Jimena González pasó la noche con los ojos abiertos, la tarjeta de Raúl Mendoza en una mano y la carpeta de pagos en la otra. Las palabras de Álvaro —"No eres solo un trato para mí"— resonaban en su cabeza, chocando con la confesión de los fondos que había movido para Laura. Le había dado un día para probarse, pero el silencio de esas horas la estaba ahogando. No sabía si podía esperar, no cuando cada paso con él la hundía más en un juego que no entendía del todo. A las seis, Sofía bajó a la cocina, encontrándola con el café frío frente a ella. —No dormiste —dijo, sentándose a su lado—. ¿Qué pasa, Jime? Y no me digas que nada. Jimena respiró hondo, dejando la tarjeta sobre la mesa. —Estoy en un cruce —respondió—. Álvaro me dio un día para darme respuestas. Raúl me ofrece otra salida.

