El aula se inundó de un gran silencio y podría asegurar que lo único que se lograba escuchar era el sonido de mi corazón que latía como loco ante tal pregunta, ¿Cómo podía preguntarlo de tal manera? ¿Acaso no conocía la vergüenza? Yo si alguna ocasión llegara a plantearle esa pregunta a una persona lo haría de la forma menos directa posible pero por lo visto él no titubeaba al preguntar algo así. Se mantenía con un semblante serio y aquello me aterraba. — ¿Qué?—. Por fin pregunté — ¿Lo vuelvo a repetir?—. Levantó una ceja de manera interrogante y yo me hacía cada vez más pequeño en el banco donde me encontraba sentado—. ¿Te gusto? — ¿Cómo amigo? Si, si—. Cerré mis ojos y asentía —No —Chasqueó la lengua—. Hablo de la forma romántica, ¿Te gusto de esa manera? Me sentía bombardeado por t

