Marcos
La última brazada me encuentra todavía lleno de energía. Salgo a la superficie sintiendo el fresco de esta hermosa mañana de abril y me tomo un minuto al borde de la piscina climatizada admirando la ciudad que se despliega ante el inmenso ventanal que la rodea.
Hoy por la noche se realizará una fiesta benéfica en favor del Centro de salud Shoeren, donde soy jefe de traumatología, y aprovecharé la ocasión para invitar a salir formalmente a Camila, la auditora que asignaron para evaluar si nuestro Centro sigue en funcionamiento, luego de algunos manejos poco felices de un directivo anterior.
Sinceramente no sé muy bien porque lo haré, no es que la chica me atraiga realmente, más bien creo que mi orgullo de casanova se vio afectado cuando no mostró el menor interés en mí, después de haberle cocinado, convidado con el mejor vino y hasta hablado de mi vida y mis intereses más profundos. Hablé más con ella que con cualquier otra mujer últimamente y aun así no pareció caer ante mis encantos y eso no es algo a lo que este acostumbrado… ni quiera acostumbrarme.
Decido culminar aquí mi ejercicio diario y me dirijo hacia los cambiadores donde un espejo de cuerpo entero me devuelve los ánimos que el recuerdo de la cita fallida con Camila estaba aplacando. Mi metro noventa, acompañado armónicamente con una espalda ancha y musculosa, sumado a mis brazos y pectorales tonificados en el tamaño exacto, son solo el complemento ideal para un rostro verdaderamente atractivo. Sé que no debería pensarlo de mí mismo, pero realmente no tengo nada que envidiar a los modelos mejores pagos del mercado.
Estoy llegando a la ducha cuando una voz me interrumpe.
-¿Te estas escapando de mí?
La sensual voz de Karina me hace girar sobre mis talones para quedar de frente a ella. La encuentro igual de hermosa y producida que siempre. Su melena rubia, casi blanca, cae por debajo de los hombros, con las ondas perfectamente peinadas y sus ojos azules hacen que parezca una personificación de la Barbie, obviamente porque su cuerpo es también la viva representación del personaje infantil, con curvas bien marcadas y músculos meticulosamente trabajados y contorneados.
-¿Cómo se te ocurre? –Contesto con una sonrisa de lado y acercándome insinuante. Miro hacia los costados como buscando a alguien y sigo con el juego. –Me imagino que estás sola otra vez… -Digo, haciendo referencia a su marido que obviamente no está aquí.
Hace ya medio año que mi querida vecina del piso de abajo decidió que yo era un elemento muy útil para vengarse de su esposo, que no solo la abandona permanentemente por su trabajo de piloto sino que, además, se acuesta con varias de las azafatas que lo acompañan en sus vuelos.
-Te imaginas bien. Pero sería mejor que uses tu imaginación en otra cosa. -Acompaña sus palabras con sensuales movimientos.
Me toma de la mano y hace que ingresemos al sector de duchas, donde hay un jacuzzi de tamaño considerable. Suelta el cinto de su bata y la deja caer quedando así a la vista su cuerpo desnudo. Respondo la cortesía retirando mi short de natación y la tomo por la cintura mientras la aprisiono contra la pared del cuarto vidriado en que nos encontramos. Hacer esto aquí mismo es peligroso, pero no sería la primera vez que tomáramos el riesgo y en algún punto es el condimento ideal para esta relación prohibida. Mi boca ataca la suya mientras mis manos recorren su cuerpo con especial atención a sus senos, cuyos pezones ya están totalmente endurecidos esperando por mí.
