Nohelia cerró la puerta del locker tras haber encontrado aquella nota. La dejó caer, incapaz de sostenerla mientras un escalofrío recorría su espalda. Sus ojos se fijaron por un segundo en el papel que había caído al suelo, pero su instinto le gritó que debía salir de ahí. Sin pensarlo dos veces, giró sobre sus talones y salió corriendo del lugar, ignorando las voces de sus compañeros que intentaban detenerla. El recepcionista, un joven llamado Miguel, la llamó con insistencia mientras corría tras ella: —¡Nohelia! ¡Espera! ¿Estás bien? Pero Nohelia no se detuvo. Su corazón latía con fuerza, alimentado por una mezcla de miedo y adrenalina. Atravesó la puerta del restaurante y sintió el golpe del aire frío en sus mejillas. Su mente iba a mil por hora, tratando de procesar lo que había vis

