Una deuda ardiente-23

1427 Palabras

Jimena González despertó en el penthouse de Álvaro Gutiérrez con un nudo en el estómago. La habitación de invitados era un lujo frío —sábanas de seda, paredes de cristal, vistas que cortaban el aliento—, pero el peso de las grabaciones en el sobre que él le había dado no la dejaba respirar. Sofía dormía a su lado, el rostro relajado por primera vez en días, y Jimena se levantó sin hacer ruido, mirando el reloj: las seis de la mañana. La prensa publicaría la filtración de los estados financieros de Diego Ramírez en unas horas, pero el mensaje anónimo y la oferta de Valeria seguían girando en su cabeza. Bajó a la sala, encontrando a Álvaro de pie junto al ventanal, una taza de café en la mano y la cara tensa como si no hubiera dormido. La laptop estaba abierta en la mesa, mostrando titulare

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