Me alejo de ella sin apartar la mirada de sus ojos hasta que llego a mi bolso deportivo, de donde saco un pequeño envoltorio plateado. Lo abro con los dientes y me coloco el preservativo con la facilidad de siempre. Al volver voy directo al jacuzzi y la miro nuevamente, ella entiende la invitación y se suma a mí, sentándose a horcajadas y haciendo que mi m*****o la invada de manera inmediata. Comienza un suave balanceo mientras mi lengua se ocupa de sus pezones, los succiono y muerdo con la ferocidad y dulzura que tanto le gustan y con mis manos en su cintura le indico el ritmo del movimiento que quiero. Aunque en esta posición sea ella quien tiene el control, soy yo quien manda y ella lo tiene más que claro. No es una cuestión de dominación o poder, es solamente que sin esta dinámica, en la que soy yo quien marco el ritmo y la intensidad, se me hace prácticamente imposible disfrutar al máximo de un encuentro s****l. Cuando considero que es momento de acabar la tomo con más fuerza por las caderas y la muevo con mayor rapidez mientras aumento la intensidad de la succión en sus pechos. La siento estremecerse y bajar el ritmo considerablemente y maldigo mentalmente porque a mí todavía me falta un poco, así que la levanto por las caderas y la coloco de espaldas. Ella queda apoyada con sus brazos en el borde del jacuzzi recibiendo mis embestidas. Por fin tengo el control absoluto de la situación. Tiro de su cabello obligándola a arquear la columna y con solo un par de movimientos más, logro llegar finalmente al orgasmo.
Salgo de su interior y me deshago del preservativo mientras ingreso a la ducha, bajo la atenta mirada de mi compañera.
-Esta noche voy a seguir estando libre y sola… -Sigue con su actitud insinuante. Le devuelvo una cordial sonrisa pero me apresuro a contestar.
-No puedo esta noche, hermosa. Tengo la gala benéfica del Centro de salud. Pero si vuelvo temprano quizás te aviso. –Digo, con una sonrisa de lado.
-No hace falta que me mientas. Seguramente esa gala estará llena de médicas y enfermeras y ya sabemos que no sos bueno resistiendo ante las tentaciones.
-Es verdad, probablemente haya más de una chica interesante… pero ninguna como vos. –Miento descaradamente, sabiendo que ambos conocemos y aceptamos el juego que tenemos en marcha.
Karina tiene razón. No soy hombre de una sola mujer, pero tampoco nunca necesité serlo. Mi última novia fue en la secundaria y ya en aquel momento sabía que la monogamia y yo no nos llevamos bien.
-Me voy porque comienza a hacer frío. Espero que todas las médicas y enfermeras sean feas y viejas así volves temprano. –Dice acercándome a mí y dejando un beso en mis labios, para luego colocarse la bata y volver por donde entró.
Termino de ducharme y me visto para bajar a mi departamento. En dos horas tengo que encontrarme con una colega para intercambiar favores, ella me ayuda a elegir traje para la noche y yo la acompaño a elegir lencería, y por supuesto… planeo darle la oportunidad de estrenarla.
Las puertas del ascensor se abren y un hermoso y amplio salón de fiesta se despliega ante mis ojos. Realmente la decoración de la gala es de un gusto exquisito y me predispone para una velada elegante pero a su vez divertida.
Mi vista se posa inmediatamente en una morena infartante que, al igual que yo, contempla el lugar antes de ingresar.
-Estas increíblemente hermosa. - Digo con sensualidad, ella se gira y me regala una blanca y perfecta sonrisa, para luego abrazarme con entusiasmo.
Lorena es de las pocas amigas con las que nunca pasaría algo, en primer lugar porque hasta hace solo unas semanas era la novia de Ignacio, mi mejor amigo, y en segundo, porque las horas de guardia juntos y los problemas que nos tocó enfrentar en el Centro de salud, nos unieron en un sentido muy lejano a lo s****l. Por más hermosa que se vea, hoy por hoy la considero más una hermana que otra cosa.
-Gracias, vos no te quedas atrás –Dice burlona, mirándome de arriba abajo. Los dos nos reímos y consultamos a la acomodadora la mesa que nos corresponde. Me regocijo viendo que la pobre chica que nos atendió no puede apartar sus ojos de mí y parpadea nerviosa hasta que nos alejamos.
