CAPÍTULO CINCO: ARRIBO A HIRAETH

2139 Palabras
Punto de vista de Ryan El mundo a nuestro alrededor todavía era un desastre, y muchas bombas seguían estallando día con día, pero hacíamos oídos sordos, y llegamos hasta aquí. Blake aún debía guardar reposo, pero adquirió un compromiso que, mal que bien, logró sacarlo del jaleo en el que se encontraba inmerso. Mi vida tampoco es que fuera de rositas, por lo que terminamos al otro lado del globo con mucho gusto, pues huir de la realidad a veces no estaba mal. Mi avión privado aterrizó en el amplio Aeropuerto Internacional de Hiraeth y, tras completar las preparaciones, Blake bajó llevando a Colin de la mano, y yo me encargué de tomar su bolso y el mío y los seguí. Detrás se hallaban el piloto y los dos asistentes, quienes tendrían unas vacaciones con todos los gastos pagos en estas hermosas tierras por los siguientes días. Ellos encantados. Apenas llegar abajo, vi a un hombre castaño que tenía más o menos nuestra edad a simple vista. Él vestía de traje n***o y portaba el emblema de la Casa Real de los Kuir, además de un auricular en una de sus orejas. —Muy buenas tardes, señor Maier, señor Daft, señorito Colin —saludó con formalidad. Blake se adelantó y le ofreció un apretón de manos al que el otro accedió con ciertas dudas, quizás porque por su trabajo no acostumbraba esta clase de tratos. —Es un placer volver a verte, Tom. —Gracias por venir, señor Maier —contestó él en un perfecto inglés que no me sorprendió, porque debía saberlo para ser escolta de un Rey. Di un par de pasos y también saludé, y el enanito hizo lo propio. Luego, Thomas Roberts, el jefe de la Guardia Real, nos llevó a una limusina que aguardaba por nosotros. Por ahí vi a un par de reporteros tomando fotos, lo que llamó mi atención, pero atribuí al hecho de que los paparazzi siempre estaban al pendiente de todo y todos los que se relacionaban con cualquier Casa Real en este planeta. —Sí que tienes un amigo curioso, Blake —mascullé con obvia sospecha al pelirrojo que iba a mi lado en lo que entrábamos al auto que, vaya, vaya, tenía una silla de bebé preparada para el nene. Él sonrió y se encogió de hombros como si nada. —Solo hace esto porque es un chico bastante particular; además, nos conocemos desde que él era un crío, así que no te preocupes por nada. Me dio un codazo leve por lo que solté un suspiro y me removí el pelo. ¿Qué pensarías si a tu hombre lo mandan a buscar con guardia, limusina y tanta pompa? ¿En especial si es otro hombre? —Papi, ¿ques que Camadan se aquerde de mí? —inquirió Colin a su padre—, yo no do recuedo, pedo no se do digas, ¿okei? Se me escapó una risilla al oír eso, en tanto el padre de la criatura acarició su cabecita con cuidado. —Él te recuerda, y también tiene muchas ganas de verte, cariño. —¡¿En tedio?! —Los ojos del ni.ño centellearon en emoción—. ¡Un Dey quede verme, soy fantasdico! En el asiento delantero, junto al conductor, pude ver que el tal Tom se llevó la mano a la boca para reprimir una risilla, en tanto el que iba a su lado, Peter, se lo quedó viendo con curiosidad. Llegamos al Palacio, una propiedad que se encontraba al final de una larga avenida, en lo alto, con piedra por todas partes y unos acabados que me dejaron impresionado. El auto se detuvo justo frente al portal, y enseguida vi salir a un muchacho alto y bien torneado que vestía con traje de dos piezas. Al pisar la calzada, el muchacho enseguida se acercó y, lejano al apretón de manos que esperaba, abrazó a Blake como si se tratara de un familiar muy cercano, —¡Blake, qué gusto verte! —espetó animado. Mi novio también lo abrazó con complacencia y se dieron unas palmaditas antes de separarse, en medio de un ambiente muy ameno y dicharachero. —Muchas gracias