—¡¿Solo hasta ahora me informas que la maldita mujer está en Washington?! —reclamó Anne al investigador privado. —No vi riesgo alguno porque la señora no se trasladó hacia el centro, todo mostraba ser un simple traslado aunado a que aquí vive su hermana, estimé que solo vino a visitarla, jamás podría deducir que se encontraría con el presidente aquí —se excusó el hombre. —¡Eres un inútil! —le gritó en una reacción un tanto irracional—. Te he pagado mucho dinero para que me salgas con este chorro de babas. El hombre al otro lado de la línea decidió no seguirle respondiendo y optó por mantenerse a esperar que otra barbaridad le fuera a decir la mujer histérica. Sabe de su carácter difícil pero no de sus explosiones, y esta era la muestra del error de haber aceptado ese trabajo. —Envíame