Llegado el momento de la cena, Camila, la auditora, se instala en el escenario para dar un discurso. La veo tan firme y resuelta, con tanta confianza en sí misma que me termino de convencer de que no puedo dejar pasar la oportunidad de tener algo más con ella. Es una mujer inteligente, amorosa, simpática… ¿Qué más podría pedir? Me río mentalmente al pensar que entre los calificativos que ocupo para describirla no hay nada físico. La miro y no entiendo la razón, después de todo, se trata de una persona realmente atractiva. Debe ser porque es rubia, pienso inmediatamente. Mi predilección por las morochas no es una novedad, y siendo rubio de ojos verdes y tez clara, tampoco es muy original que me atraiga todo lo contrario. Por un momento mi mente vuelve a Lorena, pienso que realmente Camila me inspira algo muy parecido a lo que siento por ella y ese pensamiento me inquieta, la conozco hace aproximadamente un mes, no puedo verla como una amiga en tan poco tiempo. Entonces llamo al camarero y le pido una medida de whisky, necesito algo más fuerte que el vino para juntar coraje y ver qué es lo que efectivamente me pasa con la mujer del escenario.
Las horas van pasando y la fiesta se vuelve cada vez más descontracturada y divertida. Veo a Lucía y Marcela, dos buenas amigas, bailar en medio de la pista y me acerco a ellas.
-¿Te liberaste de las groupies? –Pregunta Marcela en referencia al grupo de tres chicas con que estuve hablando por varias horas.
-Sí, dejé el bajo hace unos años así que ya no les intereso. -Contesto, levantando los hombros, respondiendo a su chiste.
-Si esas no estaban interesadas en vos, yo soy hetero. -Suma Lucía y los tres nos reímos de la ocurrencia.
-¿No vieron a Lorena? –Pregunto al advertir que la morena no está en la pista.
Las dos chicas se miran y entiendo que hay algo que no me quieren decir o no saben cómo hacerlo, hasta que Marcela se anima a hablar.
-Supongo que debe estar en el baño. Ya le dijimos un par de veces que dejara de tomar pero no hubo caso, lo siguió haciendo. -Dice con una mueca de disgusto.
-Sí, yo también se lo advertí. -Reconozco cada vez más preocupado por mi amiga, que desde ya hace varios meses me tiene en alerta con esa cuestión.
Mi papá me inculcó desde muy chico el respeto por el alcohol. Mi abuelo era adicto y luchó toda su vida contra eso, pero su familia, y en especial mi papá, por ser el hijo mayor de seis hermanos, lo padeció junto a él. Ver a Lorena con algunas actitudes de las que mi papá usaba para describir a mi abuelo en sus peores épocas me tenía hace ya un tiempo angustiado, pero no había notado algo realmente alarmante como para intervenir. Hasta que en las últimas dos semanas comencé a sentir más olor a bebida en su ropa, ver desechos de botellas enteras en el departamento, cuando visitaba a Ignacio y hasta en alguna oportunidad dudé de que no hubiera tomado antes de ingresar a su horario laboral. Con todo eso, la noche de hoy, en que la vi tomar una copa tras otra y en algunas oportunidades, de un solo movimiento, terminaron de confirmar que mi amiga necesita ayuda.
Voy a buscarla a la barra pero en vez de ella me encuentro con Camila. Decido que es un buen momento para hacer una pausa y enfocarme en mi objetivo de la noche: invitarla a salir.
-Te busqué toda la noche. Digo, mientras intento ocultar mi mentira con una sonrisa.
-Estuve por acá nada más… -Dice desinteresada, señalando el salón. ¿En serio me va a esquivar de nuevo? Esta mujer es la primera en mucho tiempo que lo hace y eso me confunde de sobre manera.
-Sí, pero es como si no hubieras estado, convengamos que no tuviste mucho tiempo libre. -Respondo ya sin tanta paciencia.
-Es verdad, pero estas galas son así, no esperaba menos. Y todo está saliendo tan bien que lo volvería a hacer todo igual. –Ahí está de nuevo, su compromiso y sentido de la responsabilidad que me hace salir del enojo que comenzaba a generarse en mí.
-Es cierto, todo salió perfecto. Hay algo que me gustaría hablar con vos. Ahora que estas terminando la auditoría… Me gustaría saber si después del lunes podemos cenar alguna noche juntos y solos, creo que nos quedaron muchas cosas pendientes de la primera vez. –Digo acercándome a ella más de lo necesario y me sorprendo al sentir que no es lo que realmente me nace hacer. Entiendo que ella tampoco esperaba esa reacción porque se aleja como inconscientemente y se apresura en contestar.
