TREINTA Y DOS Se sentaron en rocas calentadas por el sol, con las nubes fragmentándose a lo largo de la verde colina a su lado y la quemadura volcánica riendo mientras descendía a la tierra fértil de abajo. “Aquí es donde construiremos nuestra casa”, Melcorka miró hacia el pie de la cañada, donde el lago de mar lamía las arenas blancas, y Catriona se balanceaba a sotavento de un rompeolas natural. “Aquí, donde la tierra se encuentra con el mar. Aquí criaremos a nuestra familia, y aquí saludaremos a los visitantes como amigos, los conozcamos o no”. “Es el estilo albano”, estuvo de acuerdo Bradan. “La hierba es dulce para el ganado, el suelo es rico para las cosechas y estamos en la carretera para los viajeros por tierra o mar”. “Esta será nuestra casa”, dijo Melcorka, “y aquí crearás tu

