07

2063 Palabras
Durante dos semanas Lorein había estado llevando a Corina a la universidad, primero porque se le hizo tarde a la castaña, luego porque la ojiverde le dijo que tenia que pasar por ahí para ir a una agencia, más tarde porque según la gerente había quedado de comer en un lugar cercano con unas amigas, y finalmente, cuando no supo qué más inventar, dijo que estaban pintando su casa y se había mudado cerca de la escuela de la más joven mientras terminaban de trabajar en su hogar.   Verdaderamente la gerente lo estaba haciendo para aligerar un poco su carga de conciencia al ver a la otra chica trabajar tan duro.   Corina ya no se veía tan animada como el primer día; su sonrisa permanecía en ella pero era una sonrisa cansada y su mirada ya no reflejaba ese brillo de conductora de televisión para niños, eso no era lo que quería Lorein.   ¿Por qué no simplemente reconocía que no podía con tanto trabajo y ya? La ojiverde solo necesitaba eso para saber que “ganó” y todo acababa.   La mayor no dejaba de darle vueltas al asunto mentalmente mientras conducía con la castaña a su lado, siempre era un viaje silencioso, con excepción de los primeros tres días en los que Corina había intentado charlar con Lorein pero esta siempre la hia desairado de una manera u otra, a partir del cuarto día Corina se había dado por vencida y se limitaba a ir viendo por la ventana o ir jugando con una mascota virtual en su teléfono durante el trayecto a la universidad, a veces tarareaba alguna canción pero no lo hacía mucho ya que a la ojiverde parecía no gustarle.   —     Llegamos —exclamó la más grande parando el coche para que la otra pudiera bajar —, te veré mañana.    —     Hasta luego, Jefa —respondió Corina con amabilidad yendo a su clase.     Lorein le regaló una mueca que pretendía ser una sonrisa antes de arrancar nuevamente el auto e ir a casa con Lizy. La ojiverde había tenido que modificar un poco su horario de comida para salir más temprano y su novia realmente parecía encantada con eso.   Lorein iba bastante distraída con sus conflictos internos, sin embargo, solo había recorrido un par de calles cuando notó que había algo debajo del asiento del copiloto y se detuvo para revisar.   —     Esta niña es una descuidada —se dijo a sí misma no muy contenta.   Dobló en la esquina más próxima y tuvo que volver a la universidad, llevaba ya mucho tiempo sin poner un pie en una escuela, no fue la chica más interesante en su época de estudiante, de hecho solían molestarla mucho, Mark era el que más lo hacía, realmente parecía que el castaño solo iba a la escuela con el propósito de hacerla enojar, en fin, ahora era una mujer hecha y no pasaría nada por poner un pie ahí, nada además de revivir un poco esos recuerdos de sus vergüenzas.   Se estacionó y caminó hasta la entrada, un guardia estaba ahí pero no dijo nada cuando la vio pasar, bueno no es que tuviera planta de delincuente y ese no era un jardín de niños.   Una vez adentro de la institución, la ojiverde se acercó a un grupo de chicas que estaban platicando y preguntó por Corina pero no supieron drake razón, la escuela era enorme así que a ese paso no la encontraría.   —     ¿Sabe qué estudia? —cuestionó una de las chicas.   —     Dependiendo de eso le podríamos decir más o menos en donde la puede encontrar —añadió otra.     —     No, no lo recuerdo —respondió sin más.   —     Entonces puede ir a control escolar, ahí le darán información pero debe mostrar una identificación —señaló la muchachilla.     —     ¿Y dónde está control?   En respuesta las jóvenes llevaron acompañaron a Lorein al lugar y se retiraron inmediatamente después de que la ojiverde les dio las gracias antes de acercarse a la mujer encargada.   —     Así que Karina — dijo la mujer.   —     Corina —corrigió Lorein molestando se un poco pero no lo demostró —, su apellido es Carpe.       —     ¿Y quién la busca? No puedo solamente dar información de los alumnos —indicó con la seriedad que llevaba conservando todo el rato.   —     Soy su jefa, mi nombre es Lorein —dijo mostrando una identificación —, olvidó su… esta cosa en mi auto —añadió mostrando una cartera de mano —, ya intenté hablarle por teléfono pero me llevé una sorpresa cuando esta bolsista comenzó a vibrar.   