El pecado 24-2

1008 Palabras

Al llegar, la atmósfera nos envolvió como un sudario de seda negra. Pedimos una botella de whisky sin hielo, buscando el impacto directo y brutal. Con cada trago, la imagen de Laura se volvía un poco más borrosa, sustituida por el calor creciente del cuerpo de Noah a mi lado. Él no me preguntaba qué me pasaba. Noah era un animal de instintos puros, y sentía que mi desesperación era una invitación silenciosa a poseerme más profundamente, a reclamarme como suya. Después del tercer vaso, el alcohol ya corría caliente por mis venas y aflojaba las cadenas que me sujetaban. —Baila conmigo —le ordené con voz ronca. En la pista de baile, rodeados de desconocidos que apenas eran bultos en la penumbra, Noah pegó su cuerpo al mío con una osadía que ya no conocía límites. Sus manos bajaron hasta mi

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