Cap 4: El Segundo Pecado.

3569 Palabras
Me levanté asustada, y vi que la luz del baño estaba nuevamente encendida. Me acerqué lentamente, caminando temerosa y segura que al asomarme, encontraría de nuevo a aquella aterradora anciana lista para destriparme con sus garras. El baño estaba vacío. Dejé la luz encendida y cerré la puerta con prisa, como si adentro hubiera un león hambriento dispuesto a tumbar la puerta para devorarme. O en mi caso, algo mucho peor. Salte de miedo, al escuchar el teléfono que anunciaba una llamada entrante, no le había puesto la batería, pero ahí estaba sobre la mesa, con la pantalla iluminada donde podía leerse la palabra: . Yo no quería contestar, aún estaba muy alterada y con las lágrimas en mis ojos. Levanté el teléfono con las manos temblorosas y lo sentí más pesado que nunca, las palabras salieron muy suavemente de mi boca. —Aló —dije asustada. —Lamentamos lo recién ocurrido —dijo la mujer con mucha serenidad. —Esperamos que no vuelva a repetirse, claro, todo dependerá de usted. Le recordamos que tenemos que continuar con la entrevista hasta poder finalizar ¿Esta de acuerdo? —Por favor, Por favor... ya no quiero seguir, quiero que esto se acabe —respondí llorando. —Terminará pronto, solo responda las preguntas restantes y recibirá su resultado, ¿podemos continuar? ¿O es necesario que vuelva a recibir otra visita para hacerla reconsiderar? —¡No! ¡No por favor! Continuaré, pero de verdad, por favor ya no —Le rogué. —Muy Bien —Respondió la mujer con tal calma que me asustaba. —Próxima pregunta, señorita Madiel . cerré los ojos, como si estuviera a punto de recibir un golpe en el rostro. —¿Por qué permitió que violaran a su amiga Yoselin? —¿Qué? —pregunté confundida —¿Yoselin? Hacía mucho tiempo que la había olvidado, había sido mi mejor amiga desde la adolescencia, llevaba mucho sin saber nada de ella. —Yo jamás —dije nerviosa —Nunca, a ella jamás. —¡Miente! —respondió la mujer, cortando mis palabras antes de que las terminara. —Estaban en esa fiesta que era tan importante para usted, ¿Qué edad tenían? ¿16? ¿17 años?. Usted tuvo una idea fenomenal esa noche, le dijo a su mamá que se quedaría en casa de Yoselin. Mientras que a ella la convenció para que se escaparan en la madrugada, luego de que todos estuvieran dormidos, para ir a una fiesta. Usted sí que era una mala influencia señorita Madiel. —Pero no ocurrió nada —dije segura de aquello. —Fuimos a la fiesta, donde nos esperaba los muchachos con los que llevábamos tiempo saliendo, ni siquiera recuerdo sus nombres. Pero Yoselin y yo nunca nos separamos, estoy segura qué no le paso nada. Hubo un leve silencio... —¿Recuerda las condiciones en las que llevó a Yoselin a su casa? —pregunto la mujer, esta vez los recuerdos no eran tan claros como con Royer. —Creo que yo, creo que —me detuve, una imagen vaga llegó a mi mente. —Creó que, la llevé en mis hombros. Si, eso fue, casi cargada y recostada en mis hombros porque estaba muy borracha. —¿De verdad?—respondió la mujer con un tono de sarcasmo. —¿Pero? qué raro, señorita Madiel, según lo que sabemos, Yoselin jamás bebía. "Ella tiene razón" pensé, Yoselin era un pan de Dios, ella nunca probaba ni una gota de licor. Entonces las imágenes inundaron mi mente tan rápido. Recordé la música a todo volumen, recordé bailar y saltar en compás, con el mundo a mi alrededor. Recordé el olor de la marihuana que había en el aire, combinado con el dulce sabor del Vodka que bebí esa noche. También recordé los labios calientes de este muchacho y lo bien que se sentía cuando metía su lengua dentro de mi boca, su barba corta raspaba mi rostro haciéndome cosquillas. Me vi alejarme con él a una habitación de la casa, y al rato, cuando regrese, encontré a Yoselin recostada en el sofá de la sala, con todos bailando alrededor. "La música estaba muy