ojos en blancos, mientras ponía cara de decepción.
—No era lo suficientemente lindo, ni inteligente para comenzar a pedirme Nudes tan pronto—
Valentina solo sonrió con algo de picardía en su Mirada.
Estaba pegada al celular, pero ya no había nada en el f*******: ni i********: que me llamara la atención, así que pensé que lo mejor era acostarme a dormir.
Es entonces que me llegó un mensaje de w******p. Era un compañero de trabajo, ni siquiera nos conocíamos en persona. Él era analista de Marketing y yo La diseñadora gráfica de un hotel en Chile. Pero habíamos simpatizado en las reuniones de Zoom y siempre nos enviábamos cosas por w******p.
la burbuja de chat venía pegado a ese link tan extraño.
recuerdo que le respondí.
Contestó
Respondí. .
—Disculpa que te interrumpa un momento —dijo Valentina, —¿en aquel entonces no era tan conocido todo lo relacionado con ABNF?
—Era todavía muy nuevo el tema, —contestó Madiel. —Si habían varios vídeos en YouTube. Más de un Gamer idiota intentó abrir la aplicación en un Live, pero nada que para mi fuera serio.
Ya existían muchos vídeos en t****k con voz de Loquendo, contando supuestas historias de supervivientes. Algunos decían que la aplicación te transportaba a otro lugar. Otros votaron la casa por la ventana, llegando a contar que viajabas al infierno donde el diablo te hacía un juicio.
Ahora sé que todos eran unos mentirosos, y que solo aprovechaban el tópico del momento para aumentar seguidores.
Pero si recuerdo un caso que llamo mucho mi atención cuando lo vi en YouTube. Era un niño de apenas 11 años, era demasiado pequeño, creo que paso en Canadá. Encontraron al muchacho en medio del bosque, luego de dos días de estar perdido. Había estado caminando todo ese tiempo sin detenerse. El vídeo mostraba el momento exacto en que los rescatistas lo auxiliaban dentro de una ambulancia. Recuerdo la mirada que tenía; Los ojos demasiado abiertos, casi no pestañeaba, tenia el cabello sucio y toda su ropa estaba rasgada por las ramas de los árboles.
Pero era esa mirada. El estado de Shock en que el niño se encontraba. Fue lo que se quedó grabado en mi mente. En sus ojos se notaba que él había experimentado algo espantoso.
Según lo que decían en el vídeo, el niño tomo el celular de su hermano mayor cuando estaban solos en casa, su hermano intento usar la aplicación, pero esta no le quiso abrir a él. El pequeño no tuvo la misma suerte.
Cuando me encontraron a mí, luego de esa noche. Yo tenía la misma mirada pérdida. Fue entonces que lo supe, El caso del niño Canadiense si había sido real.
—Bueno, —Madiel se recostó al espaldar de su silla en un movimiento rápido. —Disculpen, me estoy adelantado.
Recuerdo que Raúl me respondió que sí, que esa era la famosa aplicación. Ellos la había descargado, y esta se guardó perfectamente en el celular, pero cuando la instaló y trato de utilizarla, solo le decía que él no era un Usuario Válido. Exactamente como le dice a la gran mayoría que descarga la aplicación.
Aun así me paso en Link a mí y varios contactos, para ver quien se animaba a intentar instalarla. Yo fui la estúpida desafortunada de esa noche.
Tal como dijiste Valentina, el Link lleva a una página donde el navegador te advierte que no es una página segura. Omites la advertencia y listo, la famosa página en blanco con solo un link de descarga en el medio.
Le di al link sin pensarlo dos veces, y vi como comenzaba la descarga. 26 Megas pesaba ABNF, muy liviana para ser una aplicación que era capaz de hacer que te suicidaras, o en el mejor de los casos, decirte si al morir pararías en el infierno "El Diablo tiene un programador muy bueno".
Lancé el celular a la cama mientras apagaba las luces del apartamento. Volví y me dejé caer de espaldas sobre el colchón, me sentía agotada. Tomé el celular y la descarga ya estaba completa.
leí en la pantalla... Volví a darle Clic.
