Las consecuencias de una primera vez

1724 Palabras
El hecho que Samantha hubiera desactivado su móvil, hacia más difícil poder ubicarla, por lo que demoraría su búsqueda. La señora Smith se afligió con la noticia, pero por más que demore un año no desistiría hasta tener a Samantha de vuelta y si los padres querían recuperarla pues se tendrían que enfrentar a un juicio. De un momento a otro la señora Smith paso a verter todo sus sentidos y esfuerzos en tratar de encontrar a Samantha, dejando de lado a Zenda, quien prácticamente solo llegaba a su casa a dormir. Pese al inminente desinterés que la señora Smith empezó a demostrar por Zenda, ella no sentía la ausencia de su madre adoptiva, pues ahí estaba Enrique para hacerle la vida más que feliz. Los dos muchachos se encontraban en las mañanas para ir a la escuela ya sea en patineta, caminando o haciendo paradas para tomarse fotos. Luego de clases cuando Enrique entrenaba, Zenda estudiaba en la biblioteca, luego se iban al lago a pescar, Zenda aprovechaba para sentarse junto a Enrique bajo la sombra de un árbol para explicarle algún curso o ayudarlo con alguna tarea. Cuando tenían tiempo iban a pasear al zoológico, al cine o simplemente se iban al cuarto de los secretos para ver las estrellas. Otras ocasiones Zenda preparaba postres con él y comían hasta sentirse reventar. Mientras tanto la señorita Smith llevaba casi un mes y días tratando de encontrar a Samantha. -Este fin de semana me vas acompañar al poblado de Altamontaña. La señorita Smith ordenaba a Zenda desde su dormitorio mientras organizaba una maleta y revisaba unos documentos. Argumento que tenía que entregar a la abogada unos documentos importantes y la legista estaría viendo un caso en Altamontaña, por lo que debía ir a darle el encuentro y no podía dejarla sola, no estaría tranquila. Zenda pensó que el razonamiento de la señorita Smith era totalmente irónico, pues hacía tiempo que se había desentendido de ella, pero no quiso contradecirla, entendía su situación. El viernes luego de la escuela, Enrique acompañó a Zenda hasta su casa y mientras lo hacía no dejaba de contemplarla, no sabía si era porque estaría el fin de semana lejos de él o porque se estaba enamorando cada día más de ella, pero la veía más linda que de costumbre. Su cabello sedoso, sus caderas más contorneadas, incluso hasta sus pechos más prominentes. Cuando Zenda lo descubrió mirándola de pies a cabeza, se avergonzó como si ella pudiera leer sus pensamientos. Trató de pensar en otra cosa y la abrazó diciéndole: -Lleva al león para que pienses en mí. Zenda empezó a reír y antes de despedirse le susurro: -Siempre pienso en ti, tontito. Fue un fin de semana aburrido, Zenda se limitó a acompañar a la señorita Smith a las reuniones con la jurista. Sentada en un rincón observaba como ellas discutían el caso de Sam. Una lluvia imprevista azotó el día domingo, por lo que la señorita Smith decidió a modo de precaución regresar el lunes a primera hora, no iba a arriesgarse manejar por una carretera mojada. -Llego el lunes temprano. Mi mamá me dejara de frente en la escuela. Besos. Escribió Zenda a Enrique para que no la esperara para ir juntos a la escuela. Enrique impaciente miraba su reloj, dentro de poco sonaría el timbre de la escuela y Zenda ni se asomaba. Cuando en eso, vio aparecer el auto de la señora Smith. Zenda bajo de él presurosa. Había recogido su cabello en una cola, era la primera vez que lo hacía y se le veía muy bien. Su pantalón azul oscuro y su blusa de fondo blanco con pequeñas flores salpicadas, provocaban en Enrique una desesperación inexplicable por abrazarla. Zenda apresurada, subió las escalinatas de la escuela, iba a ingresar por la puerta principal pero Enrique de un tirón la llevo a un rincón para besarla intensamente. El timbre de la escuela sonó. -Enrique el timbre ya sonó, debemos ingresar. Zenda entre besos trataba de hacer entrar en razón a Enrique, quien al parecer no tenía la más mínima intención de asistir a clases. Luego de un par de minutos de besos y sin dejar de acariciar el rostro de Zenda, Enrique dijo: -Hoy es la feria estudiantil, no hay clases. Terminando de decir esto Enrique tomó de la mano de Zenda y la llevo fuera de las inmediaciones de la escuela, se dirigieron a su lugar preferido: El lago. Al llegar al lago, Zenda se puso boca arriba sobre el césped, mientras que Enrique se quedaba descalzo y remangaba sus pantalones para ingresar al lago y atrapar algún pez. -¡Zenda alcánzame la bolsa que está en mi mochila para meter el pez¡ Enrique gritaba mientras que Zenda se negaba a ingresar al agua pues no había llevado nadador. El pez se le escapó de las manos y el juró vengarse de Zenda. Salió del lago y la persiguió hasta tomarla entre sus brazos, entre gritos y risas la llevo hasta él. Juguetearon un rato con el agua, pero luego Zenda salió, estaba empapada y Enrique también. –Ahora como vamos a regresar si estamos todos mojados. Preguntaba preocupada Zenda a Enrique, quien no tuvo mejor