alta" recordaba. "Casi no había luz, todos estaba muy oscuro" seguía reflexionando "¿y yo?, y yo estaba muy drogada" todo se iba aclarando en mi mente "¿y Yoselin muy ebria?" ¿pero Yoselin no bebía? No. no estaba ebria, ahora Madiel lo veía claramente. "Ella estaba inconsciente" —Usted abandonó a su amiga esa noche —habló la mujer, trayéndome de vuelta de mis pensamientos, —Usted se fue con ese muchacho y dejó a Yoselin con un completo desconocido. —No, no era un desconocido —dije defendiéndome —Era Pepe, Ya lo recuerdo. Se llamaban Pepe y Alberto, llevábamos tiempo conociéndolos, chateábamos en grupo siempre por Messenger y nos esperaban fuera del colegio. "Madi por favor, quiero irme a mi casa" recordé que Yoselin me dijo casi desmayada, cuando la encontré. "¿Irnos?, pero si ahora es que la fiesta se esta poniendo buena" le respondí. —Pepe vio como usted se alejaba con Alberto, luego de bailar toda la noche —respondió la mujer en la línea —Él no había tenido tanta suerte, Yoselin no era tan regalada como usted —aquel comentario me molesto por dentro, como si fuera una tuna enterrada pinchándome. "Madi por favor, quiero irme a mi casa" volví a escuchar dentro de mi cabeza a Yoselin. —Pepe había Bebido y fumado tanto como usted— continuó diciendo la mujer —pero Yoselin le había dicho que no, a todo lo que este le ofrecía, ella no se parecía en nada a ti, sabes, usted sí que era una manzana podrida. "Madi por favor quiero irme a mi casa" —No, no, yo no, yo nunca — No sabía que responder, estaba demasiado confundida. —imagino lo frustrante que debió ser para Pepe, ver como usted caía tan fácilmente, pero Yoselin no dejaba de rechazarlo —dijo la mujer. —Solo necesitó unas gotas en un refresco y Yoselin comenzó a marearse, ese era el plan B de la noche, si ustedes no querían colaborar... Pero usted si colaboró, usted siempre colaboraba muy fácil. —¡CALLATE! -respondí gritando, apreté tan fuerte el celular que pensé que iba a romperlo. —No necesitó mucho tiempo para que Yoselin comenzara a sentirse mareada. —¡CALLATE! ¡No quiero escucharte! ¡CALLATE! —Él le dijo que la llevaría a un sitio para que descansara, hasta sentirse mejor, pero en su mente tenía otros planes. "Madi por favor quiero irme a mi casa". —Mientras la ayudaba a caminar, Pepe metía sus manos pegajosas en su blusa, aprovechaba cada movimiento brusco para tocarla. —No, no, no. Por favor cállate —mi cabeza comenzaba a dolerme tan fuerte, que sentía que iba a reventar. "Madi por favor, quiero irme a mi casa" Volvía a oír dentro de mí. —Se suponía que usted debía cuidarla, Señorita Madiel —seguía hablando la mujer sin parar. —Pero solo pensabas en ti, ¿cierto? No le importó dejar a su amiga sola en manos de un depravado. —Ya por favor, por favor Cállese. Como deseaba colgar la llamada en ese momento, pero estaba tan asustada, y sabía que al colgar, la mujer del baño volvería por mi. "Madi por favor quiero irme a mi casa", aquellas palabras seguían paseándose en mi mente, decididas a no dejarme. Entonces la escuché al otro lado del tono... —¿Madi?. Reconocí la voz al instante... Ya no era la mujer quien hablaba. Era Yoselin. —Madi ¿A dónde fuiste? Se suponía que no íbamos a separarnos. El dolor de mi cabeza ahora era insoportable, recuerdo comenzar a halarme los cabellos en ese momento. —No, no puede ser. Tú no eres Yoselin —contesté. —Te busqué en Todas partes Madi, tenía mucho miedo, Pepe no paraba de intentar propasarse conmigo— era su voz, su dulce y tierna Voz. —No, tú no eres Yoselin, Tú no eres ella. Comencé a llorar nuevamente. —Trataba en todo momento de hacerme beber, pero yo no quería, su aliento apestaba a ron y siempre acercaba su rostro al mío, buscando besarme. —Tú no eres Yoselin, tú no eres Yoselin, tú no eres Yoselin, y esto no es real —repetía como estuviera rezando. —Le pedí a Pepe que por