Marcos Me despierto más relajado que nunca y me giro con la ilusión de tocar el cuerpo de Sara en el otro extremo de la cama, pero mi sonrisa se evapora cuando la encuentro completamente vacía. Miro sobre la estufa y veo que su ropa no está. Me visto y salgo con la idea de encontrarla desayunando o conversando con Doña Julia, pero cuando llego a la recepción no veo a nadie. Toco el timbre y una jovencita de no más de veinte años sale de la habitación contigua y me saluda animada. -Buenos días. ¿Esta Doña Julia? -Pregunto impaciente. -No, pero te puedo cobrar yo. -Responde mientras abre el libro donde anoche nos anotaron. -Está bien, ¿pero no sabes si va a volver? -No, mi tía recién vuelve a la noche. -Bueno, estaba en la habitación del fondo. -Digo, señalando el pasillo. -Ah, es

