PATRICIA Empezamos a caminar por la calle con un montón de niños pequeños corriendo alrededor de sus padres, que les gritaban que se detuvieran. Miré a Richard, que todavía tenía a Samantha en brazos. Tenía que admitir que hacían una pareja linda. Ella le hablaba y él sonreía y le respondía a todo lo que ella decía. Me sacaron de mi ensimismamiento cuando sentí que me tiraban de la mano. Bajé la mirada y vi a Daniela con los ojos llorosos. —Mamá, tengo miedo—, lloraba mientras levantaba las manos. Así que me agaché, la cogí en brazos y la senté en mi cadera, y se calmó al instante. —Marcus y Valeria, ¿están bien?—, les pregunté, y los vi cogidos de la mano y balanceándola hacia adelante y hacia atrás. —Mamá, soy un niño mayor, no me asusto como la pequeña Daniela—, dijo Marcus mientr