favor te buscará. Quería que se fuera, ya no lo soportaba. Él me dijo que estabas ocupada con Alberto, con aquella sonrisa morbosa que tanto me asustaba, pero yo le pedía a cada momento que por favor te trajera. Cuando por fin me lo quite de encima, pensé en salir, pensé en escaparme, sabía que no debía estar ahí, sabía que algo malo iba a pasar. Pero no pude dejarte, no podía irme sin mi mejor amiga. —Yoselin... yo —me detuve antes de continuar hablando "esa no es Yoselin" me dije a misma. —Pepe Volvió más pronto de lo que esperaba. —Continuo ella hablando por el celular, ignorándome. —Esa mirada de depredador seguía ahí, como la de un coyote rabioso a punto de devorar a su presa. Me trajo un trago, volví a rechazarlo, esta vez con obvio disgusto en mi cara. Me dijo que solo era refresco, que tratara de relajarme un poco y que sabía que debía tener sed, porque no había querido beber nada en toda la noche. "Esa no es Yoselin. No la escuches, ella no es Yoselin" trataba de repetirme en mi cabeza. Pero sus palabras se abrían paso en mis pensamientos y las volvía a escuchar de nuevo en mi mente: "Madi por favor quiero irme a mi casa" —En verdad, si tenía sed —continuó hablando. —Era un Vaso grande, de esos que te dan en el cine cuando compras un combo especial. El Hielo llegaba hasta el borde y podía verlo asomarse, sobre el n***o y burbujeante líquido. Llevé el vaso a mis labios y comencé a beber lo que creía que era una deliciosa y fría Pepsi. Mientras él no paraba de mirarme con esos ojos rojos y esa sonrisa enorme de cocodrilo. La música sonaba más alto que nunca, mientras todos bailaban y saltaban a mi alrededor, él se acercó de nuevo a mí y trató de poner su mano en mi cintura, me moví un poco para esquivarlo, pero ni siquiera lo miré, solo me concentré en ese refresco... Dios, sí que tenía sed. —Tú, no, eres, Yoselin —dije lo más calmada que pude, mientras sentía como el dolor se negaba a irse de mi cabeza. —Le dije que me iba, que por favor te avisará que tenía que regresarme a mi casa. —Siguió ella contándome. —Me di la vuelta, pero él me tomó fuerte de la mano. Trate de zafarme, pero se las arreglo para agarrarme de la muñeca. Me decía que no podía irme sin ti, que si quería, podíamos ir juntos a buscarte en los cuartos. Le respondí que no, que ya te había esperado demasiado, se ofreció entonces a llevarme, pero le dije que no nuevamente, que solo quería que me dejara tranquila. Logré soltarme de su agarre, y con la fuerza del impulso terminé retrocediendo y chocando con una pareja que bailaban, ellos ni siquiera se detuvieron a verme, continuaron bailando y besándose como si nada. Me recosté a la pared con una mano y comencé a sentirme extraña. La música ya no solo sonaba fuerte, ahora me molestaba y me aturdía mucho, comenzaba a perder el equilibrio. Pepe me sujetó con una mano y me tomó de la cadera, intente liberarme, pero me sentí tan débil en ese momento. Él me hablaba cerca al oído, pero casi no lo entendía, solo escuchaba la música. La escuchaba tan fuerte, estoy segura que me estaba diciendo que me veía mal, y que no podía dejarme ir así. A nadie la pareció extraño ver como me llevaban casi a rastras por las escaleras. —¡Cállate! Tú no eres Yoselin... ¡Cállaté! —quería gritarle, pero no podía, no me sentía enojada, solo lloraba con el celular pegado a mi oreja, igual que una adolescente que acababa de terminar con su novio por teléfono. —No me llevó a los cuartos, No. Estos estaban ocupados, uno por ti. Sabía lo que venía, no quería escucharla, pero igual seguía pegada a el celular, mientras lloraba sintiéndome culpable. —El baño fue lo único que encontró abierto. A veces pienso Madi, que si el baño hubiera estado ocupado, Pepe no hubiera podido hacer nada... Luego me siento como una estúpida, seguro hubiera sido capaz de violarme en ese