Detenidos en la entrada de la casa de George, ambos se quedaron mirando al vacío. Friedrich estaba experimentando una sensación de desconcierto y desolación por lo que había hecho su esposa, jamás imaginó estar viviendo semejante situación a sus setenta años. Aceptó que George había tomado una decisión que afectaba no solo a su familia, sino también a la reputación y el honor del apellido Gautier. Se sentía orgulloso por él, no es fácil poner en una balanza a un hijo de un lado y a una madre del otro, y por lo que interpreta de lo sucedido, George no se dio tiempo a ponerlos en una balanza, sabía que sus principios eran tales que no tuvo necesidad de pensar ni dudar en quien elegir frente a la avalancha de acusaciones y señalamientos que se vendrían en su contra. En ese momento, su hijo

