estábamos en el carro, íbamos, para el pueblo, mi amado estaba conduciendo mientras yo, lo miraba, se veía muy sexy, con el semblante serio, tan guapo, tan irresistible, todo lo que una vez hubiera pedido. Tal vez más de lo que alguna vez hubiera soñado, es perfecto, este hombre me encanta, en todo sentido.
—quieres una foto mía.
Yo solté una risa, estaba avergonzada, se fijó que lo estaba viendo, pero qué culpa él hace lo mismo conmigo y me abraza.
—para que si te tengo a ti, y además yo te voy a regalar una de mi barriga para que la mires por hay.
el sonrió, ya casi llegábamos, a mi pueblo, al lugar donde crecí, donde pasaron los peores años de mi vida, no puedo creer que esté entrando a este lugar.
—Amor, si tenemos tiempo podemos ir a visitar a mi abuela.
Cuando vi las primeras casas del pueblo, me empecé a sentir muy mal, sentía depresión, no me gusta este sitio, tengo mal presentimiento, pero debemos visitar a la señora, yo se lo prometí.
Las casas del lugar estaban destruidas, algunas otras mejoradas, todo había cambiado demasiado, se ve mejor, pero a la vez igual como cuando me fui.
Espero no nos quedemos mucho, haber vivido tantos años y luego desaparecer por tres, ya no me hace sentir muy cómoda en este lugar.
—Natasha, para donde.
Yo señalaba por donde tenía que ir, quiero o no quiera este lugar me hace sentir en casa, pero con miedo, demasiado es un pueblo, no es uno de los barrios bajos de una ciudad, solo es un pueblo donde la gente es muy amable y humilde, casi nadie es peligroso en este barrio, la gente siempre es de fiar.
Cuando llegamos, a la casa de la señora que me ayudó hace algunos años.
—El amor está acá.
Yo asentí y él salió, para abrirme la puerta, se lo agradecí con un beso en la mejilla y empecé a caminar hasta la puerta la toqué tres veces y en ese instante Mario se colocó a mi lado, pasó una mano por mi cintura y me dio un beso corto, la puerta se abrió dejando ver a la señora, yo le Sonreí y ella casi brincó de la alegría.
—Natasha, niña como estas has engordado y este hombre, no me digas que tienes novio.
Yo sonreí.
—Hola señora, vivían, ¿cómo está?
—pasa, pasa cariño, hoy va a llover, entra.
Nosotros entramos, no estaba tan gorda, solo tenía dos meses de embarazo y mi barriga apenas se notaba.
—vi a tu hermano Dante pasar por la casa hace unas horas.
Mi cuerpo se tensó, Dante está en el pueblo.
—todavía sigue por acá.
Mario habla, tenía una voz seria y se notaba molesto.
—sí, hablé con él hace dos horas, dijo que saldría de la ciudad por unos negocios, pero bueno, lo importante dime cuéntame dé ti este hombre de tu novio.
Yo me divertí.
—no, él es mi esposo.
La serie abrió los ojos. Muy grandes y se levantó de un salto.
—cariño, por la razón de que volviste para cumplir lo que prometiste.
Me sentí divertida y entrelacé mi mano, con la de Mario.
—¿cuánto tiempo se conocen?, ¿cuándo se casaron estás embarazada?
No sé qué responder, como le digo que lo conocí hace dos meses y medio y que ya cumpliré tres meses de embarazo, que lo conocí, hace casi tres meses.
—nos conocimos en el trabajo.
Dijo Mario ya que yo no tenía nada más que decir.
—Son compañeros de trabajo.
Dijo la Señora intentando comprender la situación.
—no, yo soy su jefe.
Vi la cara de sorpresa de la señora.
—te casaste con tu jefe, Natasha.
—sí, digamos que nunca fui lo que esperaba, pero estoy feliz a su lado.
Dije y solté una sonrisa boda de la cara, parezco una adolescente enamorada.
—se nota tu felicidad, nunca te vi sonreír así, tus ojos lo demuestran demasiado, se nota el amor entre ustedes.
Yo Sonreí.
—cuántos meses de embarazo tienes cariño.
Casi tres tengo, pero estar casada, bueno, nadie sospecharía que tengo más de lo casada.
—casi tres meses de embarazo.
Respondió Mario, ya que yo me siento incapaz para hablar, no sé cómo enfrentar todo.
—y cuánto de casados.
No estoy preparada, para esa pregunta, cuántos meses de casados, dos meses y medio, que lo único que llevamos, pero no le puedo mentir.
—dos meses y medio.
—oh, veo, tenías una relación con tu jefe y terminas embarazada o estaban comprometidos y terminas embarazada.
Creo que ni una ni la otra, porque ni teníamos una relación y mucho menos estamos comprometidos, pero la más cercana, era la primera.
—la primera se puede decir.
Cómo explicarle que ni siquiera lo conocía cuando me acosté con él.
—valla, tantas historias que he leído en la que el jefe y la empleada se acuestan, para escuchar una de verdad donde el jefe y su empleada están casados.
Sonreí, seguimos hablando toda la mañana hasta las tres de la tarde, me hubiera gustado seguir hablando con la señora, pero debíamos ir a ver a mi abuela en el cementerio.
Mario puso el carro en marcha, decíamos ir al cementerio que estaba a cinco minutos en carro.
—Dante, estuvo por acá.
—por favor no hablemos de eso, te juro que si lo veo le parto la cara escuchaste.
Yo Sonreí en su etapa celosa era tan sexy.
—no te detendré, luego de que no lo mates.
—no te aseguro nada, yo por ustedes doy mi vida.
Esa respuesta no me gustó.
—no, eso sí que no Mario, yo te quiero a mi lado y nada sería igual si tú no estuvieras conmigo, Mario yo me moriría, si te pasa algo.
Cuando llegamos al cementerio, él me acompañó a donde queda la tumba de mi abuela, ella me cuidó mucho, me dio mucho amor y fue muy importante para mi, aunque al final no tengamos ningún lazo.
—ella lo sabía, sabía todo.
Lágrimas salieron de mis ojos, ella sabía mi verdadero origen y sin importar eso, me cuido, Mario puso su mano a mi alrededor y yo escondí mi cabeza en su cuerpo.
—me hubiera gustado conocer a tu abuela, tuvo que ser una señora muy maravillosa.
—ella me cuidó, me protegió y siempre decía que todo estaba bien.
Mario empezó a acariciar mi cabeza.
Seguimos admirando la tumba de mi abuela por una hora en silencio, no era necesario hablar, se sentía una gran paz a su alrededor, me sentía tranquila, sin ganas de seguir llorando. Tenía los ojos cerrados sintiendo esa brisa que recorría mi cuerpo, me hacía sentir mejor, pasar seis meses en el pueblo, yo no quiero hacerlo, pero esperaré Mario sabrá lo mejor para mí y para mis bebes el no me pondría en peligro, no sería capaz de hacerlo.
Sentí mis ojos pesados, me estaba entrando el sueño.
—amor, tengo sueño.
Estaba muy cansada, sin darme de cuenta Mario, me levanto entre, brazos para meterse al carro, me dejo en el asiento de atrás acostada, no demore en quedarme profundamente dormida.