El gemido no hace más que volverse más fuerte. Conozco el sonido de un alma herida, y esta lo tiene todo. —¿Hola? — susurro suavemente. La noche es tan oscura que no tengo idea de qué o a quién voy a encontrar. Ni siquiera puedo ver los contornos de las formas grandes. —Mierda—, oigo gruñir una voz masculina profunda. —Eso dolió como el demonio—. —¿Qué te duele? — pregunto, avanzando con cuidado. Extiendo la mano y siento lana fina deslizarse bajo mis dedos. ¿Un traje? Si lo es, es caro. —El pecho—. Alarga la mano hacia la mía; sus dedos fuertes agarran los míos y tira de mi mano hacia su cuerpo, colocándola sobre su torso. No siento sangre y su cuerpo parece acolchado bajo mi mano. Abro los dedos y busco una herida, pero solo consigo encontrar un agujero en su camisa. Definitivamen

