La luna de miel apenas comienza, el viento de la Patagonia abraza a Violeta y Rodrigo, mientras están acurrucados, envueltos en sus abrigos de lana suave; observando las tonalidades rojizas, naranjas, rosadas y violáceas que se extienden por todo el horizonte reflejándose en las aguas del Canal Beagle. Él aprieta la mano de su mujer sonriendo, sus ojos brillan como si gritaran la felicidad que ahora siente de finalmente estar con la mujer que ama. —Oficialmente, estamos en El Fin Del Mundo y es el principio de nuestro PARA SIEMPRE— dice, con la voz cargada de emociones; en tanto, Violeta se mete entre sus brazos aspirando su aroma. —Es perfecto, Rodrigo, absolutamente perfecto, aunque cualquier lugar es perfecto, si estoy contigo— susurra levantando la cabeza y poniéndose en puntillas,