-Marcos, ¿podríamos hablar de esto mañana? Creo que hay algunas cosas que tenemos que conversar, si… pero no creo que ahora sea adecuado. –Me siento como un chico al que están regañando y decido que terminar la conversación será lo mejor, pero no pienso dejarla con la última palabra.
-Está bien. Solamente quiero que te quede claro que no estoy jugando. Vos me gustas de verdad y creo que vale la pena que probemos. Prometeme que por lo menos lo vas a pensar. –Digo tomando su mano dulcemente y me vuelve a sorprender que ella, en vez de derretirse con mi dulzura, mira a lo lejos y parece totalmente abstraída en otra cosa.
-Sí, te prometo. Permiso. –Dice, sin el menor interés, alejándose de mí. La miro sin entender y decido seguir buscando a Lorena para evitar enfrentarme a mi frustración.
Me dirijo al centro de la pista con la intención de consultar a Ignacio, que acaba de sumarse a la ronda de Lucía y Marcela. Cuando llego escucho que están discutiendo y justamente es sobre Lorena. Por lo que logro entender, Lorena esta alcoholizada en la terraza e Ignacio ya no la puede manejar así que voy directo hacia allí, en busca de mi amiga.
Al abrir la puerta que da con el exterior del salón siento el aire frío invadirme y veo a Lorena en el otro extremo del lugar hablando al oído de un señor mayor que parece muy interesado en lo que la morena le cuenta. Camino hacia ellos y cuando estoy a unos pasos veo que él me señala y le habla. Ella niega con la cabeza y señala a algo o alguien a mis espaldas. Me giro y veo que Ignacio también está entrando, seguido por Lucía y Marcela.
-Lorena, ¿Qué hiciste? –Inquiere Ignacio con una furia que nunca había visto en él.
Intento atrapar la mirada de mi amiga con mis ojos pero ella parece incapaz de enfocar algo. Verla en ese estado me hace sentir sumamente culpable y triste, si la hubiera ayudado a tiempo no estaríamos acá, en una situación que si bien no comprendo del todo, claramente será un antes y un después en varios vínculos.
Camila se une y comienzan a discutir, pero mi mente no puede conectar con la situación hasta que, en medio de la discusión, Lorena suelta…
-Sabíamos que ibas a terminar cayendo, solo que pensamos que sería con Marcos y no con Ignacio. –Me quedo helado al escuchar esta afirmación, en especial cuando advierto que Ignacio no se inmuta, no la desmiente.
No es novedad que la relación entre Ignacio y Lorena no terminó en los mejores términos, pero descubrir que fue por Camila me deja en jaque.
Al inicio de la auditoría, Lorena, Ignacio y yo habíamos ideado un plan para que, en caso de que la misma saliera mal, pudiéramos sortear el problema a costas de la auditora. La idea consistía en que yo tendría “algo” con Camila para denunciarla si nos daba el visto negativo, pero ese plan había quedado en el olvido cuando nos dimos cuenta que finalmente no iba a salir mal, sino todo lo contrario.
Ahora entiendo el motivo por el cual mi amigo logró decidirse y terminar su relación con Lorena. Pero al mismo tiempo en que varias fichas comienzan a caer en su lugar, otras preguntas surgen en mí ¿Desde cuándo? ¿Porque Ignacio no me contó? ¿En serio soy el último en enterarse? El enojo en mí aumenta cuando recuerdo haberle dicho claramente a mi amigo que quería tener algo serio con ella y que hoy mismo se lo diría… ¿Cómo pudo no advertirme entonces? Me doy vuelta hacia él con la intención de golpear su rostro fuertemente pero veo su expresión de tristeza tan profunda que mi sangre se calma y me obligo a mirar a mí alrededor, en vez de adentro mío. Veo que la tristeza y desilusión están demasiado presentes en todas las personas que tengo enfrente y que aprecio. Tengo que dejar de lado mis sentimientos, al fin y al cabo tampoco me importaba realmente Camila, me consuelo.
Ellos discuten a unos pasos de mí pero me enfoco en ayudar a Lorena a sentarse en el sillón de un living cercano. A unos pocos pasos de donde estoy veo que Camila quiere salir e Ignacio atina a seguirla, pero es evidente que ella necesita alejarse, por lo que tomo a mi amigo del brazo y lo obligo a quedarse. Recién entonces Ignacio me mira y veo un verdadero arrepentimiento en su mirada. No es el momento… Ahora tenemos que ocuparnos de Lorena.
