Cuando llegué a casa, no pude estar sola, tenía que hablar con alguien, sobre lo que sentía. Estaba tan feliz por haberme casado con mi Príncipe, que no tarde mucho al contar a mi madre, que el padre Kondratio nos unió en sagrado matrimonio. Al principio ella se enfadó muchísimo. Intenté explicarle, que Iván no tenía tiempo para hacer una boda normal y cuando volviera, nosotros la celebraríamos a lo grande para todos, pero en aquel momento solo queríamos ser esposos delante de Dios. Era muy importante para nosotros, sobre todo para mí. Yo no sabía dónde él estaba, pero estaba segura que al casarnos, el destino nos uniría igualmente, como pasaba en mis sueños. -Tu, Anastasia, ya eres mayor de edad y tienes derecho casarte con quien quieras, pero no me parece bien, que lo hicieras a escondi