La visualización de la aplicación de verdad daba mucho que desear. Todo color blanco, con las letras ABNF en Arial cursiva. Como diseñadora gráfica lo odié. Recuerdo que pensé: "los Diseñadores Gráficos vamos todos al cielo, porque no pudieron conseguir uno bueno en el infierno".
Recuerda Valentina que en ese momento no me tomaba nada enserio eso de la aplicación. Para mí, solo era una ociosidad para antes de dormir.
Elegí el idioma, le eché una mirada rápida a la lista de opciones que había en la pantalla. Había tantos, muchos no los conocía. Confirme ahí que si era verdad eso de que la aplicación estaba disponible para todos los países del mundo.
Luego de escoger el idioma, la aplicación vuelve a mostrarte la pantalla en blanco, con un texto igualmente en el más simplón, Arial Cursivo:
Deja tus datos en los siguientes espacios.>
Seguí bajando, y ahí estaban los cuadros vacíos donde tenía que escribir mi nombre completo en uno, y en el otro cuadro mi fecha de nacimiento. Luego solo quedaba una opción disponible:
Volví a dar Clik, y la aplicación avanzo a una nueva imagen.
Esto último hizo que me riera, tenía mucha curiosidad por ver qué vendría a continuación. Así que como la propia estúpida volví a tocar en y lo que apareció entonces, fue un círculo en la pantalla donde dentro decía:
Lo hice, y vi como en esta se movía una línea. Parecía que estaba escaneando mi huella. Hubo un sonido, como de una alarma que me indicó que ya estaba listo.
Aquí es donde todo comenzó a ponerse raro.
Había llegado al punto donde la mayoría culmina su experiencia con ABNF. Aparecen las letras: USUARIO NO VALIDO, y finaliza todo. Haces un Capture a la pantalla y subes la imagen a tus historias, diciéndoles a todos que sobreviviste a la famosa aplicación asesina.
La verdad, para ese momento, pensaba que todo el tema no era más que una ridiculez. Imaginaba que debía haber en esos momentos unos programadores gordos en algún lado, masturbándose, y drogándose con todo el dinero que ganaban al vender nuestros datos a Hackers Rusos o Chinos.
Entonces la Pantalla mostró un mensaje totalmente distinto:
.
El celular se bloqueó, y me quedé observando mi propio reflejo en la pantalla.
-Qué porquería -recuerdo que me dije a mí misma. Estaba decepcionada, todo el asunto sobre ABNF me pareció una grandísima estafa.
-Entonces, la pantalla del celular se iluminó nuevamente, y pasó a sonar el tono de llamadas. Comencé a experimentar un sentimiento de que las cosas iban mal, es como cuando presientes algo feo, pero no sabes explicarlo.
Acerqué el teléfono a mi rostro y leí en la pantalla . "¿Acaso sería la Aplicación?" Obviamente lo era, lo último que me habían mostrado era que iba a recibir una llamada.
¿Pero? Yo jamás les había dado acceso a mi información del celular, tampoco les había permitido el acceso a mi galería, ni todas esas cosas que te dicen las aplicaciones cuando las instalas. Bien, ahora que lo pienso, esa aplicación nunca me había pedido acceso a nada. Cuando la estaba instalando no me pareció extraño, pero ahora sí que estaba comenzando a alarmarme. Ahí caí en cuenta que había descargado una aplicación ilegal que bien podía ser un programa malicioso. Accediendo a todos mis datos, carpetas y obviamente a mí número celular.
Me levanté de la cama, con el celular en la mano que seguía sonando insistentemente. Caminé hasta la cocina en búsqueda de un vaso de agua, para que me ayudara a apaciguar los nervios. El teléfono solo repicaba una y otra vez, mientras seguía anunciando aquella llamada entrante.
No sabía que hacer ¿Quién me llamaría? ¿Qué me iban a decir? ¿Qué tan peligroso era aquello? Me tomé casi todo el vaso de agua, mientras aquel timbre ridículo del celular seguía sonando.