pasillo. "Ella no es Yoselin Madiel, ella no es Yoselin" trataba de repetir en mi mente. —Cerró la puerta y me sentó en el inodoro, mi cabeza se movió tan fuerte hacia atrás, que de no ser por lo drogada que estaba, hubiese brincado del dolor. Se dio la vuelta y presiono el seguro. Luego escuché como se bajaba el cierre del pantalón. —Cállate —dije apretando los dientes. —Me pidió que abriera la boca, mientras se sacaba esa cosa asquerosa del bóxer. Yo no era más que un cadáver en vida, tuvo que halarme del cabello y abrirme el mismo la boca con su otra mano. —Cállate, por favor ya no más. No quiero escucharte —sentía una mezcla entre dolor, culpa e impotencia al mismo tiempo. —Él se reía Madi, se reía como si fuera una travesura lo que estaba haciendo conmigo. Estoy segura de que si no hubiera estado tan drogada, le abría vomitado encima. —No, no. Tú no eres Yoselin, Por favor Cállate. —Me manoseaba mientras yo yacía inmóvil, apretaba con fuerza mis pechos con una mano y se masturbaba con la otra. —Cállate, Ya Basta, Callate. —bajó a mi altura, mientras me quitaba los zapatos. El pantalón me lo quito de un solo tirón junto con la ropa interior. —Tú No Eres Yoselin. Maldita sea, ya deja de hablar. —No tuvo compasión conmigo, yo solo podía quejarme con la poca voz que me quedaba, mientras él entraba dentro de mí y me tomaba con fuerza. No bonito como dos personas que se aman, con fuerza como si yo fuera una animal asquerosa. —Ya Basta, no te quiero escuchar más ¡Cállate!. —Yo solo lloraba Madi, no entendía por qué me estaba pasando eso. Esa no era la forma cómo yo quería que fuera mi primera vez. Me preguntaba donde estabas tú, ¿dónde estaba mi amiga? Se suponía que tenías que cuidarme. —¡YA CÁLLATE MALDITA!, ¡TÚ NO ERES YOSELIN! ¡TÚ NO ERES ELLA! —Tú eras la que quería ir a la fiesta, tú eras la que querías escaparte para verte con Alberto, así que tú tenías que ser a la que debían violar, no a mí. —¡YA BASTA! ¡CALLATE! PARA!. —¡Era a ti a la debían violar una y otra vez en ese baño sucio y asqueroso, como la perra maldita y malnacida que eres Madi! —¡CALLATE!. Comencé a llorar más fuerte, luego de gritarle, use la mano que tenía libre para tapar mis ojos, pero era imposible evitar que salieran las lágrimas. No dejaba de imaginarme todo lo que ella me estaba contando. Lo veía en mi mente, tan vívidamente que me asustaba. Sentía una rabia enorme, contra Pepe, por lo que hizo, pero más por mí. Entonces Yoselin, o eso que fingía ser Yoselin comenzó a reírse. No era una risa cualquiera, se reía como la propia lunática mientras volvía a hablarme. —¡Ja,Ja,Ja,Ja,Ja!, si pudieras, ¡Ja,Ja,Ja!, si pudieras verte como te veo en este momento Madi, ¡Ja,Ja,Ja,Ja,Ja¡ De verdad, como deseé esto desde el día que me quité la vida. ¡Ja,Ja,Ja! ¡Ja,Ja! ¡Ja,Ja,Ja,Ja,Ja! Esas palabras fueron como un espantoso frío que sentí en mi nuca. —¿Qué?— Dije consternada. —¿Qué fue que dijiste? —¡Ja,ja,ja,ja! ¿De verdad no lo sabías Madi? ¡Ja,ja,ja,ja! Llevas un buen rato hablando con una muerta ¡Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja!. —Su risa ya no solo era la de una lunática. Había algo diabólico en ella. —Eso es —me detuve dudosa. —No, no, eso es mentira. —¡Ja,ja,ja,ja! Madi toma otro vaso de agua, estás pálida ¡Ja,ja,ja,ja,ja! —No, No,no,no, eso es mentira. Tú no eres Yoselin, y nada de esto está pasando en verdad. Los ojos comenzaban a arderme, de tanto restregarme las lágrimas, mi nariz era ahora un río de mocos de lo floja que estaba, sentía que en cualquier momento iba a vomitar. —Deja que te cuente Madi —hablo con ese tono burlón —de verdad trate de llevar todo yo sola, sin contárselo a nadie, y menos sin contártelo a ti. La culpable de todo. Podían pasar los años, pero el recuerdo de ese día me perseguía siempre. Los ojos rojos de Pepe y su asqueroso aliento a licor. Ese