La mujer observó a Lorein y al objeto por un par de segundos antes de continuar.   —     Bien ¿Qué es lo que estudia? —cuestionó para qué le resultase más fácil.   —     No sé.     Esta vez, la mujer solo la miro sin decir nada y luego se puso a buscar en la computadora frente a ella.   Tardó un poco más de lo planeado, pero solo fue cuestión de un par de minutos antes de que diera con ella.    —     Aquí Está —indicó la mujer —, Corina, economía, 21 años ¿Es ella? —cuestionó mostrando la fotografía añadida al historial de la castaña.   —     Sí —respondió Lorein rápidamente.   —     Su clase termina dentro de media hora, entonces mandaré a llamarla, puede dejar la bolsa con mi compañera —dijo señalando a una señorita que se encontraba en un escritorio a unos cuantos metros.   —     Gracias.   Ni siquiera se había retirado de la ventanilla de control escolar cuando la puerta de aquel lugar se abrió y una chica entró rápidamente sin ver nada a su alrededor más que a una de las secretarias de la dirección que se encargaba de guardar las cosas que los estudiantes extraviaba, principalmente identificaciones y libros.   —     Disculpe —dijo la chica calmando su respiración —no encuentro mi cartera, pensé que estaba en la mochila pero creo que la perdí —añadió fijándose finalmente en la mujer que la veía a tan sólo unos cuantos metros de distancia.   ¿Qué hacía la señorita Larregui ahí?   —     Lamento decir que no me han traído nada de eso —indicó la secretaria.   Corina la escuchó pero no volvió su vista a ella porque no se la quitó de encima a Lorein.   —     La olvidaste en mi auto — indicó la ojiverde mientras entregaba la cartera en cuanto la secretaria dejó de hablar.   Corina bajo la mirada y se encontró con sus cosas en la mano de su jefa, debía ser muy estúpida para andar dejando tirada la cartera, suerte porque había sido en el coche de su jefa, y desgracia porque ahora esta pensaría que era la chica más distraída del mundo.   Corina en serio lamentaba no haberle podido dar las gracias a su jefa cien veces, pero se encontraba apurada por volver a su clase.   Al menos la señorita Larregui no pareció molestarse y el resto del día en la universidad lo pasó libre de imprevistos   No había sido el peor de los días pero sintió un alivio mayor al usual cuando su última clase terminó.   Con la cabeza en las nubes volvió al edificio donde vivía, sacó las llaves de la mochila y se adentro en su pequeño departamento en donde su compañera y amiga, una estudiante de medicina de piel morena llamada Naomi, la esperaba en el sofá.   —     ¡Me tenías preocupada, Corina! —exclamó Naomi cuando la vio cruzar la puerta.   —     Pasé a comprar unas cuantas cosas para la semana y traje algo de cenar —se justificó la castaña mostrando un par de bolsas del supermercado y dos hamburguesas.   —     ¡Pero debiste llamarme o responder mis llamadas!   —     Tranquila, suenas como mi mamá.   —     No me importa, yo soy la que tendría que oír a tu mamá si algo te pasa.   Corina soltó una risita y dejó las cosas sobre el comedor.   —     Solo ven a cenar y ya —indicó la castaña acomodándose.   —     Primero ve a lavarte las manos, cochina.   —     Escúchate, igual a mi madre —repitió fingiendo fastidio pero aún así obedeció a Naomi.   Después de un rato en el comedor, Naomi notó que la castaña  no estaba del todo con ella, le hablaba y solo respondía con movimientos de cabeza, desde que puso un pie ahí esa noche había estado con la mirada perdida y se le habían escapado un par de sonrisas que rápidamente intentaba reprimir.   —     ¿Entonces qué opinas? —cuestionó la morena.   —     Sí, está bien.   —     ¿Qué? —replicó sorprendida —¿cómo que está bien?   —     No, quiero decir no, n-no está bien —se corrigió la castaña.   —     Corina, suficiente ¿Qué ocurre? No me estás presentando atención y estás rara… O bueno más rara de lo usual.   —     Pero que graciosa —dijo Corina con sarcasmo.   —     Bien, lo siento, pero dime qué te pasa. Pareces enamorada de algún chico.   —     ¿De qué hablas? Claro que no —indicó Corina rápidamente.   —¿Y como explicas esa sonrisa? —cuestionó Naomi picando un par de veces las costillas de Corina.   —     Me estás haciendo cosquillas —replicó con una sonrisita.   —     También hablo de las de antes  —dijo la morena con obviedad.   —     ¿Por qué supones que es por un muchacho?   Naomi se encogió de hombros en respuesta.   —     Si no es así entonces ilumíname.   —     Existe algo llamado libros, a veces los recuerdo y sonrió.   Naomi la miró con gran incredulidad.   —     Ajá y ahora crees que soy tonta. Tus sonrisas de fangirl son diferentes, te conozco bien.   —     Naomi, créeme.   —     Cor, no es por chismosa, solo dime qué ocurre, esta última semana has estado agotada por tu trabajo, estresada por la escuela, y a la vez con actitud de enamorada. Solo quiero saber a quien culpar cuando bajen tus calificaciones.   La castaña soltó una carcajada ante las ideas locas de su amiga.   —     Bien —dijo dejando de reír —, te diré solo para que me dejes de molestar y también para que te quede claro que no estoy enamorada de nadie.   —     Te escucho —dijo ansiosa cerrando más el espacio entre ambas.   —     Hoy perdí mi cartera.   —     No inventes.   —     Tranquila. La recupere. Soy tan tonta que la deje botada en el auto de mi jefa. Mi jefa se fue y después volvió para entregármela, fue tan…   —     Espera, espera, espera —la detuvo Naomi —¿Me estas diciendo que te enamoraste de tu jefa porque encontró tu cartera? —cuestionó puesto que Corina se emocionó hablando.   —¿Qué? —exclamó sorprendida —por supuesto que no, deja que termine la historia, impaciente.   —     Bueno, lo siento, continua —dijo fingiendo haberse ofendido.   —     Gracias. La cuestión es que ella no necesitaba hacer eso, pudo entregarmela mañana en el trabajo, no era su responsabilidad, fue un gesto muy lindo de su parte y no es el primero, ella siempre me lleva a la escuela y se preocupa por cómo me siento trabajando en la boutique. Incluso en mis primeros días mandaba a su asistente a verme.     —     ¿Para ver que no hurtaras nada? —preguntó con sarcasmo.   —     Por supuesto que no, Naomi. La señorita Hoks me dijo que…     —Alto ¿Quién es la señorita Hoks?   —     Su asistente, Naomi —respondió como si se tratara de lo más obvio del mundo.   —     Bien, lo siento, no puedo recordar todos los nombres —se justificó la morena.   —     Ok, la cuestión es que la señorita Hoks me comentó que mi jefa la mandaba para ayudarme porque era nueva, para ver que me sintiera cómoda y que no se me complicaran las cosas ni tuviera ningún problema —explicó sonriendo.   —     Cielos que hermoso —respondió sobreactuando.   —     No te burles —se quejó —. Mi jefa es uno de los motivos por los cuales no me vuelo la cabeza en ese lugar, al verla siento que quiero ser como ella. Todos la respetan, es muy bonita y cuando habla… ¡Wow! … Tiene una voz tan genial.   Naomi soltó una risilla entre dientes.   —     Fingiré que eso último no suena gay.   Corina solo rodó los ojos y la ignoró antes de proseguir.   —     Tan solo me agrada. Todos ahí dicen que es mala y muy severa, pero aunque no hablamos mucho y no sé nada de ella, porque cuando me lleva a la escuela no hace más que conducir, creo que todos los demás están equivocados. Pero sí tienen razón cuando dicen que es muy seria, solo la veo sonreír con su asistente y otras pocas personas.   —     Suenas como una psicópata que cuenta cuantas veces sonríe su presa al día.   —     Oye eso no es cierto —replicó la castaña.   —     De acuerdo, quizá no suenas como una psicópata, pero sí suenas como una niña enamorada.   —    Que no estoy enamorada.   —     Entonces te gusta, no es por decepcionarte pero en la televisión las relaciones con los jefes nunca funcionan.   —     Naomi, no soy Lesbiana. Ella tampoco lo es. De hecho creo que sale con uno de los ejecutivos llamado Mark quien indirectamente también es mi jefe.   La morena comenzó a reír al escucharla ya que eso solo indicaba que Corina le había estado poniendo mucha más atención de la necesaria a Lorein y negarlo no cambiaría las cosas. 
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