-Lorena le contó al jefe de Camila que está pasando algo entre ella y yo, y ahora ella perdió el trabajo Marcos, ¿sabes lo que significa eso? –Pregunta mi amigo, con el corazón destrozado.
-Que la adopción de su hijo puede no concretarse. –Digo, recordando la conversación en que Camila me lo contó.
Ignacio me mira y se pasa las manos por el pelo mientras camina de un lado a otro en pequeños tramos, pienso mejor y creo que no es oportuno que le pida que me ayude con Lorena, después de todo fue ella quien le hizo esto a Camila.
-La amo Marcos. Y la acabo de perder de nuevo. –Dice mi amigo y no logro entender… ¿Ama a Camila? Si recién la conoce… ¿Perder “de nuevo”? definitivamente Ignacio no está bien.
-Anda a acostarte. Yo me encargo de Lorena, Lucía y Marcela ya se fueron con Camila. Mañana será otro día y seguro todo se va a ir solucionando. –Digo, colocando mis manos sobre sus hombros obligándolo a mirarme a los ojos pero él no lo hace, tiene la mirada perdida y cargada de lágrimas que no se anima a soltar.
Veo que mi amigo detiene su mirada en un punto fijo y me giro para ver en cuál. Entonces veo a Lorena, completamente dormida en el sillón donde la había dejado, y lo suelto para acercarme a ver cómo esta.
Coloco una mano sobre su mejilla e intento despertarla. Ella entreabre los ojos y mueve levemente la cabeza pero no consigue mantener su acción y se vuelve a dormir. Me giro hacia Ignacio para pedirle que me ayude a llevarla hasta el auto pero al voltearme, advierto que él ya no está.
-Perfecto. La caga con Lorena, me traiciona a mí y encima me deja solo con el problema. Buen amigo resultó ser. –Digo a la nada y me dispongo a ayudar a mi amiga.
Luego de llevarla alzada hasta el auto y conducir con cuidado para que no deje el contenido de su estómago en el tapizado, llegamos a mi departamento. La subo y la siento en el sillón para acomodar las mantas de la habitación de huéspedes antes de acostarla.
Cuando llego al living la veo despierta friccionando su sien con un gesto de dolor.
-Perdón Marcos, no me di cuenta que estaba tan mal. -Dice ella, sin poder pronunciar adecuadamente las palabras.
-No pasa nada, necesitas descansar… Vamos, te llevo a la habitación de huéspedes. -Respondo con paciencia.
Me acerco, coloco su brazo sobre mi hombro y la ayudo a incorporarse pero damos unos pasos y ella trastabilla a punto de caer, por lo que decido alzarla y así llegamos al borde de la cama. Cuando la voy a acostar su peso cede y caigo sobre ella. Para mi sorpresa no fue algo accidental sino que ella me tiro sobre sí y ahora la veo mirarme, con una expresión que no podría descifrar. Entonces levanta su cabeza y me besa apasionadamente. El impacto que me genera su reacción hace que no me pueda alejar todo lo rápido que hubiera querido, pero tampoco respondo al beso y me alejo ni bien puedo, zafándome de su agarre.
-Lore, no estás bien. Va a ser mejor que descanses. –Digo con dulzura alejándome y disimulando mi desagrado por lo que acabada de suceder.
-Está bien, vos también la preferís a ella… -Dice mi amiga y entonces la miro por última vez, su hermosa figura envuelta en ese vestido rojo y su perfecto rostro cargado de dolor me parten el alma. ¿Cómo una mujer tan hermosa y buena puede terminar así? Por el alcohol, me recuerdo inmediatamente.
-Para nada, vos sos mi mejor amiga, no prefiero a nadie para ese puesto. –Digo mirándola con dulzura, pero es evidente que ella ya no me escucha. Está inmersa en un sueño, que espero le dure varias horas.
