Pego la espalda contra la sucia pared de ladrillo quemado esperando fusionarme con esta, no hay ningún lugar donde ocultarme entre esta avenida de callejos entrecruzados suelto el aire que conservo en los pulmones dándome cuenta de que estoy en desventaja, soy una presa fácil. El aire que se escapa por la boca es caliente y entrecortado, mezclándose con el ambiente frío del otoño, empuño las manos con fuerza tornando los nudillos blancos por la presión que ejerzo. La mirada se desvía hacia el callejo, esperando encontrar la cabeza de quien me persigue, entre la oscuridad que actúa como su aliada, pero no hay nada del otro lado de la avenida, no importa cuanto observe, él no aparece… Nadie aparece. El miedo me inunda cada vez que me encuentro en esta situación; indefensa ante la posibilidad

