Seguía mirando a Enzo sin decir una palabra mientras él se quedaba parado en el umbral de la puerta. Vamos, Nathalia, piensa bien lo que vas a decir. Este hombre te va a devorar si no abres la boca ya mismo. Después de un suspiro dije: —Solo intento calmar a los bebés —respondí de forma breve, dulce, como él. Perfecto. Esa respuesta no podía fallar. Pero se me caía la cara de vergüenza. Bueno, mentiras no estoy diciendo. —¿Ah, sí? Sabes que podrías haberme llamado. ¿O es que me estás evitando? —espetó Enzo, su voz seguía siendo fuerte y firme. Salió de la puerta y ahora estaba parado cerca de mi cama. Inconscientemente, me aparté un poco más. Últimamente, habíamos tenido momentos en los que nos habíamos acercado, pero ninguno había terminado en uno de nuestros dormitorios. Y ahora est

