Las Sombras del Pasado

1798 Palabras
Después de abandonar la oficina de Idan, Roxane se dirigió más temprano de lo usual a su departamento. Aprovechando aquellas horas que le restaban de la tarde, decidió comenzar a estudiar por primera vez el caso. Normalmente debería haber revisado aquel informe antes de tomar la decisión de aceptarlo, pero otra vez había dado riendas sueltas a su ego y hasta cierto punto creyó merecer las consecuencias. Después de esparcir los documentos sobre la mesa, se colocó los lentes y centró su atención en los expedientes. En definitiva sería ese por mucho, el trabajo más complicado con el que habría de lidiar en los próximos años, y eso era para ella una satisfacción. Sabía que si lograba vencer en ese caso de apariencia imposible, ganaría aquello que tanto anhelaba: renombre. Y aunque egoístamente disfrutaba del reto que significaría, no podía evitar quedarse pasmada ante el récord criminal que estaría cargando Idan si perdían el juicio. ¿Cómo había cambiado tanto? ¿Dónde estaba el chico que escribía poemas en las páginas de sus cuadernos? El que sonreía como un ángel y le llenaba la casa de margaritas a su madre, ese niño de mirada avellana... ¿Había muerto? Estaba tan enfrascada en sus pensamientos, en el remordimiento y el sentimiento de culpa que permanecía albergado en su corazón, que ni siquiera fue consciente de la persona que ingresaba a su departamento, hasta que esta palmeó la mesa para hacerla tener un sobresalto. —Estás distraída, D' La Fontaine —reclamó la joven, sentándose en la silla frente a ella —. Podría fácilmente haber sido un agresor. —Teniendo en cuenta mi humor actual, creo que el agresor debería tener miedo de mí —comentó burlona, relajando su endurecida expresión —. ¿Has venido a algo en particular? —Sí. Hoy en la tarde Nadine comentó en la oficina que te toca defender a tu ex —movió las cejas de arriba abajo insinuante —. Así que vine a que me cuentes todo. —No puedo creer que Nadine sea tan floja de lengua —entornó los ojos para resoplar. Sabía que los comentarios corrían rápidamente en el bufete, pero jamás imaginó que tanto. No habían pasado muchas horas desde que salió del encuentro con Idan, así que de camino a casa decidió llamar a su jefa Nadine y explicarle la situación. Al parecer no había ella perdido ni un segundo de su tiempo para volver todo un entramado chisme. —Cuéntame —la incitó su amiga para agarrar su mano y sacudirla de manera insistente. Selene era la más allegada amiga de Roxane, la había conocido en su periodo de estudiante. Ambas asistían a la facultad de Derecho y comenzaron a pasar mucho tiempo juntas. Aunque eran polos totalmente opuestos, habían logrado hacer una maravillosa mezcla, y siete años después incluso trabajaban en el mismo bufete. Selene era de ese tipo de abogadas que se saltaba de lleno tomar algún caso complicado, no porque careciera de intelecto, pues eso le sobraba, sino porque a ella le gustaba estar lejos de cualquier estrés. No aspiraba alcanzar ningún reconocimiento con su trabajo, siendo tan desinteresada y despreocupada que a veces Roxane se preguntaba si realmente tenía alguna ambición en la vida. —Sí, es mi ex —respondió la joven abogada después de segundos en silencio. —Nunca me hablaste de él. —Pasó hace mucho tiempo, es algo que trato de no recordar. —¿Tan malo fue? —Por el contrario, fue demasiado bueno, pero no acabó bien. —Así que después de mucho tiempo se reencuentran nada más y nada menos que como abogada y cliente. La vida es tan irónica a veces. —Me preocupa en especial su caso. —Ya oí que es muy complicado, pero aún no sé por qué. —Entre otras cosas porque tiene un hermoso récord de cinco denuncias graves —explicó Roxane para extenderle uno de los informes. —¡Demonios! —chilló sorprendida ojeando el documento —. ¿Es en serio? Está acusado de asesinato, lavado de dinero, tráfico de drogas, posesión ilegal de armas y secuestro. No es una broma el chico. —Me molesta ver en lo que se ha convertido. —Pero ese no es tu problema, si realmente es parte de tu pasado, su presente no debería preocuparte. —No es así de sencillo —suspiró —. En esa historia yo soy la villana. Fui una grandísima idiota con Idan, era él de ese tipo de personas que desarrollaban fácilmente dependencia emocional, yo lo sabía y aún así lo dejé enamorarse de una manera intensa, lo dejé volverse adicto. —¿Adicto a qué? —A mí, a mi compañía. Cuando debí ayudarlo a ser libre solo lo apresé más —deslizó el dedo por el borde de la taza de café entre sus manos, su mirada se encontraba tan perdida en el contenido de la misma que pareciera que allí, dentro de aquel oscuro café, pudiera ver reflejado el pasado —. Todo eso para al final, irme de su lado sin siquiera despedirme. —Metiste la pata Roxane, te olvidaste de la responsabilidad afectiva. No pretendo consolarte porque realmente te equivocaste. —Lo sé. —Pero el tiempo pasó y existe algo llamado madurar. Él y tú tienen que entender que todos cometemos