Me serené un poco, pensé que estaba exagerando todo, y supe que solo había una forma de salir de dudas.
Así que conteste la llamada...
-Aló.
-Buenas noches, señorita Madiel. La estamos llamando de ABNF, referente a su solicitud para conocer si su alma está condenada al infierno.
La voz era de una mujer. Hablaba con seriedad y un tono muy tranquilo, como esas mujeres que te llaman de un Call Center para venderte algo.
-¿Cómo hacen para llamarme? ¿Si no les di mi número telefónico? ¿Con quien trabajan ustedes.
-Somos una organización independiente y no pertenecemos a ninguna empresa, logramos ubicarla gracias a los datos de usted que tenemos en nuestros archivos. Ahora agradeceríamos que por favor comenzáramos lo antes posible con la entrevista.
-Bueno esta bien... Comencemos entonces.
Recuerdo reírme mientras me sentaba y acomodaba en la pequeña mesa del comedor. Ya se había dispersado de mí aquella sensación de pánico y malicia. Ahora toda la situación la veía como algo curioso.
-Las siguientes preguntas serán sobre los hechos en su vida, que bien son posibles causas suficientes para condenar su alma. Usted conoce estas acciones como Pecados. Comenzaremos en el orden de la fecha en las que usted los realizó.
-Ok, claro, estoy esperando.
Ya me encontraba ansiosa, una parte dentro de mí quería colgar la llamada y dejar de perder el tiempo en esa ridiculez, estaba segura que aquello era una broma de Raúl, con alguna muchacha de cómplice. Seguro estaba grabando la llamada y riéndose de mí al otro lado del teléfono, pero seguí llevándoles la corriente porque quería ver que sucedería más adelante .
-Bien- Respondió la mujer -Primera pregunta ¿Por qué asesinó a Royer señorita Madiel?
-¡Ja ja ja! -gracias a Dios vivía sola, mi carcajada hubiera despertado a cualquiera en la habitación. -Estas equivocada amiga -respondí con los ojos vidriosos por la risa -Yo no conozco a ningún Royer, y tampoco recuerdo haber matado a ninguna persona en el pasado.
Hubo un leve silencio antes de que la mujer en el teléfono volviera a hablar.
-Royer no era una persona, era un animal, uno al que usted mató.
-Pues no, nunca maté ningún animalito, de hacerlo lo recordaría.
Creo que se confundieron de archivos, amiga -respondí sarcásticamente. -Seguro tiene el archivo de algún asesino serial o algo así.
-Fue cuando usted tenía 12 años. Royer era el perro de su hermano menor; Javier. Usted lo lanzó de las escaleras en la casa de su madre. Las que daban al solar sucio, lleno de basura y escombros. Usted hizo que Royer se rompiera el cuello ¿Recuerda?.
Me quedé en silencio en ese momento. La escena llegó como un disparo a mi mente. Me vi de niña pateando con fuerza el costado de un perro, era un Golden Retriever de apenas año medio. Lo pateé con toda la intención de sacarlo de la casa. Luego, me vi teniéndolo en mis manos, con la sangre saliendo de su hocico mientras agonizaba a mis píes.
-¿Por?... ¿Por que dice eso? -respondí casi murmurando.
-Porque fue así -respondió la mujer, demostrándome que escucho perfectamente.
-Eso es mentira. Yo, yo no mate a ningún Perro.
-Sabemos que sí lo hizo Señorita Madiel, pusimos nuestros ojos en usted desde ese momento ¿era la mascota de Javier, cierto? ¿Recuerda que él lo adoraba? Usted lo pateó con tanta fuerza, como un futbolista a un balón. ¿De cuánto fue la caída? ¿Cinco? ¿Seis metros? Tal vez fue la posición al caer, o los bloques de cemento esperándolo abajo. Pero, indiferentemente de los hechos. Fue usted quien lo mató.
Recuerdo que escuchaba mi respiración comenzando a agitarse. El micrófono grababa mi aliento y me devolvía el sonido al oído, mezclado con la voz de esa mujer.
