CAPÍTULO 61

889 Palabras

El sol de la mañana se filtra por los ventanales del gran salón, de la mansión Amaya, esa que normalmente es un remanso de paz, pero cuando Ricardo está presente, se siente cargada de una expectación fría. Está sentado en el mismo lugar donde fue mordaz con su padre. Juega con el joystick de su silla de ruedas, moviéndola ligeramente hacia adelante y hacia atrás, un tic que denota su irritación. En el regazo tiene una tablet donde ignora los mensajes, fingiendo indiferencia. —Ya tu hermana menor nació— le dice Bárbara feliz, aunque sabe que a su nieto le es indiferente. La puerta principal se abre y Rodrigo entra a buscar a los gemelos, para llevarlos con su madre y la bebé. Su rostro irradia un tipo de paz y felicidad que solo la paternidad recién estrenada puede conferir y su postura

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