errores. —¡Sí, Selene! —exclamó exasperada para ponerse de pie en un acto de desesperación —. Sé que tienes razón pero él también la tiene al odiarme. Mi culpa fue romperlo en pedazos y tengo miedo de ver como él mismo los juntó, para crear esto que es ahora. —¿Entonces qué harás? —Aún estoy debatiéndolo. —Abandona este caso, deja que otro se haga cargo. —Nadie más del bufete quiso tomarlo. —Él puede encontrar otra abogada, esa no es justificación. Lo que creo es que tú estás tratando de enmendar tus errores del pasado haciendo esto. —Se lo debo. —Esa no es la manera correcta. Estás haciendo esto solo para consolar tu alma que se siente culpable. Algo así está lejos de ser un acto de bondad, es solo egoísmo. Lo haces por ti no por él, otra vez saldrá herido. Silencio, eso hubo después de las palabras de Selene. Como siempre la castaña tenía los argumentos perfectos, digno de una gran abogada como ella. Roxane sabía que estaba siendo egoísta, siempre lo había sido cuando se trataba de Idan, tanto en el pasado como ahora. Era su ambición la que la llevaba a cometer tales errores una y otra vez. El persistente sonido del teléfono de Roxane inundó el ambiente. Tomándolo en sus manos comprobó que se trataba de un número desconocido para ella. Suponiendo que se trataría de Idan decidió contestar, sin embargo la recibió una voz irreconocible. —Señora D' La Fontaine. —Hola —respondió con tono cauteloso. —Por buenas fuentes sé que será la encargada de la defensa del señor Evigheden. —Así es. —Por su bien y de todo el que la rodea, será mejor que se asegure de que Idan Evigheden se pudra en la cárcel. —Qué grandísima estupidez —respondió en casi una carcajada irónica —. Si alguien como yo se dejase amedrentar por amenazas como esa, definitivamente no habría elegido ser abogada. No pierda su tiempo conmigo, porque cuando alguien decide ponerme trabas, más me motivo a lograr mis objetivos. Sin permitir al contrario ni respirar una vez más, colgó el teléfono para dejarlo caer bruscamente sobre la superficie de la mesa de cristal. —¿Pero qué ha sido eso? —preguntó Selene. —Acaban de amenazarme para que haga a Idan ir a la cárcel. —Deja ese maldito caso. —No, ya lo decidí, continuaré. —Escucha mis palabras, Idan Evigheden será tu perdición. Dos golpes en la puerta interrumpieron la conversación. Roxane arrugó la frente confundida, no esperaba visitas y el portero nunca dejaba pasar a nadie sin antes avisarle, Selene era la única excepción. Haber recibido una amenaza de muerte tan solo pocos segundos antes, hizo que la situación pasara a ser aterradora. No fue la única que lo creyó, pues al mirar los ojos de su amiga y verlos desorbitados por el temor, supo que ella estaba pensando en exactamente lo mismo que ella. Mientras caminaba lentamente hacia la puerta, veía los gestos de la castaña casi implorando que no se atreviera a abrir. —No abras, es un sicario —susurró ella. —¿Por qué un sicario se tomaría la molestia de llamar a la puerta? Armándose de valor se asomó a la mirilla. Soltó una exhalación de alivio para abrir la puerta y dedicarle una mala mirada al visitante. —¿Qué quieres Evigheden? —preguntó entornando los ojos. —Qué cálido recibimiento —ironizó para hacerla a un lado e ingresar al departamento. —No te dije que podías entrar. —Me has dejado entrar incluso entre tus lindas piernas, así que imagino tu casa no es una excepción. Selene carraspeó para hacer notar su presencia. Sabiendo que la conversación entre esos dos posiblemente iría más a lo personal que a lo laboral, decidió escurrirse entre ambos para salir del departamento, cerrando la puerta tras de sí. —¿Qué quieres? —volvió a preguntar Roxane. —Venía a informarte que mañana tendremos nuestra primera reunión como abogada y cliente. Será en mi casa, a las cinco de la tarde. —¿Cuál es la necesidad de venir personalmente? Podías haber mandado un email, tienes mi correo profesional. —Pasaba por aquí —comentó mirando los alrededores —. Lindo apartamento. —Ya vete de una vez. —Será mejor que me escuches, me ha llegado información, el juicio será en tres meses. —¿Por qué lo han aplazado? —Se retrasaron las investigaciones contra mí. Parece que el demandante y principal testigo ha muerto en custodia policial. —¿Murió? —Lo asesinaron —comentó despreocupadamente mientras caminaba por los alrededores mirando el departamento —. Según supe le cortaron la lengua, la policía la encontró clavada sobre la mesa. —¿Según supe? —torció una mueca de incredulidad —. Tuviste algo que ver, ¿cierto? —¿Cómo puedes creer algo así de mí? —dramatizó. —Porque te beneficia a ti. —Tienes un buen punto —se encogió de hombros —. Sí, tuve que ver. —Estás enfermo, Idan —lo contempló pasmada para pasarse las manos por el rostro. —Solo un poquitín —le guiñó un ojo juguetón —. Esto apenas comienza así que prepárate, mi niña de ojos bellos, porque todavía quedan cabezas por rodar si quieres ganar este caso.
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