-Usted nunca le dijo la verdad a su hermano, se quedó callada. Guardó silencio durante todos los días en los que su hermanito pequeño lloraba por su amigo al que usted le rompió el cuello.
-¡Eso es Mentiraaa! -ahora me sentía enojada. -¿Quién coño te dijo eso? ¡Mientes!, ¡ESTAS MINTIENDO!
Yo sabia muy bien que todo era verdad. Veía esos recuerdos como una película mientras aquella mujer me hablaba al otro lado de la línea.
-No -respondió secamente la mujer -Madiel, usted sabe claramente que no le estoy mintiendo.
Otra vez escuchaba mi respiración agitada entre sus palabras.
-¿Por qué lo hizo? ¿Envidia? ¿Celos? ¿O simplemente estaba despertando dentro de usted un instinto sádico y asesino, ¿acaso eran los comienzos de una lunática depravada que nacía ese día?. No Madiel, no nos equivocamos de archivo, aunque quizás si tuviste razón con eso del asesino serial. ¿Sabías que los asesinos en serie comienzan torturando y matando animales desde niños?
-¡YA BASTA! -grité enojada. -¡Yo no maté ningún puto perro!.
Ya para este punto estaba totalmente estresada. La mujer al otro lado debió adivinar que iba a colgar la llamada, porque de pronto escuché lo siguiente:
-¿Por qué lo hiciste Madiel?.
Ya no era la mujer quien hablaba.
-¿Sabías que yo amaba a Royer, ¿Tanto me odiabas que me hiciste eso? -Era la voz de un niño. -Pensaba que me querías, pero ahora entiendo que siempre fuiste una mentirosa.
Era la voz exacta de mi hermano Javier cuando era niño.
-Y ahora entiendo que siempre fuiste una ¡CERDA MALDITA Y MENTIROSA... Querías matarme a mí, pero como no pudiste mataste a mi perro, ¡PUTA!
Aquello ya había sido suficiente para mí. Colgué la llamada, y lance el celular en la mesa del comedor. Estaba asustada, nada de eso podía ser real. Otra vez esa sensación de alarma se disparó en mí.
Me serví otro vaso de agua y recuerdo beberlo completo de un solo trago. Comencé a calmarme poco a poco, y buscaba la lógica de lo que acababa de pasar.
¿Cómo esa mujer sabia aquellas cosas? ¿Y esa voz? Era la de mi hermano cuando niño, no tenía la menor duda. No encontraba ninguna explicación y comencé a angustiarme. El apartamento estaba helado por el aire acondicionado y aún así yo sudaba como si acabara de hacer ejercicio.
La pantalla del celular se iluminó mientras vibraba sobre la mesa, yo lo veía asustada, sentía mi corazón latiendo fuerte dentro de mi pecho. Pude leer nuevamente:
así que tomé el celular, y contesté:
-¡QUE MIERDA! ¡DEJENME EN PAZ!
-Le recordamos Señorita Madiel, que tiene que continuar hasta el final con la entrevista -aquella mujer hablaba con el mismo tono calmado de siempre.
-Tratar de abandonar antes de tiempo, sería una ruptura con el acuerdo inicial de la aplicación ABNF, y nos veríamos en la obligación de.
-¡VÁYANSE A LA PUTA MIERDA! -respondí alterada.
Luego volví a colgar el celular.
Arrojé el celular en la mesa, este volvió a sonar nuevamente, mientras la pantalla volvía a decir:
Me puse más nerviosa de lo que ya estaba, así que trate de apagarlo. Pero, presionaba el botón de apagado y este no quería aceptar la orden. El celular sonaba una y otra vez en mis manos, el tono de llamada retumbaba tan fuerte dentro de mi cabeza que sentía que me estaba volviendo loca.
Quité la tapa trasera y saqué la batería del teléfono, por fin se apago y el sonido se detuvo.
La pantalla se puso negra y recuerdo que sonreí. Comencé a jadear hasta que el jadeo se convirtió en risa, sentía que había ganado, que aquel momento tan extraño por fin había terminado.
