Cristina se alejó tan rápido como le fue posible al darse cuenta de sus actos. Había sido un impulso, una mera locura. Ella no tenía madre ella no… —Lo siento señora yo… —No te preocupes Cristina. No voy a presionarte sólo quiero y deseo que tengas la seguridad de que si un día me necesitas estaré aquí esperando por ti. No me iré a ningún lado viviré en la misma ciudad y entre la misma gente que tú. Seré un habitante más con quien puedas chocarte en la calle y no pase nada. Pero por favor te suplico amablemente que le des una oportunidad a tu padre —pidió con humildad —¿Mi padre? —preguntó. Quería irse, salir corriendo y no ver atrás pero algo había en su interior que la estaba obligando a permanecer ahí de pie frente a su madre. —Pablo, el hombre que me acompaño a tu casa el otro día

