Narra Isaac
Desperté sintiendo como Noah me rodeaba por la cintura abrazándome por la espalda. Mi cara comenzó a arder al sentirlo tan cerca; me siento realmente estúpido al sentir como me sonrojo cuando se acerca tanto a mí a pesar de que se me ha acercado y me ha besado ya varias veces. Intenté levantarme, pero él no me lo permitió aferrándose más a mí, haciendo que nuestros cuerpos se pegaran más de lo que lo estábamos antes. Decidí, entonces, quedarme acostado con él hasta que se levantase. Así, pasaron un par de horas en las que no me pude mover más que para girarme hacia él y mirarlo.
—Buenos días —dijo cuando al fin despertó—. ¿A qué hora te has despertado? —preguntó con la voz ronca volviendo a cerrar los ojos.
—No lo sé, no me has dejado levantarme de la cama —abrió los ojos rápidamente al escucharme.
—¿Eh? Lo siento —apartó sus brazos de mi cintura rápidamente—. Supongo que no quiero dejar que te alejes de mí —mi rostro comenzó a arder al escuchar ese comentario; ¿por qué me sonrojo así solo por eso? Me siento realmente idiota.
—N-no digas cosas así, Noah —me giré dándole la espalda—. Ha-haces que me sienta raro —tapé mi cara con mis manos a pesar de que sabía que él no podía verme.
—Oh Isaac, eres tan lindo.
Sentí sus brazos rodearme la cintura nuevamente, luego sentí su respiración chocar contra mi nuca provocándome un escalofrío que hizo que todo mi cuerpo se estremeciera. Me siento tan extraño cuando estoy con él; cuando se comporta así conmigo.
—¿Me dejas verte la cara? —negué con la cabeza—. ¿Por qué no? —no contesté, él se acomodó, cruzó su brazo por entre medio de los míos y me tomó del mentón. Ahora me encontraba boca arriba con las manos cubriéndome el rostro y con él intentando verme—. Anda, no seas así, déjame verte el rostro —apartó lentamente mis manos de mi rostro, lo miré avergonzado, él simplemente me sonrió y me dio un corto beso, luego otro y otro.
—P-para... —lo aparté un poco cuando pude—. ¿Q-qué pensarían tus abuelos si nos vieran así? —él me miró un momento con semblante pensativo.
—A mi abuela no le importará, aunque a mi abuelo seguramente le cueste un poco aceptar que su nieto esté con un chico, pero dudo que le dure mucho la incomodidad, mi abuela lo convencería de que nos deje tranquilos —sonrió—. No te preocupes tanto por ellos —acarició mi mejilla—. Mis abuelos no son como mi padre y mi hermano, ellos nunca aprobaron que mi padre esté metido en esto. Piensa que, si no te quisieran conmigo, no estarías aquí ahora —asentí, él volvió a sonreír, para luego acercarse nuevamente a mi rostro. Cerré los ojos rápidamente sabiendo que se había acercado para besarme.
Pasamos un rato acostados jugando así; al parecer, a él le gusta hacerme sonrojar cada vez que puede besándome. Decidimos parar de jugar cuando nos dimos cuenta de que habíamos pasado un par de horas acostados. Pronto vendrían a llamarnos para desayunar si no bajábamos ahora. Ambos nos levantamos y, luego de alistarnos, bajamos a desayunar.
—Buenos días, niños —dijo la abuela de Noah sonriéndonos—. ¿Han dormido bien? —ambos asentimos sentándonos en la mesa.
Mientras esperábamos que nos sirvieran el desayuno, paseé la mirada por el comedor, observando detenidamente el lugar, cosa que no había hecho cuando llegué. De repente, sentí una mirada fija en mí; al principio creí que era Noah, pero, cuando me giré hacia él, pude ver que, en realidad, era su abuelo quien me miraba seriamente. Aparté rápidamente la mirada de él sintiéndome nervioso. Sentí la mano de Noah tomando la mía por debajo de la mesa; seguramente se había dado cuenta de lo que acababa de pasar. Mis mejillas comenzaron a arder levemente cuando entrelazó nuestros dedos.
—¿No le apena que sus abuelos nos vea tomados de la mano? —me pregunté mirándolo de reojo, él se encontraba realmente tranquilo, como si sus abuelos no se encontraran en la mesa con nosotros.
Solté rápidamente su mano cuando su abuela se nos acercó para servirnos el desayuno. Al levantar la vista hacia ella, me sonrió cariñosamente; no parecía haberse dado cuenta de que Noah me había tomado de la mano.