Giré la cabeza, y vi el pasillo que llevaba de la cocina a mi habitación. Lo único en aquel pasillo era el baño pequeño de mi apartamento. La puerta del baño se encontraba abierta y con la luz apagada.
"¿Que extraño?" pensé. No recordaba haber dejado aquella puerta abierta. Pero si sabía que la luz estaba encendida. La luz del baño siempre la dejaba prendida "por cualquier emergencia nocturna" era una manía que traía desde la crianza con mi mamá.
Pero lo más raro de todo, era ese sentimiento de que aquella no era una oscuridad normal. No lo comprendía bien, pero sentía una rara carga dentro de aquella penumbra.
En la pared del fondo de mi baño, había una pequeña ventana superior. No era más grande que una caja de zapatos, y estaba en todo lo alto de la pared, sellada por un cristal empañado que permitía la entrada de luz de la calle. Por más oscura que estuviera la noche, siempre se colaba un poco de claridad, no mucha, pero si la suficiente para poder ver las siluetas de todos los objetos adentro.
Pero esta vez, todo se encontraba oculto dentro de una negrura espesa que impedía ver algo más allá del marco de la entrada.
Comencé a acercarme lentamente, sabía que era una muy mala idea, sentía un frío terrible recorriéndome por toda la espalda. Algo malo estaba adentro de esa habitación, podía jurarlo.
Cuando al fin quede parada frente al baño, y vi aquel vacío oscuro delante de mi. Sentí como si el tiempo se detuviera dentro de todo el apartamento. Todo quedó en absoluto silencio.
Y allí, frente aquella negrura, estaba yo, congelada en ese pasillo...
Entonces, pude ver como de la oscuridad salían unas manos largas y huesudas que venían hacia mi. Tenían unas uñas enormes y de un color verdoso con manchas moradas. Quise gritar, pero el grito no pudo salir de mi garganta.
De mi baño salió una mujer anciana. Era lo más horrible que había visto en mi vida. Su cabello era blanco con algunos mechones gris ceniza, sus ojos eran rojos y su boca mostraba unos pocos dientes negros. Como el de los viejos en los caseríos que pasan toda su vida comiendo Chimo. Esa mujer solo hacía un quejido horrendo que se escuchaba en todo el apartamento, era el quejido de un ser agonizante que se negaba a morir.
Traté de huir al verla salir del baño e intentar agarrarme. Pero no pude, estaba paralizada del miedo.
Mis rodillas me fallaron y caí al suelo. Giré sobre mí misma para tratar de huir, pero sentí como enterraba sus uñas en mi espalda. El dolor fue horrible, al sentir como cortaba mi piel con esas uñas tan duras como garras. Solo entonces logre gritar.
Se lanzó sobre mí. A pesar de ser una anciana esquelética, tuvo la fuerza suficiente para hacerme girar y poder tenerme frente a ella.
Yo estaba en shock, esa mujer era horrenda. Podía ver como se dibujaba una sonrisa en su espantosa cara al tenerla sobre mí. Yo lloraba sin parar mientras sentía que el corazón se me detendría en cualquier momento.
Vi la mano de la anciana levantarse, y adiviné que aquellas uñas dentro de poco se enterrarían en mi cara. Me Protegí con ambas manos y sentí los rasguños que me desgarraban la carne de los brazos. Grité del dolor mientras ella arremetía contra mí, una y otra vez.
Hasta que por fin sentí que todo se detuvo.
El apartamento quedó en completo silencio, yo seguía llorando mientras me cubría el rostro con mis brazos. Cuando me di cuenta de que la mujer había parado de atacarme, tomé valor y abrí los ojos...
La anciana se había ido.
Yo me encontraba tirada en el suelo, con la cara hinchada y húmeda por las lágrimas. Seguía agitada y tenía miedo de mirar a mi alrededor, tuve que esperar un momento antes de tomar el valor de levantarme.
Ya no había nadie más en el departamento.
Busqué los rasguños en mi piel, pero no tenia nada. Aun así podía sentir el dolor pulsante en mis brazos y espalda. Recordándome que todo había sido real.