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1093 Palabras

Al llegar al apartamento de Andrés, lo primero que hago es sentarme en el sillón. Apoyo los codos en mis piernas y tomo mi rostro entre mis manos. Por suerte, en el camino él no me pidió que hablara. Sin embargo, una vez que cierra la puerta, él permanece de pie frente a mí a la espera. Tomo aire y me preparo para comenzar a hablar y de modo automático siento que mis ojos comienzan a humedecerse. No quiero decepcionarlo. —¿Vas a contarme? —pregunta con voz suave al ver que no hablo. —Carlo sabe lo nuestro —suelto sintiendo un escalofrió al decir aquel nombre. Observo cómo Andrés se tensa de inmediato. —¿Te hizo algo? —se pone de cuclillas ante mí y toma mis manos. —No, pero… Él amenazó con despedirte —sin quererlo comienzo a llorar —yo le dije… le pedí que no lo hiciera, entonces él

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