por invitarnos. —Él volteó a verme y me acerqué por instinto en medio de mi impresión—. Cameron, este es Ryan, de seguro has oído hablar de él, es mi novio —me presentó directamente. Abrí de más los ojos al ver al muchacho que, aunque yo medía más o menos metro noventa, me sacaba como treinta centímetros, y su sonrisa calma me tomó desprevenido. —Ryan, este es Cameron Kuir III, Rey de Hiraeth. —Blake, sabes que no me gusta que me presentes así con los amigos… Soy solo Cameron —dijo el pelinegro y me miró—. Es un gusto conocerte al fin, Ryan. Estiró la mano y me ofreció un apretón que acepté sin pena. Entonces, sentí que me jalaban de la pierna del pantalón y, al bajar la vista, encontré los ojos brillantes de un Colin que me hizo señas con ellos para que lo hiciera notar con el Rey. No obstante, este se adelantó, se agachó sin cuidado en pleno portal y le estiró la mano. —Hola, Colin, quizás no me recuerdes, pero soy Cameron, un amigo de tu papá. Los ojitos del nene brillaron y agarró aquella mano como si fuese de seda. —Divirtámonos juntos estos días, ¿te parece? La ilusión lo bañó y asintió una y otra vez con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra. El más alto se dio cuenta de eso, por lo que se levantó e inició una corta charla con el mayor. Entonces, Colin volteó hacia mí y me estiró los brazos con el solo deseo de que lo cargara. Sonreí y lo alcé como si nada, sin embargo, cuando llegó arriba, el chiquitín se apretó en mi pecho con fuerza y empezó a removerse. —¡Oye, ¿qué pasa?! —espeté extrañado. Su padre y el otro nos miraron. —Shhhh, papi Ryan, ¡sidencio! —chilló bajo y, por reflejo, me volteé—, es que… —Se separó para mirarme con los ojos bien abiertos y la cara tan roja como su pelo—. ¡Es un Dey de veddad! —Estiró los brazos como si aquello fuese realmente importante. Yo solo pude reír y abrazarlo contra mi pecho. Siempre descubría aspectos nuevos de este ni.ño que me sorprendían a diario. Me lo llevé así, metidito en el abrazo, al interior del enorme palacio. Este lugar era grande en toda regla, y no era para menos al ser un palacio real, por lo que aluciné incluso al pasar al ala para invitados, donde se nos presentó un departamento privado con un cuarto para Colin y otro para los dos. Al pasar por la habitación para el ni.ño, me sorprendió descubrir que tenía una cama baja preparada en especial para él, quien no dudó en salir corriendo y tirarse ahí como si fuese nieve, para comenzar a hacer angelitos de sábanas; sin embargo, cuando Blake entró con sus cosas y se dispuso a empezar a sacarlas, se sentó de golpe y gritó: —¡No, papi! El Dey Camadan y yo vamo a detempacal. —Tiró la vista al más alto—, ¿Vedad? Y el susodicho no pudo resistir esa mirada de cachorrito que lo hizo entrar al cuarto con una enorme sonrisa y afirmar que él se haría cargo de todo. Ese era Colin Arthur Maier, tres años y cuatro meses, capaz de someter a un Rey de un país lejano. Mis respetos. Con las cosas así, Blake y yo fuimos al final del pasillo, a un enorme dormitorio que incluso tenía una estancia con sofá incluido y otros lujos, y cerré la puerta tras de mí al ser el último en pasar. —Demonios, este lugar es impresionante… ¿cómo rayos es que conociste a un tipo así? —inquirí tras dejar nuestros bolsos a un lado. —Lo conocí en la boda de su madre. Su padrastro era socio de mi padre, así que fui a Francia a su boda en representación suya porque estaba enfermo —contestó el pelirrojo, cayendo de sentón en la cama. —Oh… ya veo. Me has hablado de él antes, pero de verdad no esperé que fueran tan buenos amigos. —Cameron es un buen chico, tiene muchas buenas ideas para su país. Me senté al otro lado de la cama para abrir mi bolso y empezar a sacar lo básico: cargadores