Ambos comimos lo más rápido que pudimos para salir al patio trasero. Cuando estuvimos fuera, nos sentamos contra la cerca de madera y nos pusimos a hablar de banalidades, riéndonos cada tanto por alguna estupidez que se nos ocurría. Realmente me gusta estar así de tranquilo con él; realmente espero que todo salga bien para poder irme a donde sea con Noah.
—Será un infierno volver al campo de trabajo —dije acomodando mi cabeza en su hombro, sentí que él tomaba mi mano y la apretaba levemente.
—No me recuerdes que tienes que volver a ese lugar... —escuché un suspiro por su parte—. Al menos tenemos hasta mañana por la tarde —recostó su cabeza sobre la mía.
—No pienses en eso, Noah —acaricié con mi pulgar el dorso de su mano—. Solo aprovecha que aún me tienes aquí —dicho esto, sentí como se apartaba un poco de mí, levanté la mirada hacia él, ni bien lo hice, Noah me besó. Mi cara comenzó a arder por el beso sorpresivo, pero, aun así, le correspondí. De repente rodeó mi cintura con sus brazos, haciendo que mi cara ardiera más.
—Realmente me costará tenerte del otro lado del cerco —susurró cuando se separó de mí—. No aguantaré tenerte tan lejos luego de haber podido abrazarte mientras dormíamos —volvió a susurrar dándome un pequeño beso.
—No digas esas cosas Noah. Pronto estaremos juntos todo el tiempo que quieras —acaricié su mejilla consiguiendo que me mostrara una pequeña sonrisa—. No estés triste, ¿sí? Aún podemos vernos donde siempre —asintió, me dio un último pequeño beso para luego sentarse como lo estaba antes. Nos quedamos callados por unos minutos, disfrutando de la tranquilidad que teníamos aún.
-----------------------------------------------------------------------------
Eran alrededor de las siete de la tarde, Noah y yo habíamos salido ya de darnos un baño y nos encontrábamos sentados en su cama. Él se secaba el cabello con una toalla, mientras yo me dedicaba a mirarlo. Solté una pequeña risa cuando Noah terminó de secarse el cabello.
—Aún tenemos tiempo antes de cenar, ¿qué quieres hacer? —preguntó volviéndose hacia mí, yo simplemente lo miré; no tenía muchas ganas de hacer algo, simplemente quería disfrutar el poco tiempo que teníamos juntos—. ¿quieres hacer algo? —negué con la cabeza.
—Solo quiero estar contigo —él me sonrió y se acostó a mi lado.
—Está bien —volvió a sonreírme, para luego pasar su mano por mi mejilla acariciándola delicadamente.
Cerré los ojos e inhalé profundo; ésta es la última noche que paso con Noah en este cuarto, quiero tener muy presente su perfume cuando vuelva al campo de trabajo. Tomé su mano y entrelacé nuestros dedos volviendo a mirarlo, él me sonrió para luego besarme en la mejilla.
—Extrañaré mucho tenerte aquí —dijo con la voz algo quebrada; más allá de extrañarme, sé que lo que le preocupa es que Kaiser me ponga las manos encima, sé que le preocupa que me lastimen—. Extrañaré poder tenerte tan cerca-soltó mi mano para posar la suya en mi cintura acercándome a él. Por mi parte, me acomodé contra su pecho. Volví a respirar profundo al sentir su perfume aún más fuerte que antes. Cerré los ojos sosegado, completamente relajado; empieza a ser una costumbre sentirme así con él.
Desperté con los primeros rayos del sol que se filtraban a través de la ventana. Me senté en la cama y, al mirar a mi lado, vi a Noah durmiendo profundamente. Tomé un reloj de pulsera que tenía Noah sobre su mesa de luz y lo miré, apenas eran las cinco y media de la mañana. Volví a recostarme tratando de recordar en qué momento me había quedado dormido; seguramente, cuando estaba abrazado a Noah, cuando logré calmar del todo mi mente. Volteé nuevamente hacia él, sonriendo al ver su rostro tan tranquilo como lo estaba.
—Esto es lo que más extrañaré —susurré acomodándome más cerca de él—. Extrañaré tenerte tan cerca y verte dormir —me acurruqué nuevamente contra él, logrando que me abrazara sin despertarlo.
Extrañaré tenerlo tan cerca de mí, extrañaré poder sentir sus abrazos y sus besos; poder tener todos los cuidados que siempre me ha prometido antes de poder estar cerca. Con sumo cuidado, me acerqué a su rostro y le di un pequeño beso en los labios, él, para mi suerte, no se había despertado, su única reacción fue mostrarme una pequeña sonrisa aun estando dormido.
—De verdad se ve lindo así —pensé sonriendo como un idiota.