idea que quitarse la camiseta y el pantalón, quedándose en ropa interior para poner su ropa a secar al sol. Zenda empezó a reír, entonces Enrique se acercó y poco a poco fue desabotonando su blusa, hasta quitársela por completo. Luego Zenda deslizo sus pantalones hacia abajo y colocó su ropa junto a la de Enrique para que se secara al sol. Enrique al verla comprobó efectivamente que Zenda estaba mucho más bonita, su cuerpo más voluptuoso. La tomo con cuidado y la recostó sobre la hierba, luego él se reclino sobre ella para amarla. Zenda jadeante le decía que eran unos chiquillos jugando a ser mayores, Enrique acariciando cada rincón de su cuerpo, la corrigió diciéndole que eran unos chiquillos amándose. Zenda lo besó. -Trajiste el alcohol- Joshua le preguntaba a Enrique por los materiales para el experimento que realizarían en la hora de ciencias. Éste le respondió afirmativamente levantando el pulgar, estaba más preocupado por el malestar de Zenda, quien desde la mañana presentaba un dolor de cabeza quitándole incluso el apetito. Zenda le dijo que no era nada, seguro le habían caído mal los huevos revueltos que se preparó en el desayuno y lo incitó en apresurarse para ingresar a la clase de ciencias. Al ingresar al aula y cuando el profesor de ciencias destapó el frasco de ácido sulfúrico, Zenda presentó unas arcadas, obligándola a retirarse del salón para ir a los servicios a arrojar. Enrique comentó en la clase que Zenda había asistido con dolor de cabeza, que al parecer le habían caído mal los huevos que comió en el desayuno. Zenda más aliviada, se lavó el rostro y las manos para regresar a la clase, se reprochó haber comido el día anterior, luego de regresar del lago con Enrique, aquellas donas con manjar, y los huevos que había ingerido en el desayuno habían terminado por darle tremenda indigestión. Ingresó al aula pidiendo disculpas al profesor, en el momento preciso en que iba a tomar asiento, percibió un leve mareo causándole que se desplomara perdiendo el conocimiento. Enrique la sostuvo en brazos y acompañado con el profesor la llevó a la enfermería. Al llegar a la enfermería, la echaron a la camilla donde poco a poco fue recuperando el conocimiento. La enfermera le indico al profesor de ciencias y a Enrique, quien se encargó de detallar todos los síntomas que había sentido Zenda, que no se preocupen que regresen a las clases que ella la revisaría. Cuando Zenda volvió en sí, la enfermera tomo su presión, su pulso y latidos. Tomó también su temperatura, le preguntó desde cuando sentía esos síntomas a lo que Zenda respondió que eran recientes, que lo más probable se debía al desorden que había hecho con las comidas. La enfermera hizo caso omiso al comentario de Zenda y le consultó si sentía que en los últimos días había notado algún cambio en su cuerpo. Zenda avergonzada, confesó que sentía que sus pechos habían crecido. La enfermera la miro directamente a los ojos y le preguntó si tenía novio. Zenda contestó que sí, su novio era el chico que la había llevado a la enfermería. Pero Zenda no entendía que relación tenía que ella tuviese novio con la indigestión que había sufrido en esos momentos. La enfermera muy seria le respondió: -Tú no tienes ninguna indigestión estomacal, lo más probable es que estés embarazada. Hace que tiempo fue tu última menstruación. Zenda intento recordar su último periodo, el cual al parecer había sido luego de su cumpleaños. Zenda estaba en shock, no podía estar embarazada, era imposible. –Porque sería imposible que estés embarazada, has tenido relaciones sexuales o no. La enfermera interrogaba a Zenda quien en ese momento trataba de encontrar algún argumento que la ayudara. -Si he tenido relaciones sexuales. Pero solo han sido dos veces. Luego del baile de primavera, fue mi primera vez, nadie queda embarazada en su primera vez, todos comentan eso. Y la segunda vez que lo hicimos fue ayer. Tampoco nadie queda embarazada de un día para otro. Zenda trataba de justificarse, pero la enfermera le encaró: -En tu primera vez, quedaste embarazada. Lo que me dices, que nadie queda embarazada en su primera vez, es un mito. El 30 por ciento de embarazos adolescentes son producto de su primera vez. Pero bueno, la única forma de salir de dudas es realizando una prueba. Terminando de decir eso, la enfermera le alcanzó una muestra de prueba rápida a Zenda, le explico cómo usarla y le indico el camino al baño. Al cabo de unos minutos Zenda sin color alguno en los labios y sudando frio le entrega la prueba a la enfermera. Se habían marcado dos líneas, las sospechas eran ciertas. -Siéntate que estas pálida. Debo informar a un adulto, es parte del proceso. La enfermera tomo el teléfono para marcar el número que Zenda le indique. Zenda la cogió del antebrazo y le solicito que le de unos minutos para procesar la información. Al cabo de un rato sonó el timbre que indicaba el fin de clases por el día. Su celular sonó automáticamente, era Enrique.
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