Mamá se acercó a papá bajando la mirada y los miré a ambos esperando lo peor. –Acepté un trabajo en Milán para el otro año –murmuró mamá jugando con sus dedos –. Es para una galería de arte. Oh no, no puede hablar en serio. –Llevaré a tu madre a Milán para qué se instalé, compramos los boletos antes de navidad, esperamos que nos acompañes y pasar allá las fiestas –terminó papá. –No –fruncí el ceño confundida por lo qué acaban de decir. –¿No? –dudó papá. –¿Por qué te vas? – pregunté viendo a mamá, ella no quiso verme –. Además, ¿por qué la estás dejando ir? ¿Por qué aceptas esto papá? No se puede ir. No te puedes ir mamá. –Sisi… Yo lo siento mucho –murmuró mamá. Sus ojos se cristalizaron y sentí esa sensación horrible en mi pecho otra vez, el nudo se me formó en la garganta y solo