asco a mi misma, se alimentaba de mi energía, todos los días me acosaba, y no me dejaba en paz en ningún momento. Pensé tantas veces en contarle a alguien, pero el miedo y la vergüenza hacían que me congelara. Pepe con sus ojos rojos se convirtió en un fantasma que me acosaba cada noche. Cuando comenzaron las pesadillas, todo fue empeorando demasiado rápido. Me despertaba empapada en sudor y con esa horrible sensación de que lo encontraría arriba de mí. Había aguantado muchos años, pero... Aquello ya no era vida, no quería continuar así. Fue entonces que comencé a ver la muerte como una hermosa salida de tanto dolor. Una mañana que desperté con mis pesadillas recurrentes, decidí que ya no más. Entré a mi baño, y reviví ese asqueroso momento. Ya no importaba si estaba dormida o despierta. La pesadilla nunca acababa. Me decía a mí misma que lo hiciera, quería que todo terminara. Ya estaba cansada, no quería sufrir más. Tomé la navaja de afeitar de mi papá y saque las hojillas del estuche, y con ella comencé a rasgar la carne suave de mis muñecas. —No, por favor detenté, no más, ya no más, por favor —rogué llorando. —La sangre comenzó a salir por montones Madi, me dolía, me dolía mucho. Pero más dolía seguir cada día oliendo aquel aliento a licor y viendo aquellos ojos rojos en mi mente. A los minutos caí desmayada en el suelo, con toda la sangre derramándose en mi cuerpo. Lo había hecho bien, cortes grandes y paralelos a mis brazos, para evitar que trancaran la hemorragia. Fue mi papá quien me encontró, mi mamá lo envió a mi cuarto a buscarme cuando se extrañó, porque no había bajado aún. Papá se preocupó al ver que no le respondía, abrió la puerta del cuarto, y al no encontrarme en la cama, supo que solo podía estar en el baño. Cuando tampoco contesté, pateó tan fuerte la puerta que rompió la cerradura. Me encontró en el suelo, a su niña. Yo estaba bañada en sangre, muerta sobre un charco rojo que salía del caudal de mis muñecas. Me llevaron a un hospital, pero no sirvió de nada. Yo ya estaba muerta desde antes de salir de la casa, incluso Mucho antes de eso... Morí el día que fui violaba en ese baño asqueroso, mientras tú gemías como perra a pocos metros de mí. —No, yo no... Lo siento, no sabes cuanto lo siento. —Debiste haber sido tú la que pasara por todo eso Madi, debiste ser tú a quien violaran hasta hacerla sangrar, no yo. —Perdón, por favor basta, por favor detente. —¡Destruiste mi vida Madiel!, ¡tú fuiste la que me mataste Maldita Puta!. ¡A ti es quien debieron encontrar tirada en el piso! ¡Perra!. En lo que Yoselin dijo aquellas palabras, grité del dolor al sentir como se abría la carne de mis muñecas. —¡¿Que es esto?!— chillé viendo como se formaban unas cortadas de la nada, como si en el aire hubiera unas cuchillas que no podía ver, y estas rasgaran mi piel. —Ja,ja,ja,ja,ja! ¿TE GUSTA MADI? ¿TE GUSTA COMO SE SIENTE?. Yo había dejado caer el celular al piso al sentir aquel horrible dolor, pero la escuchaba hablar tan claramente a traves de él, como si hubiera activado el altavoz —¡Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja! —reía sin parar mientras yo veía horrorizada los hilos gruesos de sangre que brotaban de mis venas rotas. Grité del dolor, Presionando mis muñecas contra mi cuerpo, manchándome todo el pecho con aquel coctel rojo de sangre. —¡Ja,ja,ja,ja,ja! ¡TE ESTOY ESPERANDO PUTA! ¡TODOS TE ESTAMOS ESPERANDO AQUÍ EN EL INFIERNO PARA ENSEÑARTE EL VERDADERO DOLOR! ¡JA,JA,JA,JA,JA,JA! Le di una patada al celular, que lo hizo rodar por todo el suelo, se detuvo al chocar contra la pared de mi cuarto y entonces escuche un «Craaash» Que me hizo saber que se había roto la pantalla. El teléfono se apagó, quedando todo en completo silencio. Las cortadas en mis brazos habían desaparecido.
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