Mientras me ducho no puedo dejar de repasar lo que pasó esta noche. Mi mejor amiga tiene problemas con el alcohol. Mi mejor amigo me traicionó liándose con la mujer que me gustaba. ¿Qué me gustaba? Repaso mentalmente y me permito reconocer que no, y ahora entiendo mejor el porqué de su distancia y porqué mis propios instintos me alejaban de ella inconscientemente.
Ignacio tiene demasiado que explicarme.
A la mañana siguiente me despierto con la sensación de no haber descansado nada. Lo primero que hago es mirar el cuarto de huéspedes y verificar que Lorena sigue plácidamente dormida. Voy hacia la cocina a preparar algo para desayunar pero al pasar por el living veo su cartera. Se me ocurre que debería ponerme en contacto con alguien de su familia, por lo que la abro para sacar su teléfono y, al hacerlo, veo un blíster de pastillas para dormir. Mi preocupación aumenta aún más. Tomo su teléfono y al tocar la pantalla me alegro de ver que no tiene contraseña así que entro a sus chats y encuentro un mensaje sin leer de un contacto al que tiene agendado como “Sari >¿Quién sos?
Mi molestia se vuelve más intensa y contesto desde el enojo
>>La única persona que hoy por hoy se está preocupando por tu hermana.
Veo que lee el mensaje inmediatamente y mi teléfono comienza a sonar.
-Hola. –Digo sin ninguna amabilidad.
-Perdón. -La escucho decir del otro lado y su tono de completo arrepentimiento me hace sentir culpa por haberla tratado así. –No es que no haya querido atender… Estoy con un problema, nada más. –Dice intentando obviar la explicación y aunque sé muy bien que es mentira prefiero no indagar.
-No pasa nada, mi nombre es Marcos, soy amigo de Lorena.
-Ah sí, me habló de vos… ¿Paso algo anoche? ¿Ella está bien? -La escucho mover cosas del otro lado y me la imagino juntando sus cosas para salir corriendo donde este su hermana. El sentimiento de que hay alguien, además de mí, que se preocupa por Lorena me alivia y decido darle una tregua a la pobre chica.
-Ella está bien, no te preocupes. –Incluso del otro lado de la línea la puedo sentir tranquilizarse y me alegro con ello. -Anoche tomó demasiado y me temo que no es algo nuevo. -Mi interlocutora no me interrumpe pero tampoco parece sorprenderse. –Creo que necesita ayuda. -Concluyo, dejando en claro el motivo de mi llamada. Siento un suspiro del otro lado y lo percibo cargado de resignación.
-Me lo veía venir. Hablé con ella sobre el tema hace algunas semanas pero se ofendió tanto que no me habló por varios días. –La tristeza en su voz hace que algo se remueva en mí.
-Ahora está conmigo, voy a intentar hablar con ella, pero creo que lo mejor sería que la vea un profesional en el tema. También podrías venir y le hablamos juntos.
-No, no intentes hablarlo, es peor. Lo que deberíamos hacer es una intervención. El problema es que yo estoy a 12 horas de allá, como mínimo. Voy a buscar un vuelo y te aviso cuando puedo llegar, ¿puede ser? -No tenía presente ese dato, siempre supuse que la hermana de Lorena vivía en nuestra misma ciudad. Me llama la atención el hecho de que no dijera dónde vive pero no es momento para curiosidades así que me limito a aceptar.
-Perfecto, espero tu aviso. Un gusto.
-Igualmente y muchas gracias Marcos, de verdad. –Ambos colgamos sin esperar respuesta y me quedo un tanto inquieto pensando que Lorena esta mas sola de lo que imaginaba.
Solo unos minutos después, Sara me manda su itinerario, avisando que el vuelo más próximo es el miércoles a última hora, es decir dentro de tres días. La calmo, asegurándole que mientras tanto yo estaré pendiente y podremos ir conversando con un colega para que esté al tanto de la situación y nos ayude a ver cómo seguir.
El tiempo pasa y cuando me doy cuenta llevamos varias horas conversando por mensajes, ya hablé con un psiquiatra amigo y nos recomendó que realicemos una intervención, justo como Sara había sugerido, sumando que la finalidad de la misma sería evaluar una posible internación.
De solo pensar en mi amiga internada mi corazón se comprime, pero miro nuevamente el blíster de pastillas y decido seguir adelante.