y medicinas que puse en la mesa de noche. —Entonces, ¿qué vamos a hacer aquí? —cuestioné, no muy seguro y recordando una vieja charla. —Vacaciones. La simpleza en sus palabras me hizo voltear a verlo con curiosidad. —¿En serio? Pensé que te trajo aquí por algo super importante. —También es por eso, pero ahí solo entro yo. —El pelirrojo se levantó y rodeó la cama despacio—. Este es un país precioso, podemos gastar un poco de tiempo recorriéndolo. Además, ¿no te diste cuenta de que tenemos a un pequeño cupido entre los dos? No pude evitar sonreír al pensar en el pequeño Colin y me dejé caer hacia atrás en el colchón, viéndolo desde esa posición con toda su majestuosidad. —¿Cómo podemos hacer que Colin sea un bebé para siempre? No quiero que crezca —espeté casi rezongando y resoplé. Escuché una risilla traviesa de mi hombre, ese que se sentó con cierta dificultad a mi lado y bajó a besarme los labios. —Por desgracia para ambos, ese hermoso bebé se volverá todo un hombre en cuestión de nada. Fruncí el cejo y, de la nada, escuché que tocaban la puerta. Blake se enderezó y autorizó el paso. Cameron abrió la puerta, y un raudo Colin entró gritando como un loquito: —Papiiii, papi Ryaaaan, ed tío Camadan dice que habá un baide de Tan Vadentín, ¡¿podemod id?! ¡Idemos, ¿idemos?! «Papi, papi Ryan, el tío Cameron dice que habrá un baile de San Valentín, ¡¿podemos ir?! ¡iremos, ¿iremos?!», era la traducción oficial de su arrebato. Blake recibió al pequeño y lo sentó en su regazo. —Le dije que hacíamos un baile para ni.ños donde se suele invitar a los más pequeños de la sociedad de Hiraeth, y de diferentes partes del mundo, para fomentar la diversidad y cooperación, y se emocionó todo —comentó Cameron desde la puerta. —Vo a conoced a mutos ni.ños, ¿veddad? Solté la risa y me quedé viendo al padre de la criatura, que a su vez miraba a un rey que se encogió de hombros con una expresión tipo «yo no fui». —Bueno, si no hay problema con que él vaya… —No lo hay. Le pediré a Donovan que lo acompañe y custodie, ya que ustedes deben asistir al baile para mayores. —¿En serio? —Blake frunció el cejo y con voz inquieta. En eso supe que dudaba por lo que pasó apenas hacía tres semanas; después de todo, aunque fue en defensa propia, Blake ma.tó a Jared Harrison en la sala de su propia casa, y quedó herido, noticia que no tardó en darle la vuelta al mundo. De hecho, en teoría no debíamos estar aquí porque, aunque la bala se alojó en la región pélvica, y al final no resultó ser tan grave, debía mantenerse en reposo. No obstante, todos necesitábamos un respiro. —No le prestes atención a eso, Blake. Este es un país libre y, como el anfitrión, puedo invitar a quien quiera a la fiesta. Si alguien dice algo, simplemente lo sacaré. La gente que no conoce la verdad de las cosas siempre habla mi.erda, a esos los ignoro. Abrí de más los ojos al escuchar al tipo decir «mi.erda» aún con su porte tan distinguido, y mi opinión de él cambió al instante, al punto de que me levanté, caminé en su dirección y le ofrecí un apretón de manos. —Señor Kuir, me acaba de caer muchísimo mejor que antes. Cameron sonrió y lo aceptó con gusto. —Bueno, ¿les parece si vamos a tomar la comida? Estoy seguro de que tienen hambre. Y así inició la gran aventura, o desventura, de este curioso viaje. Todo era lindo, y Blake tenía sus propias ocupaciones; sin embargo, yo vine aquí con una misión arriesgada, pero importantísima. El día de hoy comenzaba mi misión secreta: El 14 de febrero, en el apogeo de San Valentín, le pediría matrimonio a Blake Maier, aunque para eso necesitaba cierta ayuda de un muchacho al que apenas conocía, y de un enanito que se transformaría en mi mejor arma.
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