Dije con lágrimas en los ojos, esa fue la mejor confesión de amor que me pudo hacer, fue de verdad desde el corazón y sé que nosotros estuvimos hechos el uno para el otro, nunca me arrepentiré de todo lo que paso, si me hubieran dicho que terminaría enamorada de mi jefe, mi respuesta sería están locos, pero ahora veo que sí se puede enamorar de mi jefe.
Ya me habían dado de alto y estaba acostada en la cama descansando mientras Mario hacia unas llamas para ver como estaba mi madre y lucia, no sabía nada de ella y yo debía mantener reposo, por culpa de ese idiota que casi me causa un aborto, casi pierdo lo que más quiero por culpa de el, algún momento lo encontraré y lo destruiré por hacerme esto, por intentar matar a mis hijos, a lo único que nunca podría recuperar, un hijo o peor los dos seré fuerte para ellos para que estén bien y nada les pase.
Mario colgó la llamada y se acostó a mi lado.
—como están esos pequeños.
—quietos.
—amor, nos quedaremos acá hasta que des a luz.
escuche bien o me parece.
—pero, tu trabajo, el mío todo.
—tranquila soy el jefe y me podrá ausentar estos siete meses, trabajaré desde acá y pues mientras viviremos en este hotel, luego restaremos un apartamento.
—pero.
—Natasha, por favor yo sé lo que hago mi padre me ayudara, no te preocupes Jacob ayudara a mi padre.
—está bien.
el me levanto la camisa que traía y miro mi pequeña barriga, acerco su boca y la beso, sentí una ola de nervios por todo mi cuerpo.
—esta más grande.
No podía articular ninguna palabra, estaba muy sorprendida, por lo que acaba de hacer.
—Natasha, amor, ey estas hay.
Yo solo pude moverla la cabeza.
—muéstrame los nombres que pensaste.
—porque ¿sabes qué pensé?
Quede desconcertada, como sabe que ya pensé nombre, si no le había dicho.
—te he llegado a conocer amor.
Yo sonreí y me acomodé en la cama.
—pues dime exagerada, pero tengo 6 por sexo.
El soltó una carcajada.
—muestra a ver.
Le di un papel donde tenía anotados los nombres, el comenzó a leer.
—te digo el que no me gusto.
—dilo.
espera lo peor y si me decía que no le gusto ninguno.
—Anastasia, sin ofender, pero ¿te viste cenicienta?, alcanzó cuando pensaste en el nombré, ella era fea.
—No me vi 50....
Un momento dijo cenicienta, ¿a caso el se vio cenicienta?
—te viste, cenicienta, Mario te la viste.
Me puse de rodillas y le señalé con mi dedito acusador.
—jja sí, pero eso fue por mi hermana.
Sonreí, no creí que el se viera cenicienta, me le tire a los brazos y lo tumbe en la cama.
—te amo demasiado, y me vi 50 sombras más oscuras cuando pensé en el nombre.
—quieres que si tengo una hija o dos sean sumisa de un Cristián grey.
Yo asentí y sonreí cuando leí el libro hace dos años, yo dije que quería ser una sumisa de alguien como Cristián grey.
—y si mejor tú eres mi sumisa y dejamos a las bebas que se llamen Charlotte y verónica y si son dos niños Marcelo y Mauricio.
—Pensé que me dirías que ninguno tenías.
—no soy mi padre, no quiero que el señor mis hijos con por su apellido es más bonito.
Yo me reí y le di un beso en los labios.
—a que debo tanto cariño.
Me sentí ofendida, aunque que no culpo si no hemos tenido tiempo para nosotros, nada.
—a, pues entonces me acuesto.
Intente levantarme, pero el me apretó con sus manos.
—déjame, ya no quiero.
el sonríe y me da la vuelta para quedar encima de mí.
—señora esposa, le informo que tanto como usted yo también quiero pasar tiempo contigo, así que lo vamos a hacer escuchaste.
Yo negué divertida, señora esposa, es la primera vez que dice eso.
—pues veremos quién gana